
El Centro Terapéutico Renacer, -especializado en el tratamiento de adicciones- nació de la experiencia acumulada por quienes durante años trabajaron en otras comunidades de rehabilitación. En diálogo con Diario La R, su subdirector, Sebastián Ferrari, operador socio-terapéutico, explica los pilares de un trabajo que prioriza la voluntad, la disciplina y el acompañamiento entre pares. «Nosotros venimos de trabajar en otras comunidades y quisimos largarnos por cuenta propia», explica Ferrari, quien junto a Martín Silva, director del centro y operador socio-terapéutico, decidió dar el paso para crear un espacio propio en abril de 2025. Antes de abrir, transitaron tres meses de habilitaciones ante Bomberos, Intendencia de San José, Ministerio de Salud Pública y Mides, para poder operar dentro de la red estatal.
Hoy, el centro está ubicado en Camino de la Costa, kilómetro 28.500, esquina ruta 45 en las afueras de Ciudad Libertad, San José. La capacidad máxima es de 35 plazas «Optamos por ese límite para poder brindar un buen servicio y la atención que cada uno necesita», afirma Ferrari. La decisión responde a la convicción de evitar que el espacio se convierta en un depósito de personas, como suele ocurrir en contextos masificados donde la rehabilitación se vuelve un ciclo de entradas y salidas sin herramientas reales para mantenerse afuera.

Un modelo basado en voluntad y comunidad
El ingreso al centro es voluntario. «Partimos de la base de que cada persona que pone su pie acá es por voluntad, igualmente si decide irse están en su derecho», subraya Ferrari. El programa tiene una duración mínima de nueve meses, aunque puede extenderse hasta un año, y está dirigido exclusivamente a varones mayores de 18 años. Las adicciones que abordan incluyen alcohol, sustancias y, en algunos casos, ludopatía, una adicción que suele estar invisibilizada. «El adicto se convierte en ludópata para generar un ingreso y sostener el consumo, es un círculo», explica.
Cuentan con tres operadores calificados y certificados, que son Patricio Fernández, primer operador terapéutico especializado en adicciones en Uruguay, Martin Silva, director y operador terapéutico y el propio Sebastián Ferrari. Además de Fabricio Paulette encargado de plantón y quien se encuentra en formación como operador terapéutico. También cuentan con la psicóloga Micaela Scorza, que asiste dos veces por semana. Junto a otros residentes que concluyen el tratamiento y quedan en formación dentro del centro
El tratamiento se organiza en etapas que van desde la desintoxicación, concientización y conocimiento de la enfermedad, y reinserción sociolaboral. Durante todo el proceso, los residentes cumplen tareas diarias en cocina, panadería, limpieza, huerta y jardín, además de recibir atención psicológica. La metodología combina el modelo de comunidades terapéuticas con los doce pasos de Narcóticos Anónimos. Esto incluye la aceptación de un poder superior, entendido según la libre interpretación de cada persona, en un marco laico que promueve el desarrollo espiritual sin imponer dogmas. Ferrari lo sintetiza: «El tratamiento no es religioso, pero te pide creer en algo superior a la droga. Eso llena el vacío que la sustancia dejó».

Modelo Fazenda
El modelo y metodología que utilizan para llevar a cabo los programas está basado en el Modelo Fazenda que es un método de rehabilitación de ingreso voluntario y puertas abiertas nacido en Brasil. El mismo está enfocado en recuperar a jóvenes de las adicciones dándole un nuevo sentido a la vida. Su metodología rechaza ser “simplemente un sistema para dejar de consumir” sino que promueve un cambio cultural integral basado en tres pilares fundamentales: la convivencia, el trabajo y la espiritualidad.
En el caso de la convivencia se fomenta en un ambiente de fraternidad y familia entre los residentes ayudando a sanar heridas emocionales y problemas de carácter mediante el diálogo y el perdón. En el trabajo diario en la huerta, panadería, cuidado de animales y limpieza actúa como herramienta de sanación. Además les enseña responsabilidad y compromiso y les permite descubrir su potencial y la espiritualidad. Aunque el origen de esta metodología está arraigado a la iglesia católica Ferrari destaca que las comunidades están abiertas a cualquier creencia. Su objetivo es llenar el vacío existencial que suele desencadenar el consumo.
Dentro de las fases de este proceso está la adaptación inicial que los primeros meses implican un proceso de desintoxicación. Siempre de la mano y el acompañamiento donde los usuarios reciben seguimiento constante de referentes pares durante las 24 horas del día en un entorno de apoyo libre de juicios y autogestión.
Sentirse útiles y partir de la idea de la sostenibilidad gracias al esfuerzo diario y la producción de los propios residentes fomentando la autosuficiencia. El método trasciende el uso exclusivo de psicofármacos o tratamientos médicos tradicionales apuntando a una transformación completa de mentalidad y los valores del individuo.
En el proceso es muy importante que la familia o referentes participen activamente mediante terapia individual y grupos de apoyo que ellos organizan. Sin embargo, la recuperación depende en mayor medida del interno y su voluntad de recuperación. Se articulan visitas con los familiares en periodos alternos siempre en coordinación con los directivos del centro.

