El 11 de septiembre de 2001 provocó una transformación profunda del sistema de seguridad estadounidense. Una de las principales fallas identificadas por la Comisión del 11-S fue que distintas agencias poseían información que no siempre era compartida o conectada a tiempo. La reforma buscó pasar de una cultura de “necesidad de saber” a una de “necesidad de compartir” información.
Uno de los cambios más importantes fue la creación, en 2002, del Department of Homeland Security (DHS), que integró 22 agencias y organismos federales. También se creó posteriormente el cargo de Director of National Intelligence y el National Counterterrorism Center (NCTC) para coordinar mejor la información de inteligencia sobre terrorismo.
El Patriot Act amplió considerablemente las herramientas de investigación y vigilancia del Gobierno federal. La Comisión del 11-S consideró que determinadas disposiciones que facilitaban el intercambio de información entre inteligencia y fuerzas de seguridad eran beneficiosas, aunque también advirtió que el aumento de poderes debía mantenerse acompañado de controles para proteger las libertades civiles.
La seguridad aeroportuaria también cambió radicalmente. La Transportation Security Administration (TSA) pasó a desempeñar un papel central en el control de pasajeros y equipajes, mientras que las políticas de inmigración, control fronterizo y listas de vigilancia fueron reforzadas.
Otro cambio fundamental fue el modelo de Joint Terrorism Task Forces (JTTF) del FBI, que reúne agentes federales, policías estatales y locales y otros organismos. El objetivo es que una amenaza detectada en una ciudad pueda conectarse rápidamente con información disponible en otra parte del país o incluso en el exterior.
¿Cuántos ataques consiguieron evitar?
El FBI afirma que, como consecuencia de las reformas posteriores al 11-S, Estados Unidos no ha sufrido otro ataque de gran escala perpetrado por una organización terrorista extranjera en territorio estadounidense. El propio FBI atribuye ese resultado a una combinación de cambios institucionales, intercambio de inteligencia, cooperación policial, investigaciones y también factores de oportunidad.
Por ejemplo, las autoridades estadounidenses identificaron y desarticularon el complot de Al Qaeda contra el metro de Nueva York en 2009. También fueron frustrados planes relacionados con atentados contra instalaciones militares y personal estadounidense y distintos objetivos civiles. El FBI ha señalado específicamente operaciones en Nueva Jersey, Nueva York, Maryland, Washington, Texas y Virginia.
En una evaluación realizada en 2021, el FBI informó que solamente en los años inmediatamente anteriores había frustrado posibles ataques en Las Vegas, Tampa, Nueva York, Cleveland, Kansas City, Miami, Pittsburgh y otras ciudades.
Además, el entonces director del FBI Christopher Wray explicó que el organismo realiza miles de investigaciones relacionadas con terrorismo cada año y que se producen aproximadamente un centenar de arrestos anuales relacionados con terrorismo internacional y doméstico, aunque esas investigaciones y detenciones no equivalen automáticamente a atentados frustrados. Wray mencionó planes que podrían haber afectado lugares como Fisherman‘s Wharf en San Francisco, un centro comercial de Miami, celebraciones del 4 de julio en Cleveland y el National Mall de Washington.
Algunos de los principales planes frustrados
Entre los casos posteriores al 11-S que muestran cómo funcionó el nuevo sistema y aparecen:
- 2009 – Metro de Nueva York: Al Qaeda planeó atacar el sistema de transporte de Nueva York.
- 2009 – Vuelo hacia Detroit: Umar Farouk Abdulmutallab intentó hacer explotar un avión de Northwest Airlines con explosivos ocultos en su ropa interior.
- 2010 – Times Square: Faisal Shahzad intentó detonar un vehículo cargado con explosivos en Times Square.
- 2010 y años posteriores: se desarticularon diferentes células y planes vinculados con organizaciones yihadistas y extremismo violento doméstico.
- Década de 2010–2020: el FBI informó de numerosos complots contra instalaciones militares, edificios gubernamentales, lugares de culto, eventos públicos y objetivos turísticos.
El NCTC señaló en 2010 que solamente durante el año anterior se habían producido tres intentos de ataques contra territorio estadounidense vinculados con organizaciones radicadas en el extranjero: el complot del metro de Nueva York, el intento contra el avión que se dirigía a Detroit y el atentado frustrado de Times Square.
Y hay un dato más reciente
En 2025, el director del NCTC informó públicamente que la comunidad de inteligencia había ayudado a desbaratar un complot terrorista poco antes de Halloween, relacionado con varios estados y con conexiones con ISIS en Irak y Siria. En esa misma declaración afirmó que aproximadamente 6.000 personas incluidas en una lista de vigilancia terrorista habían sido impedidas de ingresar a Estados Unidos. Esta última cifra, sin embargo, se refiere a personas bloqueadas en la frontera, no a 6.000 atentados frustrados.
Entonces, ¿cuál es la respuesta?
Desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha desarticulado numerosos complots terroristas, pero el Gobierno no publica una cifra única y acumulativa de todos los ataques que fueron evitados. Lo que sí está documentado es que se han frustrado decenas de planes concretos y que, desde el 11-S, no se ha producido en territorio estadounidense otro ataque de gran escala ejecutado por una organización terrorista extranjera comparable a los atentados de 2001.
Y hay una conclusión histórica interesante: la principal transformación posterior al 11-S no fue solamente aumentar la vigilancia, sino construir un sistema destinado a detectar la amenaza antes de que llegara al aeropuerto, al edificio o al lugar público donde pretendía producirse el ataque. La propia investigación del FBI sobre el 11-S movilizó más de la mitad de sus agentes en determinados momentos y generó más de medio millón de pistas investigativas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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