
La Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay, uno de los símbolos de la integración del Mercosur y uno de los puntos de mayor circulación de personas del continente, sigue siendo también el epicentro del crimen organizado transnacional que explota sistemáticamente la libre circulación que el bloque construyó para integrar a sus pueblos. Más de 30 mil personas cruzan cada día el Puente de la Amistad, que une Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú, en Argentina, mientras que otras 100 mil transitan por el famoso Puente de la Amistad, que conecta a Brasil con Paraguay. De acuerdo con las autoridades locales, el intenso flujo de entrada y salida hace inviable solicitar documentos a cada individuo. Este flujo masivo de personas, que es la expresión más concreta de la integración regional, es también la vulnerabilidad que las organizaciones criminales aprovechan para sus actividades ilícitas.
La naturaleza del crimen en la Triple Frontera ha evolucionado más allá del narcotráfico tradicional hacia formas más sofisticadas y rentables de actividad ilícita. «El contrabando y la defraudación están muy asociados con el crimen organizado y el lavado de dinero; son casi indisociables», revela la auditora de la Secretaría Federal de Ingresos brasileña, Carolina Morimoto. «El crimen organizado se dio cuenta, hace mucho tiempo, de que la defraudación es quizás incluso más rentable que el narcotráfico; hay cargas de teléfonos celulares aquí que alcanzan los 5 millones de reales». Esta evolución del crimen hacia el contrabando de productos de alto valor y la defraudación fiscal plantea nuevos desafíos para las autoridades de los tres países, que deben adaptar sus estrategias de control a las nuevas modalidades delictivas.
La respuesta de las autoridades ha combinado la inversión en tecnología con la capacitación de los agentes de seguridad fronteriza. «Hemos invertido en inteligencia y en el entrenamiento de los agentes en relación al lenguaje no verbal», explica el auditor de la Secretaría Federal de Ingresos, Daniel Messias Linck. Esta apuesta por la inteligencia y la tecnología, en lugar del control documental masivo que resultaría inviable dado el volumen de tránsito, refleja la búsqueda de un equilibrio entre la seguridad y la fluidez de la circulación que es esencial para la economía y la vida cotidiana de la región fronteriza. El desafío para el Mercosur es combatir el crimen organizado sin obstaculizar la libre circulación legítima de los cientos de miles de ciudadanos que cruzan las fronteras cada día por razones laborales, comerciales, educativas y familiares.
La cooperación entre los tres países de la Triple Frontera se ha intensificado en los últimos años a través de acuerdos de cooperación policial y de la actualización de los mecanismos de coordinación. El Comando Tripartito, que reúne a las fuerzas de seguridad de Argentina, Brasil y Paraguay, ha sido reforzado mediante acuerdos interministeriales de cooperación policial que buscan dar una respuesta conjunta y coordinada a la inseguridad en la zona. Esta cooperación es coherente con los instrumentos que el Mercosur ha desarrollado a nivel del bloque, como el SISME y el acuerdo de cooperación policial fronteriza, que buscan construir una infraestructura de seguridad regional capaz de enfrentar la naturaleza transnacional del crimen organizado. La Triple Frontera es, en este sentido, el laboratorio donde se pone a prueba la capacidad del bloque para cooperar en materia de seguridad.
Para el Mercosur, la situación de la Triple Frontera plantea una paradoja fundamental de su proyecto de integración. La libre circulación de personas y bienes, que es uno de los objetivos centrales del bloque y una de sus mayores conquistas, es también la vulnerabilidad que el crimen organizado explota sistemáticamente. Esta tensión entre integración y seguridad es uno de los desafíos más complejos que el bloque enfrenta, y su resolución requiere una cooperación regional cada vez más estrecha que combine la facilitación del comercio y la circulación legítima con el combate eficaz al crimen organizado transnacional. La Triple Frontera, corazón geográfico y simbólico del Mercosur, es el lugar donde el bloque debe demostrar que la integración y la seguridad no son objetivos contradictorios sino complementarios, y que la cooperación regional puede proteger a los ciudadanos sin sacrificar las libertades que la integración les ha otorgado.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★Denuncias de Derechos Humanos y la crisis de documentación en la frontera
- ★El calvario del transporte transfronterizo: entre la burocracia y la inseguridad
- ★La lucha contra el reclutamiento criminal en poblaciones vulnerables
- ★Expansión del turismo: ¿Transformación económica o maquillaje para problemas estructurales?
- ★El Comando Tripartito refuerza la vigilancia ante el auge del crimen organizado transnacional

