
En la tradición protestante ortodoxa, 2 Corintios 5:21 ha sido un texto clave para respaldar la doctrina de la justicia imputada. El versículo dice: «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él».
Según esta doctrina, los creyentes poseen, en virtud de su unión con Cristo, una justicia que Cristo ganó al obedecer perfectamente la ley de Dios en Su vida, muerte y resurrección. Nuestro pecado es removido y Dios nos otorga la justicia de Cristo de un solo golpe. Muchos han señalado que el razonamiento de Pablo en 2 Corintios 5 se inspira en el poema del «siervo sufriente» de Isaías 52:13–53:1-12.
Algunos eruditos afirman sin dudar la doctrina de la eliminación sustitutiva del pecado, basándose en el uso de Isaías 53 en 2 Corintios 5, pero ignoran la doctrina de la imputación sustitutiva de la justicia. Esto resulta extraño, ya que las traducciones al español de Isaías 53:11 afirman que el siervo sufriente hace ambas cosas. Cristo lleva las iniquidades de los pecadores y los declara justos: «Por Su conocimiento, el Justo, / Mi Siervo, justificará a muchos, / Y cargará las iniquidades de ellos».
Al examinar la relación entre los textos hebreo y griego de Isaías 53:11, veremos que los escritores del Nuevo Testamento se basaron en la versión hebrea, y no en la griega, para su interpretación de la justicia imputada.
Negación de la imputación en la Septuaginta
La Septuaginta es la traducción griega del Antiguo Testamento que circuló ampliamente antes de la llegada del Nuevo Testamento. Su traducción de Isaías 53:11 contiene una diferencia fundamental con respecto al texto hebreo.
Fíjate en la traducción que aparece en la New English Translation of the Septuagint: «Del dolor de su alma, para mostrarle luz y llenarlo de entendimiento, para justificar a un justo que está bien sujeto a muchos, y él mismo llevará los pecados de ellos».
No podemos ganarnos nada, ya que hemos nacido de Dios. Nos convertimos en beneficiarios del derecho de primogenitura en Cristo
Por consiguiente, según la Septuaginta (como ha sido traducida al inglés), Dios declara justo (o vindica) a «justo». No hace tal cosa por los «muchos» o «todos nosotros» del versículo 6. En otras palabras, la Septuaginta afirma únicamente la eliminación del pecado, mientras que el texto hebreo parece expresar la imputación de la justicia del siervo a los muchos (pecadores o transgresores) en el versículo 11. Entonces, ¿cuál es correcto, el texto hebreo o la Septuaginta?
Según 2 Corintios 5:21, Pablo no parece seguir la Septuaginta, sino el texto hebreo. Adopta un enfoque que combina ambos aspectos al afirmar que nuestros pecados son quitados y que recibimos la justicia de Dios en Cristo. Otros autores del Nuevo Testamento también se refieren al Justo en el mismo contexto sustitutivo de Isaías 53 (ver Hch 3:14; 7:52; 1 P 2:22; 3:18; 1 Jn 2:1).
Pedro, por ejemplo, afirma claramente: «el justo por [en lugar de] los injustos» (1 P 3:18). Mediante Su muerte en la cruz y Su resurrección, Jesús «fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4:25). En resumen, solo el texto hebreo de Isaías 53:11 se refiere a que Dios imputa la justicia a los «muchos» basándose en la obra del siervo.
Justos por la fe
Las Escrituras enseñan que la justicia es la moneda con la que obtenemos nuestra herencia eterna (Gn 15:6; Is 60:21; Mt 5:20, 48; Ro 14:17). ¿Cómo la obtenemos? Por la fe, por supuesto. Pero ¿qué tipo de fe? ¿Fe más obediencia o solo fe?
Las líneas de batalla sobre esta cuestión están trazadas desde hace siglos. Uno de los argumentos de quienes niegan la justicia imputada es que no podemos aprovecharnos de la justicia de Cristo. Estos eruditos sostienen que nuestra herencia es el resultado de una obediencia de fe, impulsada por el Espíritu, que mora en nuestro interior.
Sin embargo, esta definición de justicia es demasiado anémica: Job, Isaías, Pablo y un sinfín de otros han descubierto por las malas que la trifecta de santidad, justicia y gloria no puede alcanzarse con nuestros propios esfuerzos, por muy grandes que sean. No obstante, Dios exige que poseamos una justicia perfecta para recibir la herencia de la vida eterna en el nuevo reino de los cielos y la tierra (2 P 3:13).
Una sencilla ilustración respalda la noción de la justicia imputada: el derecho de primogenitura en las leyes sucesorias de Israel (Dt 21:17). La herencia que un padre deja a su hijo nunca se considera ganada, sino que se otorga en virtud del linaje o, en un sentido espiritual, a través de la adopción por la fe (ver Gá 3:26-29; 4:7; Ef 1:11). No podemos ganarnos nada, ya que hemos nacido de Dios. Nos convertimos en beneficiarios del derecho de primogenitura en Cristo. Nuestra herencia es imperecedera, y en Cristo tenemos todas las bendiciones del Espíritu (Ef 1:3; 1 P 1:4).
Las personas justas viven con justicia
¿Existe una dimensión de participación en nuestra unión con Cristo? Por supuesto. Tu justicia imputada se verá confirmada por una vida irreprochable, impulsada por el arrepentimiento y las «buenas obras» producidas por la gracia (Tit 2:11-15). La justicia imperfecta que producen los creyentes es el resultado de la justicia perfecta que Dios nos ha dado en Su Hijo.
La justicia imperfecta que producen los creyentes es el resultado de la justicia perfecta que Dios nos ha dado en Su Hijo
En una cultura dominada por la culpa, la vergüenza y las adicciones a la dopamina, necesitamos que se nos recuerde que no construimos una justicia por nosotros mismos. En cambio, tenemos una basada en la justicia de Dios en Cristo (¡la justicia de Cristo y la justicia de Dios son la misma!).
Estamos empoderados por el Espíritu que «nos ayuda en nuestra debilidad» (Ro 8:26). Esto es lo que aportamos cuando se trata de nuestra propia justicia: una declaración de nuestra absoluta impotencia.
Isaías lo expresa mejor al enfrentarse a la santidad, la justicia y la gloria de Dios: «¡Ay de mí!» (Is 6:5). Nosotros también clamamos las palabras del antiguo himno: «Lávame, Salvador, o moriré».
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Publicado por: Thomas Petter
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/biblica-justicia-imputada/
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