
Treinta días después del doble terremoto que devastó el norte de Venezuela, la tragedia continúa. La cifra oficial de fallecidos asciende a 5.546 personas, pero organismos internacionales y especialistas consideran que el número definitivo podría ser considerablemente mayor debido a los miles de desaparecidos que permanecen bajo edificios colapsados y a la gran cantidad de cuerpos que todavía no han podido ser identificados.
Por Redacción | Especial de Investigación
Un mes después de que dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieran el norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia, el país continúa enfrentando una de las peores tragedias de su historia moderna. Aunque las operaciones de rescate de sobrevivientes finalizaron hace varias semanas, cientos de equipos de recuperación siguen retirando toneladas de escombros en sectores de La Guaira, Caracas, Caraballeda y otras localidades costeras, donde numerosos edificios colapsaron completamente. La prioridad ya no es encontrar personas con vida, sino recuperar los cuerpos de quienes permanecen sepultados entre las ruinas.
Las autoridades venezolanas informaron que el número oficial de fallecidos llegó a 5.546, mientras que los heridos superan los 16.700. Sin embargo, la cifra continúa aumentando lentamente conforme avanzan las tareas de remoción de escombros y los equipos forenses logran identificar nuevos restos humanos. A diferencia de los primeros días de la emergencia, cuando el número de víctimas crecía por centenares diariamente, ahora el incremento es menor debido a la complejidad de acceder a edificios completamente destruidos y a las condiciones de seguridad necesarias para evitar nuevos derrumbes.
Uno de los aspectos más dramáticos de la tragedia es el enorme número de personas desaparecidas. El Gobierno venezolano dejó de publicar cifras oficiales de desaparecidos pocos días después del terremoto, argumentando que divulgar esos datos podría generar confusión. No obstante, organismos internacionales y plataformas creadas para localizar víctimas manejan estimaciones muy superiores. Naciones Unidas llegó a advertir que hasta 50.000 personas podrían continuar desaparecidas, aunque esa cifra incluye personas incomunicadas, desplazadas y aquellas cuya situación aún no ha podido verificarse. Otros registros ciudadanos sitúan el número de desaparecidos entre 18.000 y más de 40.000 personas, dependiendo de la metodología utilizada.
Especialistas en búsqueda y rescate consideran que, transcurridos treinta días desde el desastre, las probabilidades de encontrar sobrevivientes son prácticamente nulas. En consecuencia, las operaciones actuales se concentran exclusivamente en la recuperación de restos humanos y en brindar respuestas a miles de familias que todavía desconocen el destino de sus seres queridos. Muchos edificios de apartamentos permanecen parcialmente colapsados, lo que obliga a realizar excavaciones extremadamente lentas para evitar nuevos accidentes entre los rescatistas.
Otro drama silencioso es el de los cuerpos sin identificar. Durante las primeras semanas posteriores al terremoto, los servicios forenses quedaron completamente desbordados. La magnitud del desastre provocó que numerosos cadáveres fueran recuperados en avanzado estado de descomposición o con lesiones que dificultaban enormemente su identificación visual. Como consecuencia, decenas de víctimas fueron enterradas provisionalmente en fosas individuales o colectivas en cementerios de La Guaira, utilizando únicamente códigos forenses y muestras de ADN para permitir una futura identificación. Los equipos de medicina legal continúan comparando registros dentales, perfiles genéticos y denuncias de desaparición presentadas por familiares.
Las historias de familias que esperan recuperar a sus seres queridos se repiten por toda la región afectada. En Caraballeda, grupos de voluntarios conocidos como «los topos» han trabajado junto a los equipos oficiales para localizar cuerpos entre edificios completamente destruidos. En algunos casos, los restos fueron encontrados después de más de dos semanas de excavaciones manuales, permitiendo finalmente realizar funerales que muchas familias describen como el primer paso para iniciar el proceso de duelo.
La devastación también ha generado una grave crisis humanitaria. Más de 650.000 personas necesitan asistencia urgente, mientras decenas de miles permanecen desplazadas porque sus viviendas fueron destruidas o declaradas inhabitables. A la falta de agua potable y electricidad se suman problemas sanitarios derivados de la acumulación de residuos, aguas estancadas y altas temperaturas tropicales, factores que favorecen la propagación de enfermedades gastrointestinales y respiratorias. Organismos internacionales mantienen campañas de vacunación, distribución de alimentos y atención médica para evitar una segunda crisis provocada por epidemias.
Desde el punto de vista económico, el impacto también resulta devastador. Un informe del Banco Mundial estima que los daños físicos directos ascienden a 19.600 millones de dólares, aunque el costo total de la reconstrucción podría superar los 50.000 millones, considerando la reconstrucción de infraestructura, viviendas, hospitales, escuelas y redes de servicios públicos. Los terremotos son considerados ya los más destructivos registrados en Venezuela desde el gran sismo de 1812.
Mientras las excavadoras continúan removiendo toneladas de hormigón y acero, miles de familias siguen esperando noticias. Muchas conservan la esperanza de recuperar al menos los restos de sus familiares para ofrecerles una sepultura digna. Sin embargo, especialistas en gestión de desastres advierten que es probable que una parte de las víctimas nunca pueda ser recuperada ni identificada plenamente, debido al colapso total de algunas estructuras, la magnitud de los derrumbes y el avanzado estado de deterioro de muchos restos humanos. Treinta días después de la tragedia, Venezuela continúa viviendo una emergencia que aún está lejos de concluir y cuyo verdadero costo humano probablemente solo podrá conocerse cuando finalicen todas las labores de recuperación e identificación forense.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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