
Entonemos un himno a tu cielo
a tu tierra y tu puro vivir
¡Blanca estrella que alumbra en los Andes!
¡Ancha senda que va al porvenir! (bis)
Tres guerreros abrieron tus ojos
a una espada, a una cruz, y a un pendón
desde entonces no hay miedo en tus lindes
ni codicia en tu gran corazón. (bis)
Bogotá, la ciudad capital del país de la belleza, se encuentra situada en la dilatada Sabana de Bogotá, en la cordillera oriental andina, a una altura promedio de 2650 metros sobre el nivel del mar, o como bien lo solemos decir, más cerca del sol, la luna y las estrellas, extendiéndose en un área total de 1775 km2 de la cual tiene urbanizada más de 320 km2. En esos 1775 km 2 se incluye el páramo de Sumapaz, el más grande del mundo, reserva natural y verdadera fábrica de agua situada en promedio a 3900 metros sobre el nivel del mar en el corazón de Colombia
La población en su zona urbana podría alcanzar la cifra de 8 millones de habitantes; si se considera toda el área metropolitana o sea Bogotá y región aledaña este número podría llegar a los 12 millones de ciudadanos, es sin duda la ciudad más poblada de Colombia, la ciudad nevera, no sólo por su temperatura promedio de 13 grados, sino por ser considerada la ciudad por excelencia de las oportunidades para todos los ciudadanos de este país, refugio preferido de todo migrante interno tanto por razones económicas , como por razones de seguridad frente a la violencia e inseguridad de otras regiones.
La Sabana de Bogotá era, a la llegada de los españoles, una comarca húmeda, surcada por más de 200 cuerpos de agua que incluyen quebradas, ríos, canales y humedales que, hasta la década de los sesenta cubrían cerca de 50 mil hectáreas, pero que, tristemente, en su mayoría (98%) han desparecido víctimas de la intensa urbanización.
La ciudad es atravesada por el rio Bogotá, uno de los ríos más contaminados del mundo, tristemente, que recoge las aguas procedentes de sus afluentes tales como el Tunjuelo, el Fucha y el Juan Amarillo y las lleva al rio Magdalena en el cual desemboca.
Asentamiento de los Muiscas, de la familia Chibcha, para 1538 había cerca de medio millón de habitantes diseminados en un área de aproximadamente 25 mil km2 que comprendían las tierras altas y las faldas templadas entre el macizo de Sumapaz en el suroeste y el nevado del Cocuy en el noreste, abarcando la altiplanicie de Bogotá, parte del actual departamento de Boyacá y una pequeña región de Santander. Se organizaban en dos federaciones: En el suroccidente de ese territorio se encontraba Bacatá, hoy Bogotá, territorio dominado y controlado por el Zipa y en el Nororiente del mismo y bajo el dominio del Zaque se encontraba Hunza, hoy Tunja, capital del actual departamento de Boyacá.
Los Muiscas eran eminentemente agricultores organizados en pequeños asentamientos dispersos en ese territorio, cultivaban maíz, la papa, los fríjoles, las calabazas, los tomates, los cubios, la yuca, el tabaco, la arracacha, la batata, además diversas frutas y hortalizas y explotaban la sal y las esmeraldas
En su mítica historia fundacional se dice que Don Gonzalo Jiménez de Quesada ordenó la construcción de doce chozas en el lugar que hoy ocupa la Plaza de Bolívar, pero tal parece que la historia es un poco diferente, para comenzar, según referencias del Archivo de Bogotá, Bogotá se fundó no en el sitio donde hoy se ubica la Plaza de Bolívar sino en lao que hoy se conoce como Parque Santander, otrora Plaza de las Yerbas, el 6 de agosto de 1538, con el nombre de “Nuestra Señora de la Esperanza”, pero como el que es caballero repite, se volvió a fundar el 22 de Abril de 1539 atendiendo los rituales administrativos fundacionales de la corona española, en presencia de Sebastián de Belalcázar y Nicolás de Federmann con el nombre de Santafé.
