
La derecha nunca ha sido leal a los que ostentosamente hace llamar sus principios, pero aun así siempre los enarbola con cinismo. Expertos en el juego de las palabras, siempre logran colocar al lado de cada ideal que universalmente los seres humanos compartimos, un concepto carácter restrictivo, por ejemplo Libertad y Orden o Democracia y Seguridad: Eso los habilita, según su tortuoso juicio, para perpetrar, en nombre de la Libertad y de la democracia, una vez que asumen el poder, toda suerte de atropellos en contra de la población que, luego de las elecciones, pasa de ser un sujeto al cual persuadir, a una masa informe y probablemente hostil a la cual controlar.
América Latina sufrió entre los años sesenta y noventa las consecuencias del brutal y criminal “plan Condor”, la idea era, como siempre lo ha sido para los halcones de Washington, tomar el control de nuestras naciones, restringir todo atisbo de oposición, mediante estrategias que partían de su desprestigio metódico a través de la prensa cómplice, la propaganda, la polarización y el sectarismo, haciendo uso generoso de la rabia, el miedo y el odio, para hacer “necesaria” y “justificable” su aniquilación física o su destierro. (https://www.bbc.com/mundo/articles/cde6k75n570o)
En el cono sur esa estrategia dio lugar a eventos muy dolorosos que hoy recordamos con indignación y amargura como lo fueron “la noche de los lápices”, “Los vuelos de la muerte”, “La masacre del estadio Nacional”, el secuestro sistemático de menores hijos de perseguidos, torturados o desaparecidos políticos que vinieron a denunciar y trataron de revertir las míticas “Madres de mayo”.
En Colombia fueron muchas las víctimas del famoso “Estatuto de Seguridad” de Turbay Ayala, el “genocidio de la UP” y, más recientemente, los funestos y vergonzosos “Falsos positivos”, pasando por el asesinato de más de 300 mil colombianos por las hordas paramilitares que nunca se han ido y que el presidente electo de este país, Abelardo de la Espriella, amenaza con revivir.
La pretensión imperial de los EEUU nunca se ha ido, probablemente sus ejecutores se han camuflado y sus actos se hayan enmascarado en el maremágnum de decretos, resoluciones, leyes y demás criaturas jurídicas de nuestros gobernantes y legisladores, por lo general arrodillados a los intereses del gran hegemón.
Con la llegada de Donald Trump al poder, en especial en su segundo mandato, seguramente a causa del giro progresista que se había dado en una buena parte de nuestros países, de un lado, y de la involución del dominio de la nación norteamericana no sólo en Latino América sino, por lo general, en todo el mundo, del otro, se hizo más notoria en el discurso del gobernante estadounidense esa pretensión pertinaz. En su nueva doctrina para las Américas, una actualización de la doctrina Monroe, Trump reconoce abiertamente que nuestras naciones son el patio trasero de su imperio y hace explícita su negativa a aceptar la infiltración de intereses de otras naciones, particularmente la China, Rusia y la propia Unión Europea.
Con el embeleco inútil de la famosa “Lucha contra las drogas” que no ha conseguido reducir para nada ni el tráfico ni mucho menos el consumo de estupefacientes en las EEUU, los gobiernos de esa nación han tenido el pretexto a la medida para llenar de bases militares nuestros países, intervenir abiertamente en sus políticas, satanizar, reprimir y detener adversarios y, como se ha visto en los últimos dos años, infiltrar y manipular sus elecciones para hacer factible la llegada al poder de opciones afines con el sueño estadounidense de apoderarse de nuestras naciones, hacer suyos sus recursos y monopolizar sus economías.
El narcotráfico fue la excusa ideal, la acusación más recurrente, la etiqueta más útil para combatir no propiamente a los narcotraficantes, quienes han infiltrado con su poder económico y el de sus armas (también estadounidenses) los gobiernos latinoamericanos, incluyendo de seguro a los propios EEUU, para atacar otros objetivos como los movimientos nacionalistas y el progresismo que amenazan el dominio de la nación del norte.
Para nada fue favorable el hecho de que, particularmente en Colombia, las guerrillas, al comienzo pretendidamente izquierdistas, hubieran migrado hacia emporios que o bien cultivaban y comerciaban por sí mismas o simplemente se aliaban con los narcotraficantes para cuidar sus cultivos y laboratorios y facilitar la exportación hacia la metrópoli de sus nefastos productos.
