
Una ciudad prehispánica enterrada bajo la capital y el origen de las historias
Kaminaljuyú, uno de los asentamientos prehispánicos más importantes de Mesoamérica, permanece oculto bajo gran parte de la actual Ciudad de Guatemala. Lo que hoy son colonias, avenidas, oficinas y viviendas en las zonas 7 y 11 formó parte de una extensa ciudad maya que dominó el Valle de la Ermita durante siglos. Su nombre ha sido traducido tradicionalmente como “cerro de los muertos” o “colina de los muertos”, una denominación asociada a la gran cantidad de entierros encontrados durante las primeras excavaciones arqueológicas del siglo XX.
La expansión urbana terminó cubriendo la mayoría de sus montículos. Muchos desaparecieron bajo proyectos habitacionales, calles y edificios. Otros quedaron reducidos a pequeños espacios arqueológicos aislados dentro de una ciudad que creció sobre antiguas plataformas ceremoniales y zonas funerarias.
En ese contexto histórico surgieron durante décadas numerosos relatos sobre fenómenos extraños en sectores construidos sobre el antiguo asentamiento. Uno de los casos más comentados recientemente ocurrió en una vivienda de la colonia Kaminaljuyú, en la zona 7 capitalina, utilizada durante un tiempo como oficinas administrativas. Trabajadores del lugar aseguraban que evitaban permanecer solos dentro de la residencia debido a experiencias que describían como inexplicables.
El caso tomó notoriedad luego de que integrantes del proyecto audiovisual Guatespantos visitaran el inmueble para realizar una investigación nocturna. Según relataron posteriormente, en el interior de la vivienda se registraron situaciones que, hasta hoy, no encontraron explicación clara. La historia volvió a colocar sobre la mesa una mezcla frecuente en Guatemala: la convivencia entre el pasado arqueológico, las leyendas urbanas y la interpretación paranormal de ciertos espacios.
Kaminaljuyú no es un sitio cualquiera dentro de la historia guatemalteca. Arqueólogos e historiadores coinciden en que fue uno de los centros urbanos más relevantes del área maya durante el período preclásico. Las investigaciones sostienen que el asentamiento llegó a ocupar varios kilómetros del Valle de la Ermita y que estaba compuesto por más de 200 montículos, plazas, estructuras ceremoniales y sistemas hidráulicos.
El sitio fue identificado formalmente en las primeras décadas del siglo XX. Excavaciones realizadas por investigadores guatemaltecos y extranjeros encontraron restos humanos, cerámica, esculturas, jade y estructuras funerarias. Precisamente por la abundancia de entierros hallados en la zona, el historiador Antonio Villacorta popularizó el nombre Kaminaljuyú.
Con el paso del tiempo, gran parte del complejo desapareció debido a la urbanización acelerada de la capital. Documentos históricos y publicaciones especializadas señalan que muchos montículos fueron destruidos por maquinaria pesada durante la expansión residencial ocurrida principalmente entre las décadas de 1950 y 1970. Actualmente solo una pequeña parte del antiguo sitio permanece protegida como parque arqueológico.
Sin embargo, la memoria del lugar continúa presente entre vecinos y trabajadores de distintas colonias levantadas sobre el antiguo asentamiento. En algunas áreas persisten relatos sobre sonidos extraños, cambios repentinos de temperatura y supuestas apariciones. Aunque no existe evidencia científica que vincule estos fenómenos con el pasado arqueológico, la narrativa popular ha mantenido viva la asociación entre Kaminaljuyú y lo sobrenatural.
La investigación en la casa de la colonia Kaminaljuyú
La vivienda que llamó la atención de Guatespantos estaba ubicada en la colonia Kaminaljuyú, en la zona 7. De acuerdo con los testimonios divulgados por el equipo, el inmueble había sido utilizado como oficinas, pero los empleados evitaban permanecer allí durante las noches o en horarios de poca actividad.
Quienes trabajaban en el lugar hablaban de puertas que se abrían solas, sensaciones de incomodidad constante y ambientes particularmente oscuros dentro de ciertas habitaciones. Algunos aseguraban escuchar ruidos en áreas donde no había personas.
