
Dirección, edición y coordinación de equipos internacionales: Loredana Claudia Valean Carpa.
La economía de la guerra: ganancias astronómicas de las cinco mayores empresas de armamento global (2020-2026)
Preámbulo: el lucrativo negocio del conflicto
Un ascenso sin parangón de enfrentamientos armados ha marcado el mundo desde 2020 hasta mediados de 2026. La incursión rusa en Ucrania, iniciada en febrero de 2022, la contraofensiva israelí en Gaza a partir de octubre de 2023 y las crecientes fricciones en el Pacífico, han forjado un escenario geopolítico. Este escenario, mas que ser únicamente una crisis humanitaria, ha sido, y sigue siendo, un negocio asombrosamente rentable para un selecto grupo de corporaciones. Datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) revelan que las ventas mundiales de armas, sumando las cien principales corporaciones fabricantes, alcanzaron la cifra de 679 mil millones de dólares en 2024. Esto supone un aumento del 5,9 por ciento en comparación con el año anterior, y casi un 28 por ciento mas si se compara con el año 2020. Tal crecimiento no es casualidad; esto obedece a una lógica económica retorcida donde la aniquilación engendra procura, y la procura genera rédito.
En este artículo examinamos las ganancias económicas obtenidas por las cinco empresas armamentistas mas grandes a nivel global. Notablemente todas son de los Estados Unidos, estas mismas empresas acaparan casi la mitad de las ventas totales de armamento en el mundo. Se exploran las conexiones directas con las guerras creadas o mantenidas desde 2020, los beneficios que obtiene de la venta de armas y su tecnología militar, y se plantea la interrogante esencial: hasta dónde llegan los conflictos bélicos para alimentar esta máquina de lucro?
Figura 1. Evolución de las ventas globales de armas (Top 100 SIPRI, 2020-2024). Fuente: SIPRI, 2025

1. Lockheed Martin Estados Unidos.
Lockheed Martin resulta ser, sin duda alguna, la compañía armamentista más grande del mundo. Establecida en Bethesda, Maryland, su actividad principal abarca la producción de cazas de combate (F-35, F-22), proyectiles balísticos y de crucero (Trident II, JASSM), dispositivos de protección aérea (THAAD, Patriot) y equipamiento espacial militar. En 2024, la empresa registró ingresos por exportación de armas de 64 mil 650 millones de dólares de acuerdo con el SIPRI, colocándola como la primera en la industria con una participación cercana al 10% mundial. Durante el período de 2020 a 2024, sumó 313 mil millones de dólares en acuerdos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, una cantidad mayor al PIB de naciones enteras como Portugal o Nueva Zelanda.
Su relación con las disputas recientes es clara y medible. El F-35, su producto estrella, ese avión de combate tan usado por las fuerzas aliadas, realizaba misiones de interdicción y reconocimiento sobre Ucrania; su producción creció mucho tras la invasión rusa. Israel, que usa intensivamente sus sistemas de cohetería y misiles en Gaza y Líbano, es un cliente importante para Lockheed Martin. Los inversores muestran su confianza en la continuidad de los pedidos, el valor de las acciones de Lockheed Martin se disparó un 37% desde que empezó la guerra de Ucrania según Al Jazeera en marzo de 2026. Se calcula que su beneficio neto en 2024 será de 7.000 millones de dólares, con un margen de beneficio del 10,8% sobre sus ventas de defensa.
2. RTX Corporation – ex Raytheon (Estados Unidos).
RTX Corporation, antes Raytheon Technologies después de fusionarse con United Technologies en 2023, tiene su sede en Waltham, Massachusetts. En su oferta, que incluye misiles como el Tomahawk, AIM-120 AMRAAM, y Javelin, también encontramos radares militares, los APG-83 y Sentinel, aparte de sistemas de guerra electrónica y la propulsión aeroespacial militar a través de Pratt and Whitney. Con 43.600 millones de dólares en ingresos bélicos para 2024, RTX se coloca en la segunda posición global. Sumando sus contratos con el Pentágono entre 2020 y 2024, se llega a la impresionante cifra de 145.000 millones de dólares. RTX pareciera la compañía más emblemática ligada a la guerra en Ucrania. El misil Javelin, desarrollado con Lockheed Martin, devino el arma antitanque principal surtida a las fuerzas ucranianas, con miles unidades empleadas. El sistema Patriot, igualmente de RTX, se mostró crucial en la defensa antiaérea de Israel durante conflictos recientes. La firma anotó el mayor aumento bursátil del sector: un impresionante 110% desde 2022, conforme reportó Al Jazeera. Su ganancia neta proyectada para 2024 rondó los 5.200 millones de dólares, con un margen del 11,9%, ocupando la segunda posición entre las cinco grandes. El portafolio de pedidos pendientes (backlog) de RTX rebasa los 80.000 millones de dólares, asegurando años de producción y rentabilidad continua.
Figura 2. Ingresos por ventas de armas de las cinco mayores compañías (2024). Fuente: SIPRI Top 100, 2024

