
Más que un simple tratado comercial, el acuerdo que el Mercosur y Canadá negocian se ha convertido en una pieza clave de la reorganización económica internacional en curso, y Brasil emerge como uno de sus principales beneficiarios potenciales. El avance del acuerdo del Mercosur con Canadá revela un cambio importante en la estrategia económica canadiense. En medio de las incertidumbres del comercio global, Ottawa busca ampliar sus socios comerciales y reducir la fuerte dependencia de los Estados Unidos, destino de la mayor parte de sus exportaciones. Esta búsqueda de diversificación por parte de Canadá es un reflejo directo de la política arancelaria de la administración Trump, que ha golpeado incluso a los aliados históricos de Washington y los ha empujado a buscar mercados alternativos. El Mercosur, con su enorme oferta de recursos naturales y su mercado de 300 millones de consumidores, aparece como un socio natural para esa estrategia de diversificación.
El impulso decisivo a las negociaciones llegó esta semana con una nueva ronda de tratativas. La movimentación ganó fuerza después de una nueva ronda de negociaciones concluida esta semana, y el gobierno brasileño afirma que cerca del 60% del acuerdo ya está negociado, mientras interlocutores involucrados en las tratativas trabajan con la posibilidad de conclusión todavía en 2026. Este ritmo acelerado de las negociaciones contrasta con la lentitud que históricamente caracterizó a las tratativas comerciales del Mercosur, y refleja la urgencia que ambas partes sienten ante un contexto internacional volátil. En caso de que se mantenga el cronograma actual, los negociadores creen que el acuerdo del Mercosur con Canadá podrá ser concluido todavía en 2026, marcando un nuevo paso de la estrategia canadiense de reducir la dependencia de los Estados Unidos.
La posición de Brasil dentro de la ecuación es central, y explica por qué el país sudamericano es visto como el gran beneficiario potencial del acuerdo. Dentro del Mercosur, Brasil ocupa una posición central para los intereses de Canadá: además de ser la mayor economía del bloque, el país posee gran oferta de recursos naturales, fuerte producción agroindustrial y un mercado consumidor relevante. Esta combinación de factores —tamaño económico, recursos naturales, capacidad agroindustrial y mercado interno— convierte a Brasil en el socio más atractivo del bloque para Canadá, y posiciona al país para capturar la mayor parte de los beneficios comerciales que el acuerdo generará. La complementariedad entre las dos economías es notable: Canadá necesita los recursos naturales y los alimentos que Brasil produce en abundancia, mientras que Brasil necesita acceso a un mercado desarrollado de alto poder adquisitivo para diversificar sus exportaciones más allá de China.
El contexto geopolítico que enmarca estas negociaciones refuerza su importancia estratégica. El crecimiento del comercio entre Brasil y Canadá se aceleró considerablemente en 2025 después de que ambos países fueran afectados por las barreras comerciales del gobierno de los Estados Unidos. Este dato es revelador: las políticas proteccionistas de Washington, lejos de fortalecer la posición estadounidense, están empujando a sus socios comerciales a construir relaciones alternativas que reducen la centralidad de Estados Unidos en el comercio global. El acuerdo Mercosur-Canadá es, en este sentido, una consecuencia indirecta pero significativa de la política arancelaria de Trump, que está reconfigurando los flujos comerciales mundiales de maneras que sus arquitectos probablemente no anticiparon.
Para el Mercosur, el acuerdo con Canadá representa mucho más que el acceso a un mercado adicional: es la confirmación de que el bloque se ha convertido en un actor relevante de la reorganización del comercio global. El entendimiento pasó a ser visto como una pieza relevante de la reorganización económica internacional en curso, y Brasil surge como uno de los principales beneficiarios potenciales de ese movimiento. Si las negociaciones culminan con éxito en 2026, el Mercosur habrá demostrado que su estrategia de diversificación comercial no solo es viable sino que llega en el momento preciso, cuando las grandes potencias buscan socios confiables en un mundo fragmentado. El bloque sudamericano, durante mucho tiempo periférico en las grandes corrientes del comercio mundial, está aprovechando la coyuntura para posicionarse en el centro de las nuevas alianzas comerciales que están redefiniendo la economía global del siglo XXI.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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