Cuando el equipo llegó para documentar el caso, encontró una casa sin suministro eléctrico. Esa condición aumentaba la sensación de aislamiento dentro del inmueble. Según contaron posteriormente, intentaron buscar explicaciones racionales a los sucesos que comenzaron a ocurrir durante la investigación.
Uno de los episodios más comentados ocurrió cuando una puerta aparentemente se abrió sin intervención de nadie. Los investigadores revisaron si existía alguna corriente de aire o un desnivel que pudiera justificar el movimiento, pero afirmaron no haber encontrado una causa evidente.
También aseguraron haber escuchado cómo el picaporte se movía solo mientras permanecían dentro de la vivienda. Las grabaciones captadas durante la exploración mostraron momentos de tensión entre los integrantes del equipo, especialmente debido a la oscuridad del lugar.
Soto, integrante de Guatespantos, relató que la sensación dentro de la casa era distinta a la que existía en el exterior. Aunque en la calle había iluminación, aseguró que dentro del inmueble predominaba una oscuridad profunda. Según su testimonio, incluso en espacios abiertos de la vivienda era difícil distinguir las manos frente al rostro.
Durante el recorrido, varios integrantes dijeron haber percibido cambios bruscos de temperatura y olores intensos en habitaciones específicas. Una de las participantes aseguró sentir que alguien la tocó cuando no había ninguna persona cerca.
El momento que más llamó la atención del grupo ocurrió después de revisar las grabaciones. Según explicaron, en uno de los videos se observaba una sombra moviéndose rápidamente en dirección a Soto. Para ellos, aquello reforzaba la idea de que dentro de la casa existía una presencia extraña.
No obstante, especialistas en percepción visual y análisis audiovisual suelen advertir que este tipo de registros pueden estar condicionados por múltiples factores: baja iluminación, sombras proyectadas, defectos de cámara, sugestión psicológica y expectativas previas de quienes participan en investigaciones paranormales.
Hasta ahora no existe un estudio técnico independiente que confirme la autenticidad de los fenómenos descritos en esa vivienda. Tampoco hay registros oficiales de incidentes fuera de los testimonios del grupo y de personas que trabajaron en el inmueble.
Aun así, el caso tuvo amplia difusión en redes sociales y plataformas de video. Muchos usuarios vincularon inmediatamente la historia con el pasado funerario de Kaminaljuyú y con la idea de que gran parte de la capital guatemalteca fue construida sobre antiguos espacios ceremoniales y enterramientos.
El fenómeno no es exclusivo de Guatemala. En distintas ciudades de América Latina construidas sobre antiguos asentamientos indígenas o coloniales, suelen aparecer relatos que mezclan arqueología, memoria histórica y creencias sobrenaturales. En varios casos, las historias se fortalecen precisamente por la existencia comprobada de antiguos cementerios o estructuras funerarias bajo zonas urbanas modernas.
En el caso de Kaminaljuyú, el componente histórico resulta especialmente fuerte debido a la enorme cantidad de restos arqueológicos encontrados durante décadas. Las excavaciones realizadas desde los años veinte revelaron entierros humanos, tumbas ceremoniales y ofrendas asociadas a diferentes períodos de ocupación maya.
Investigadores han documentado que muchas de esas áreas quedaron sepultadas o destruidas por el desarrollo urbano. En algunos sectores, antiguos montículos fueron nivelados para construir viviendas y calles. Ese proceso alimentó durante años la percepción popular de que la ciudad moderna se levantó literalmente sobre antiguos cementerios.
El peso histórico y cultural de Kaminaljuyú en la Guatemala actual
Más allá de los relatos paranormales, Kaminaljuyú representa uno de los sitios arqueológicos más importantes para entender el desarrollo temprano de la civilización maya en el altiplano guatemalteco.
Los estudios arqueológicos indican que la ciudad tuvo ocupación desde aproximadamente el 1200 antes de Cristo hasta períodos posteriores al año 900 de nuestra era. Durante siglos funcionó como un centro político, económico y comercial clave dentro de la región.
Su ubicación estratégica en el Valle de la Ermita le permitió controlar rutas de intercambio vinculadas con jade, obsidiana, cerámica y otros productos de alto valor en Mesoamérica. Algunos investigadores sostienen que Kaminaljuyú mantuvo conexiones con Teotihuacán y otras grandes ciudades del período clásico.