3. Northrop Grumman (Estados Unidos).
Radicada en Falls Church, Virginia, Northrop Grumman se distingue por sistemas de bombardeo estratégico (B-21 Raider), tecnología sigilosa, vehículos militares no tripulados (Global Hawk, Triton), misiles intercontinentales (Sentinel/LGM-35A) y sistemas de defensa antimisiles. Sus ingresos bélicos en 2024 sumaron 36.800 millones de dólares, y sus contratos totales del Pentágono entre 2020 y 2024 suman cerca de 108.000 millones de dólares. La empresa logró una ganancia neta estimada de 4.800 millones de dólares en 2024, poseyendo el margen de ganancia más elevado del quinteto: 13,0%. Northrop Grumman ha desempeñado un papel esencial en la modernización del arsenal nuclear estadounidense, así como en el suministro de vehículos no tripulados para reconocimiento y ataque, utilizados tanto en Ucrania como en el contexto del conflicto de Gaza. El valor de sus acciones ha registrado un aumento del 60 % desde 2022.
La necesidad de sistemas de vigilancia y guerra electrónica sigue siendo especialmente urgente, ya que los conflictos actuales dependen en gran medida del control del espectro electromagnético y de la información en tiempo real. La renovación de la fuerza nuclear estratégica de Estados Unidos, con el proyecto Sentinel valorado en decenas de miles de millones de dólares, garantiza a la compañía un flujo constante de ingresos durante las próximas dos décadas.
4. Boeing Defense, Space and Security — Estados Unidos
La división de defensa de Boeing, con sede en Arlington, Virginia, produce aeronaves militares (F‑15EX, F/A‑18, P‑8 Poseidón), helicópteros de ataque (AH‑64 Apache), aviones cisterna estratégicos (KC‑46) y satélites militares. Aunque la empresa se ha enfrentado a problemas en su división comercial debido a la suspensión de vuelos del 737 MAX, su división de defensa generó 34,2 mil millones de dólares en 2024. Los contratos acumulados con el Pentágono entre 2020 y 2024 totalizaron 115 mil millones de dólares, y Boeing Defense registró un beneficio neto estimado en 3 mil millones de dólares, allá por 2024, espera unos 100 millones; eso sí, con el margen más apretado del clan, apenas un 9,1%, todo debido a esos gastos extra en programas como el KC-46
El teatro de operaciones de Ucrania, junto con el refuerzo militar en el Pacífico para los aliados yanqui, han visto de cerca el vuelo de las máquinas de Boeing. ¿Y qué me dices de la rearmamentación europea? La compañía ha sacado partido indirecto, claro, mira Polonia, Finlandia y Alemania, todos comprando a lo grande aviones de guerra y helicópteros para uso militar. El lío de Ucrania, que conste, trajo consigo una demanda más alta de esos P-8 Poseidón, los aviones de vigilia marítima que patrullan el Mar Negro y el Báltico. Se benefician mucho ambas divisiones, la comercial y la defensiva, lo que les permite repartir los costes de inventar y desarrollar, un punto a su favor grandote frente a otros más enfocados en una sola cosa.
Figura 3. Beneficios netos y márgenes de beneficio de las cinco mayores compañías armamentísticas (2024, estimaciones). Fuente: elaboración propia con datos de SIPRI, Al Jazeera e informes anuales.

