
Colombia contiene el aliento, llegamos al final de una tortuosa y enojosa época, la de las elecciones presidenciales, donde los candidatos, haciendo alarde de toda suerte de maniobras y métodos, pretenden seducir a los electores, algunos con propuestas, los otros con mentiras, ultrajes, amenazas, señalamientos, perfilamientos acusaciones mutuas, muchas, vergonzosamente, sin sustento, otras, preocupantemente, con sobrados argumentos.
Este domingo 21 a las 4 de la tarde se cerrarán las urnas, para ese momento la ciudadanía habrá decidido nuestro destino al menos por los siguientes 4 años.
Hay dos contrincantes, un filósofo de hablar tranquilo y sosegado, meticuloso en el uso del lenguaje, preciso, argumentativo y propositivo, con decenas de propuestas que buscan profundizar el proceso de ajuste que comenzó el actual gobierno en busca de un rol más redistributivo del estado, abogando por la justicia social, la lucha contra la corrupción y el control de los habituales abusos de los poderosos y los burócratas en contra de la población de a pie, su nombre es IVAN CEPEDA CASTRO, con sus esforzadas y elocuentes palabras, cuidadosamente redactadas, puso énfasis en las propuestas antes que en los ataques personales, hijo de dos importantes líderes de la izquierda, su padre pagó su cuota de sangre por su lucha sin cuartel contra la injusticia y la inequidad, habiendo sido ajusticiado por agentes del estado en sociedad espuria con paramilitares en una calle de Bogotá el 9 de Agosto de 1994, hace ya 32 años, en una época aciaga en la que Colombia se llenó de sangre y de dolor en el marco de lo que después se vino a conocer como el Genocidio de la Unión Patriótica.
En ese criminal evento fueron asesinadas más de 6 mil miembros de ese movimiento de izquierda, habiendo sido acusados, entonces como ahora, de pertenecer a la guerrilla. Las balas de los sicarios no tuvieron piedad ni de hombres, mujeres, ancianos ni jóvenes. Manuel Cepeda fue asesinado a los 64 años, justamente la edad que está próximo a cumplir Iván. El luctuoso y sanguinario evento ha quedado grabado a plomo en la memoria de este país y fue categorizado por organismos internacionales como un crimen de lesa humanidad, del cual aún no hay claridad respecto de los que fueron sus inductores y autores intelectuales, pero, como solemos decir en este país, no tenemos dudas, tampoco pruebas de quienes fueron.
Del otro lado se presenta un abogado de turbulentos nexos, para quien un importante grupo de demócratas congresistas de los EEUU han solicitado investigaciones acerca del origen de su inmensa y rápida fortuna, amén de varias investigaciones que se anuncian o están en curso y que lo involucran directa o indirectamente. El señor Abelardo de la Espriella, ciudadano americano , italiano y colombiano, que juró defender a ultranza los intereses de la gran nación del norte, por encima de cualquier otro compromiso “patriótico”, ha hecho del “patriotismo” el tema recurrente de su narrativa, sus propuestas pasan simplemente por el desmonte sin la menor consideración ni escrúpulo de toda la implementación y avance social que se haya podido lograr en los últimos cuatro años, una apuesta por la privatización de todo lo público, la reducción del estado, el despido masivo de funcionarios, la afectación del salario mínimo vital, la estabilidad laboral, los derechos de las mayorías, incluidos el derecho de protesta, el derecho a la libre opinión, asociación y otros tantos derechos incómodos para la clase emergente que representa y defiende.
Ha prometido “destripar” a la oposición a su gobierno, de llegar al poder, construir mega cárceles para los opositores a quienes tilda de plaga y de delincuentes, echar para atrás los acuerdos esforzadamente gestionados durante el gobierno de Juna Manuel Santos con las FARC, reactivar la guerra, muy en consonancia con los dictados del señor Donald Trump y de su socio hondureño, el narcotraficante expresidente Hernández, quien fue sorprendido en unas grabaciones hablando de que era necesario masacrar y matar a los opositores para imponerles un estilo de gobierno autoritario que defendiera y priorizara los interesas de los EEUU.
Los candidatos, como se puede ver, se encuentran en los dos polos opuestos desde el punto de vista ideológico, pero también en cuanto a los gastos de campaña: Mientras la campaña de Iván Cepeda ha sido bastante austera, la del señor de la Espriella ha invertido mas de diez millones de dólares en propaganda, movilización de “voluntarios” muy bien pagos y, por lo que parece ser en este momento mucho más que una sospecha: Compra de votos y de jurados.
En fin, una vez más el pueblo colombiano decidirá en su sabiduría y soberanía, pese a las claras intenciones de afectar las elecciones por parte de gobiernos extranjeros como el de la vecina Ecuador, Bolivia y los propios EEUU.
Sólo nos resta esperar que los dioses se apiaden de este país que acumula en su historia de aparente democracia, muchas más muertes que regímenes totalitarios como aquellos que se dieron hace décadas en el sufrido cono sur de nuestra patria grande o durante la época de Franco en la madre patria.
Deséennos suerte, deséennos paz, deséennos vida, presencia de ánimo, espíritu de lucha para defender nuestra democracia y los logros de esta sociedad, deséennos templanza y sabiduría, fortaleza y valentía para seguir luchado por un proyecto viable de país. Que la decisión de este domingo no termine por hacer imposible la vida de nuestros hijos, de nuestros nietos, destruir nuestro ambiente, contaminar nuestras aguas profundas, deforestar nuestras selvas, secar nuestros ríos, extinguir nuestros páramos y convertirnos en un desierto, un camposanto y un campo de abrojos.
Colombia se va y se va, pero volveremos, indiferentemente de lo que nos depare la democracia, aquí estaremos al pie del cañón, opinando, denunciando, revelando, investigando, dando testimonio de vida y de lucha, alimentando la esperanza de un futuro mejor, aún en medio de la hecatombe.
CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