El desafío de la permanencia y la articulación con Mides
Uno de los mayores desafíos es la permanencia durante los nueve meses del tratamiento. «Muchos se van por extrañar a la familia, a los hijos. Pero sabemos que detrás de ese discurso está la enfermedad manipulando», advierte Ferrari. Cuando un residente abandona, el equipo realiza una charla motivacional con el resto de la comunidad para cortar el efecto contagio. «La mayoría de las bajas se van por vínculos afectivos. Hacemos el trabajo de contención, pero a veces no hay caso».
El centro trabaja articuladamente con el Mides, que actualmente cuenta con 20 cupos en el mismo. “En nuestro caso, como cerraron algunos refugios, nos pidieron albergar a tres más», comenta Ferrari. El Estado deriva personas desde hogares asistidos, y también hay residentes que ingresan por vía judicial, como parte de penas alternativas.
La comunidad como familia terapéutica
Uno de los pilares del centro es el vínculo entre pares. «Somos una comunidad. Si alguien tiene una falta grave, termina afectando a todos», dice Ferrari. Pero también son familia. «Somos gente que vivimos en recuperación, que sabemos dónde podemos ir y qué limitaciones tenemos». Los operadores que han pasado por el consumo generan un grado de confianza que no siempre logran quienes no han atravesado la adicción. «Yo sé que cuando alguien me dice ‘te entiendo’, sé que es así, de corazón», afirma.
Este modelo se sostiene en el testimonio y el ejemplo. «Los operadores que han pasado el proceso pueden decirle a un interno de veinte años: por lo que vos pasaste, yo ya pasé. No quieras llegar a todo lo que yo hice», explica Ferrari, quien tiene 47 años y lleva cinco limpio de drogas tras treinta de consumo.
Entre los objetivos futuros, Renacer proyecta crear una «casa de medio camino» para quienes culminan el tratamiento y necesitan apoyo para su reinserción social y laboral. «Queremos seguir creciendo y brindar más herramientas para que cada persona pueda recuperar su vida», concluye Ferrari. El centro también busca sumar un psiquiatra, aunque reconoce la escasez de profesionales en el interior del país.
La psiquiatría como foco de urgencia
Uno de los mayores desafíos que enfrenta el centro, y el sistema de rehabilitación en su conjunto, es la alarmante escasez de psiquiatras en el interior del país. Ferrari lo plantea «hay pocos psiquiatras dentro de lo que es Uruguay, y más acá para los lados de afuera. En San José cuentan con dos, y estamos a una hora de Montevideo». La falta de profesionales capacitados para abordar las patologías duales -aquellas que combinan una adicción con un trastorno de salud mental como esquizofrenia, trastorno borderline o brotes psicóticos- compromete seriamente la capacidad de respuesta de los centros terapéuticos.
Ferrari explica que, cuando un residente llega descompensado y requiere medicación, el centro no puede proporcionar sin la indicación de un psiquiatra. Ni siquiera el psicólogo puede recetar. «Los residentes acá que precisan psiquiatra, si vienen privados, se coordina con la familia y su mutualista. Pero para aquellos que vienen por hogares asistidos, que están en salud pública, la espera mínima es de tres meses», advierte. Ese tiempo de espera, en un proceso de rehabilitación donde cada día cuenta, puede ser determinante.
Un residente que no recibe la contención farmacológica adecuada puede experimentar brotes, agresividad o pensamientos de autoeliminación que escapan a las manos de los operadores terapéuticos, por más capacitados que estén. «Ahí se te va de las manos. Lo que es la institución, comprometo mi profesionalismo, el de mis compañeros y la seguridad de los internos», afirma Ferrari.
La falta de psiquiatras no solo afecta a los residentes, sino que también sobrecarga a los operadores, que deben contener situaciones límite sin las herramientas médicas necesarias. Las mutualistas, ante el déficit, han recurrido a médicos de medicina general con apoyo de psicólogos para realizar repeticiones de medicación, pero eso no es suficiente cuando se trata de patologías complejas.
La ausencia de psiquiatras en el interior no es un problema nuevo, pero su impacto se agrava en contextos como el de Renacer, donde la recuperación integral exige un abordaje interdisciplinario que, sin ese eslabón, queda incompleto. La psiquiatría es una herramienta indispensable para estabilizar al paciente, permitir que el trabajo terapéutico avance y salvar vidas.
Para consultas se puede contactar a los directivos del centro: Martín Silva al número 096865804 o Sebastián Ferrari al número 097791326. ¡Contra las drogas gana!
Inés María Alfonso Rodriguez
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/centro-terapeutico-renacer-comunidad-fe-y-esperanza-en-la-lucha-contra-adicciones-id199229/
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