General Dynamics,
Desde sus cuarteles generales en Reston, Virginia, eso que dicen que es un conglomerado, pues su pata de sistemas bélicos anda metida en tanques que se las trae (Abrams M1, Stryker), en submarinos nucleares (los de la clase Virginia, la Columbia), en sistemas de comunicación militar (eso de GDELS) y hasta en informática para que los defensas estén al día. Para 2024, se les auguran unos 31.500 millones de dólares en ventas bélicas, y es que sus tratos con el Pentágono, entre 2020 y 2024, sumaron unos buenísimos 116.000 millones. Y su ganancia neta, si no me falla la memoria, para ese año 2024, se calculó en unos escasos 3. 900 millones de dólares, un margen de 12,4%.
General Dynamics un proveedor fundamental de los tanques Abrams tan como vehículos Stryker hacia Ucrania ha enviado, y su negocio de submarinos nucleares se impulsa ahora más por el aumento la tensión geopolítica el Pacífico y la necesaria renovación la flota submarina de Estados Unidos. Las acciones la compañía estas aumentaron un considerable 57% desde 2022. Su brazo de tecnología información militar, cual ofrece ciberseguridad sistemas y comunicaciones encriptadas, se ha visto un crecimiento continuo y firme de la mano la digitalización campo de batalla. La demanda existente para los submarinos de la clase Columbia, estos substituirán los Ohio cual pilar la disuasión nuclear seré, asegura ahora un programa de producción prolongado hasta la década de 2040.
Figura 4. Contratos acumulados del Departamento de Defensa de EE.UU. con las cinco mayores compañías (2020-2024). Fuente: Quincy Institute for Responsible Statecraft, 2025.

El complejo militar industrial: señales inequívocas de captura institucional
La masiva concentración 771 mil millones dólares en contratos del Pentágono apenas cinco empresas entre 2020 y 2024 deja clara una estructura mercado oligopólica cuyas barreras entrada resultan altísimas. Este oligopolio no vive un mercado libre cualquier: su existencia entera depende decisiones políticas fundamentales sobre guerra y paz las cuales, y esto es crucial, están influenciadas por las propias compañías a través de su activo lobby. Según lo detallado en el informe del Quincy Institute (julio de 2025), esas cinco empresas invirtieron sobre 30 millones de dólares cada año en labores de cabildeo en Washington. Elles financiaron campañas electorales y cultivaron una conexión fluida entre altos funcionarios del Pentágono y roles ejecutivos corporativos.
La asistencia militar estadounidense a Ucrania (superando los 65,000 millones de dólares desde 2022) y a Israel (con más de 27,000 millones desde octubre de 2023) opera como un canal para dirigir fondos públicos hacia el sector de las empresas bélicas. Esto no es meramente donar recursos; el Congreso autoriza dinero que se destina a estas compañías, permitiéndoles reabastecer inventarios y crear nuevo armamento. Este patrón engendra una motivación intrínseca para que los conflictos se prolonguen. Cada cohete disparado en Gaza o en el Donbás representa la necesidad de sustitución, impulsando una nueva orden para compañías como Lockheed Martin, RTX o Northrop Grumman. La conclusión es bastante clara: la tranquilidad perjudica las finanzas, y una confrontación que se extiende es el escenario ideal.
Figura 5. Distribución de la ayuda militar estadounidense a Ucrania e Israel. Fuente: Department of Defense, Council on Foreign Relations.

No obstante, sería una visión incompleta culpar exclusivamente a las corporaciones. Conflictos surgen de complicadas razones geopolíticas, más allá de la mera influencia del lobby armamentista. Las aspiraciones territoriales rusas, la volátil situación israelí-palestina y la tensión entre China y Estados Unidos, son ejemplos claros. Sin embargo, una ves que estallan, ciertos engranajes institucionales y económicos vuelven estos conflictos más duraderos de lo que deberían, poniendo trabas a la diplomacia. Las empresas, si bien no inician las guerras, sí forjan un entorno donde su cese resulta harto complicado tras su inicio. Al final, es un selecto grupo de inversionistas, ejecutivos y fondos quien se beneficia, hallando en la destrucción un rédito financiero, constante y a largo plazo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
FRANCISCO JAVIER MARíN MAURI
Me lincencié en psicología por la Universidad de Sevilla. estudios de virología por la Universidad jhons Hopkins y estudios de virus respiratorios emergentes por la O.M.S. Doctorado en neuropsicología por la Universidad de Sevilla. Especialista en Violencia sobre la mujer y en mediación de conflictos sociales.
Llevo desde 1987 ejerciendo la psicología y cada vez pienso más que muchas personas se van de este mundo sin quitarla el sello de fábrica de sus cerebros. Anduve durante casi dos años por varios países africanos para poder realizar mi tesis doctoral sobre el VIH. Ahí aprendes que el poder de la ciencia consiste en tener la suficiente humildad para ejercitar el sentido común que es, por cierto, el menos común de los sentidos.