Lo de las doce chozas, según el padre Fray Domingo de las Casas, quien ofició la misa fundacional, fue un homenaje a los doce apóstoles. Sin embargo, el poeta Juan de Castellanos aseguraba que ese número de chozas se hizo “en memoria de las doce fuentes de Elín y de las doce piedras que sacaron del Jordán y pusieron en la tierra de Gálgala”. En fin, mientras averiguamos que son las fuentes de Elín y la tierra de Gálgala, dejamos en claro que todos los testimonios de la época coinciden en que fueron doce las famosas chozas.
También dejamos en claro que la disputa entre los tres fundadores por la posesión de estas tierras se vino a resolver en Madrid tiempo después a favor de Quesada y que los actuales bogotanos le debemos a Quesada el haber traído los caballos, a Federmann las gallinas y a Belalcázar los cerdos, según doña Soledad Acosta de Samper, escritora bogotana.
En 1819, luego de la independencia, la ciudad fue rebautizada Bogotá en honor a la denominación que le habían asignado los muiscas, indígenas que poblaban la región a la llegada de los españoles.
Desde 1550 fue la sede de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, en 1717 fue erigida como capital del Virreinato de Nueva Granada y en 1819 capital de la Gran Colombia y, luego de la disolución de esta en 1830, capital de la República de Colombia.
Motor financiero, industrial y político de la nación, Bogotá es una ciudad en permanente crecimiento y desarrollo que encierra en su seno la composición multiétnica y multicultural de nuestro país y es también lugar de residencia de muchos inmigrantes de muchas partes del mundo lo que la constituye en un verdadero y rico crisol ecuménico.
Bogotá contribuye con el 25% del PIB industrial de Colombia y el 50% del PIB financiero y es reconocida a nivel mundial como una ciudad de inmenso atractivo para la inversión extranjera.
Don Pedro Medina Avendaño le compuso un hermoso himno cuyos primeros versos encabezan este artículo y el gran compositor antioqueño Don Roberto Pineda Duque le compuso la música. El himno se cantó por vez primera el 7 de agosto de 1974 y sus autores percibieron unos honorarios de 50 mil pesos de la época.
La bandera de Bogotá está conformada por dos franjas horizontales simétricas, amarilla la primera y roja, la segunda, donde el amarillo representa la justicia, la clemencia, la virtud y la benignidad y el rojo la libertad, la salud, la prosperidad y el fuego
Hoy, seis de agosto de 2026, Bogotá, mi bella y glacial, pero a la vez cálida ciudad, cumple la friolera de 488 años, una ciudad en plena adolescencia con frentes de obra por todas partes. La Alcaldía tiene prevista una ambiciosa agenda cultural y deportiva para conmemorar y celebrar esta importante fecha. El día es reconocido como un día de fiesta municipal desde 1920.
Hitos culturales y científicos importantes han tenido como sede, a lo largo de su historia, la ciudad de Bogotá: La Real Audiencia, La expedición Botánica, el Virreinato de Nueva Granada, el colegio de San Bartolomé fundado por los padres dominicos en 1592 quienes también fundaron en 1580 la Universidad de Santo Tomás, la Universidad Javeriana fundada por los jesuitas en 1621 y en 1623 Fray Cristóbal de Torres fundó la Universidad del Rosario. En 1783 se fundó el colegio de la Enseñanza, la primera institución educativa dedicada a las mujeres.
En 1954 la ciudad creció mediante la anexión de los municipios aledaños de Usme, Bosa, Fontibón, Engativá, Suba y Usaquén, en lo que empezó a llamarse como el Distrito Especial de Bogotá, a la vez que la ciudad reforzaba su condición de centro industrial, agrícola, político, cultural y educativo de la nación.
Bogotá, mi bella y extensa capital, generosa y cálida aun en medio de su glacial temperatura es la casa de todos, una ciudad donde no hay extranjeros pues, al igual que aquellos que pisan las agrestes tierras de Santander, mi bella región natal, también en Bogotá todo aquel que pisa su fecundo suelo es un ciudadano más de este país.
Noble, leal en la paz y en la guerra
de tus fueres colinas al pie
y en el arco de la media lunar
resucitas en cid, santa fe.
Flor de razas compendio y corona
en la patria no hay otra ni habrá
nuestra voz la repiten los siglos:
¡Bogotá! ¡Bogotá! ¡Bogotá!
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

