China es hoy el principal socio comercial de Brasil, Uruguay y, en gran medida, de varios países sudamericanos. Sin embargo, el MERCOSUR continúa sin poder negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la segunda mayor economía del mundo. Aunque el comercio entre ambas partes alcanza cifras récord y la presencia china crece en inversiones, infraestructura, energía y tecnología, las profundas diferencias políticas, económicas y estratégicas entre los miembros del bloque mantienen prácticamente paralizada la posibilidad de un acuerdo conjunto. Un análisis del especialista en Comercio Exterior Gustavo Fadda sostiene que el problema no radica únicamente en la relación con China, sino en las propias contradicciones internas del MERCOSUR.
El comercio entre el MERCOSUR y China ha experimentado un crecimiento extraordinario durante las últimas dos décadas. China se consolidó como el principal destino de las exportaciones brasileñas, especialmente de soja, mineral de hierro, petróleo y carne, mientras que también incrementó significativamente sus compras de productos agrícolas provenientes de Argentina y Uruguay. Al mismo tiempo, las importaciones de maquinaria, equipos electrónicos, automóviles, paneles solares y bienes industriales chinos aumentaron de forma sostenida en toda Sudamérica, convirtiendo a Pekín en un actor económico de primer orden. Sin embargo, el intenso intercambio comercial nunca logró transformarse en un tratado de libre comercio regional.
Uno de los principales obstáculos es la propia estructura jurídica del MERCOSUR. Como unión aduanera, el bloque establece que las negociaciones comerciales con terceros países deben realizarse de manera conjunta, mediante consenso entre todos los Estados Parte. Esto significa que Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia deben acordar una posición común antes de iniciar cualquier negociación de libre comercio. En la práctica, alcanzar ese consenso resulta extremadamente difícil debido a que cada economía posee intereses productivos, industriales y geopolíticos diferentes.
Las diferencias son particularmente visibles entre los propios miembros del bloque. Uruguay ha defendido en varias oportunidades la posibilidad de negociar acuerdos comerciales de manera individual, argumentando que necesita mayor apertura para diversificar mercados. Brasil mantiene una posición más cautelosa debido al impacto que una apertura acelerada podría tener sobre determinados sectores industriales. Argentina, por su parte, alternó posiciones según el gobierno de turno, mientras que Paraguay enfrenta una limitación diplomática adicional, ya que mantiene relaciones oficiales con Taiwán y no con la República Popular China, lo que dificulta cualquier negociación bilateral directa con Pekín.
Más allá de los aspectos comerciales, el debate también tiene una dimensión geopolítica. Para China, un acuerdo con el MERCOSUR representaría una plataforma privilegiada para ampliar su presencia económica en América del Sur. Sin embargo, diversos analistas consideran que un tratado de esa magnitud también modificaría el equilibrio estratégico de la región, especialmente en un contexto de creciente competencia entre China, Estados Unidos y la Unión Europea. Washington observa con atención la expansión de las inversiones chinas en infraestructura, puertos, telecomunicaciones, energía y minerales estratégicos, mientras Bruselas intenta consolidar su propio acuerdo comercial con el MERCOSUR.
Otro aspecto central del análisis es la asimetría económica entre ambas partes. Mientras el MERCOSUR exporta principalmente materias primas y alimentos, China posee una poderosa industria manufacturera capaz de competir en prácticamente todos los segmentos industriales. Diversos sectores empresariales del bloque advierten que una apertura comercial total podría incrementar aún más la entrada de productos industriales chinos a precios muy competitivos, afectando especialmente a industrias como la metalurgia, el sector automotor, los bienes de capital, los textiles y la electrónica. Al mismo tiempo, otros economistas sostienen que un tratado permitiría ampliar considerablemente las exportaciones agroindustriales y atraer nuevas inversiones.
La situación también está influida por la reciente firma del Acuerdo MERCOSUR–Unión Europea, que continúa su proceso de implementación y ratificación. Para varios especialistas, la prioridad política del bloque consiste actualmente en consolidar ese tratado antes de iniciar una negociación de similar magnitud con China. La coexistencia de ambos acuerdos exigiría armonizar normas sanitarias, ambientales, aduaneras y de origen, además de gestionar las sensibilidades de distintos sectores productivos.
Mientras tanto, China continúa ampliando su presencia mediante acuerdos bilaterales e inversiones directas, sin necesidad de un tratado regional. Empresas chinas participan en proyectos de infraestructura ferroviaria, puertos, energía, minería, telecomunicaciones, vehículos eléctricos y transición energética en varios países sudamericanos. Esta estrategia le ha permitido consolidar una fuerte presencia económica incluso sin disponer de un tratado de libre comercio con el MERCOSUR.
Especialistas en comercio internacional consideran que el principal desafío no es únicamente negociar con China, sino definir qué modelo de integración desea construir el MERCOSUR durante las próximas décadas. El bloque enfrenta el dilema entre preservar su unión aduanera con reglas comunes o avanzar hacia una mayor flexibilidad que permita a cada país negociar acuerdos individuales con terceros mercados. Esa discusión continuará marcando la agenda regional en un escenario internacional donde la competencia geopolítica y comercial adquiere una importancia cada vez mayor.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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