Las FARC, el ELN y otros movimientos rebeldes se convirtieron en carteles, pero, al igual que ellos, los grupos paramilitares desde sus comienzos se vincularon a los carte3les del narcotráfico como su brazo armado que no solo los defendía de las anémicas y muchas veces preavisadas intervenciones de los gobiernos, sino de la competencia cada vez más brutal con las guerrilla-carteles.
Las ganancias derivadas del flujo generoso de recursos que la producción y comercio de alcaloides, se impusieron por sobre sus intereses y pretensiones políticas, pero igual la derecha se aprovechó de esta situación para satanizar a la izquierda democrática, etiquetarla, denostar de ella, evitando hábilmente el debate de ideas y alentando el ultraje y la descalificación como arma.
La izquierda se quedo con el costo mediático de las acciones de esos grupos, situación que los hizo vulnerables a la violencia de estado y de los grupos agresivos de derecha.
La intervención de los EEUU ha provocado un “giro” ideológico en nuestras naciones, llevando al poder a fichas comprometidas con las políticas y aspiraciones del gobierno de Trump, quien no ha tenido medida alguna para alardear públicamente de su cuestionables e infames infiltración, manipulación y perversión de las elecciones “logros” en ese sentido. Un evento muy llamativo fue la liberación de un importante narcotraficante hondureño, expresidente de ese país, quien había sido condenado en los EEUU por la exportación a ese país de más de 400 toneladas de cocaína y a quien, recientemente, grabaron en conversaciones en las que abiertamente hablaba de ser un ejecutor de los designios de los EEUU para recuperar para la derecha de l poder en nuestras naciones al costo de los que fuera e iniciar acciones represivas en contra de la izquierda democrática. (https://revistaraya.com/hondurasgate-los-audios-que-conectan-a-juan-orlando-hernandez-con-una-ofensiva-digital-contra-petro-y-sheinbaum.html)
“Si hay que matar y secuestrar, se hace. Y todo asesinato y secuestro nuestro debe atribuírsele a ellos” decía y ordenaba sin tapujos Juan Orlando Hernández a sus esbirros y como notablemente lo dice el destacado periodista Adrián Ramírez (https://x.com/_adrianramirez_) “En los diferentes audios, propios de una conversación criminal, el expresidente y excondenado por sus vínculos ilícitos con el narcotráfico (más tarde indultado por Trump) dice que la orden es “lo que mande el presidente Donald Trump”, que “Israel está apoyando” y que “Milei es aportante económico”.
Sumémosle a ellos las recientes declaraciones del señor Marco Rubio, Secretario de Estado de los EEUU quien básicamente insta a los gobiernos afines (Títeres) a reprimir a la izquierda democrática en sus países (https://www.swissinfo.ch/spa/rubio-dice-que-cuba-ayudó-a-forjar-la-extrema-izquierda-en-eeuu-y-en-hemisferio-occidental/91758322) tildándola de terrorista (https://apnews.com/article/eeuu-trump-rubio-terrorismo-politico-6b4d8eec338483b175d5dd8e42607bc0?utm_source=copy&utm_medium=share).
Las conversaciones del señor Hernández son simplemente un recuento de las acciones que hace 50 años llevaron a la aniquilación brutal de la discrepancia en todos nuestros países y constituye una declaración de principios y métodos tanto de la criminal derecha como del gobierno terrorista de Donald Trump.
La lucha por los derechos es una lucha acerba y dolorosa, somos proclives a la represión, a la tortura, a la desaparición y a la muerte. En Colombia no sabemos que nos depare el destino en los próximos años, pero, a juzgar por lo que ha venido sucediendo en Chile, Argentina, Bolivia y Ecuador, se avecinan tiempos tormentosos y difíciles. Sumémosle también la lucha por la autonomía y soberanía de nuestras naciones hoy claramente amenazada por las pretensiones imperiales de Trump. (https://dialogopolitico.org/agenda/analisis/seguridad-nacional-estados-unidos/)
POR CARLOS FAJARDO
PARA PRENSA MERCOSUR
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CARLOS FAJARDO
Médico, felizmente casado y, como si fuera poca la dicha, pensionado, no dejamos títere con cabeza y a cada i le asignamos con holgura y generosidad su correspondiente punto.