A diferencia de otros centros mayas construidos principalmente con piedra caliza, muchas estructuras de Kaminaljuyú fueron elaboradas con adobe endurecido y materiales volcánicos. Esa característica influyó en el deterioro acelerado de gran parte de las edificaciones, especialmente después del crecimiento urbano de la capital.
Las primeras descripciones modernas del sitio aparecieron a finales del siglo XIX. Posteriormente comenzaron excavaciones sistemáticas que revelaron la magnitud del antiguo asentamiento. En aquel momento todavía existían decenas de montículos visibles distribuidos por amplias áreas de la ciudad.
Fotografías históricas muestran plataformas y estructuras que hoy ya no existen. Varias desaparecieron durante proyectos habitacionales impulsados a mediados del siglo pasado. Publicaciones históricas de Guatemala documentan cómo maquinaria pesada destruyó parte de los montículos mientras se desarrollaban nuevas colonias.
Especialistas y defensores del patrimonio han señalado durante años que Kaminaljuyú sufrió una pérdida arqueológica irreversible. Aunque algunas áreas fueron protegidas, gran parte del sitio quedó fragmentado bajo zonas urbanas densamente pobladas.
Actualmente, el Parque Arqueológico Kaminaljuyú conserva una pequeña parte del antiguo complejo ceremonial. Allí todavía pueden observarse montículos, plazas y estructuras restauradas que permiten dimensionar parcialmente la magnitud original del asentamiento.
El sitio también conserva un importante valor simbólico dentro de la identidad histórica de Guatemala. Para arqueólogos e historiadores, Kaminaljuyú demuestra que el Valle de la Ermita ya era un centro urbano y político de relevancia muchos siglos antes de la fundación de la capital moderna.
Sin embargo, fuera del ámbito académico, el nombre del lugar continúa ligado a leyendas y relatos sobrenaturales. La idea de una ciudad edificada sobre antiguas tumbas sigue alimentando historias transmitidas entre vecinos, trabajadores y visitantes.
Psicólogos y antropólogos explican que este tipo de narrativas suelen aparecer en espacios donde existe una fuerte carga histórica o simbólica. Lugares asociados con entierros, ruinas antiguas o episodios trágicos tienden a convertirse en escenarios propicios para relatos de apariciones y fenómenos inexplicables.
En Guatemala, donde las tradiciones orales mantienen un peso importante dentro de muchas comunidades, esas historias forman parte de la cultura popular urbana. Casos como el de la vivienda investigada por Guatespantos se insertan precisamente en esa tradición contemporánea.
Aunque las experiencias narradas por los investigadores no pueden verificarse científicamente, el interés público alrededor del caso refleja cómo Kaminaljuyú continúa generando fascinación décadas después de que gran parte de sus estructuras desaparecieran bajo la ciudad.
La relación entre el pasado prehispánico y las historias paranormales probablemente seguirá presente mientras existan zonas construidas sobre el antiguo asentamiento. En una capital marcada por el crecimiento urbano acelerado y por la pérdida de patrimonio arqueológico, Kaminaljuyú permanece como un recordatorio visible —y en algunos casos invisible— de todo lo que permanece enterrado bajo la Ciudad de Guatemala.
Las investigaciones arqueológicas continúan ofreciendo nuevos datos sobre la dimensión real del antiguo centro ceremonial. Cada hallazgo confirma que bajo colonias, avenidas y edificios aún existen vestigios de una ciudad que durante siglos dominó el altiplano central guatemalteco.
Mientras tanto, historias como la de la casa de la zona 7 siguen circulando entre redes sociales, canales de video y conversaciones vecinales. Para algunos son simples relatos influenciados por la sugestión y el ambiente del lugar. Para otros, forman parte de una conexión todavía inexplicable entre el pasado funerario de Kaminaljuyú y ciertos fenómenos reportados en áreas construidas sobre el antiguo “cerro de los muertos”.
*Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: [email protected]
ACERCA DEL CORRESPONSAL
JOSé MANUEL GARCíA BAUTISTA
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