
En las últimas 72 horas, los ciudadanos de los cinco países del Mercosur que viven en zonas de frontera, que trabajan en transporte internacional o que tienen planes de viaje en las próximas semanas han recibido una avalancha de información — y también de desinformación — sobre dos amenazas sanitarias simultáneas que las autoridades de salud del bloque todavía no han comunicado de manera coordinada y en lenguaje claro. Esta nota intenta hacer exactamente eso: organizar la información disponible de las fuentes más autorizadas y presentarla de una manera que los ciudadanos puedan usar para tomar decisiones informadas sobre su salud y la de sus familias en el contexto de dos emergencias epidemiológicas que afectan simultáneamente el espacio sanitario del Mercosur. Las dos amenazas tienen características radicalmente distintas en términos de transmisión, gravedad y probabilidad de exposición, y confundirlas o tratarlas con el mismo nivel de alarma genera pánico innecesario en un caso y complacencia peligrosa en el otro.
El ébola Bundibugyo es una enfermedad de transmisión por contacto directo con sangre, fluidos corporales u órganos de personas infectadas o fallecidas por la enfermedad. No se transmite por el aire ni por el agua potable ni por los alimentos. La probabilidad de que un ciudadano del Mercosur que no viajó al Congo o Uganda en los últimos 21 días y que no tiene contacto con viajeros procedentes de esas zonas contraiga el ébola es prácticamente cero. Las señales de alerta son específicas y claras: fiebre súbita mayor de 38,6 grados centígrados, más síntomas de debilidad intensa, dolor muscular y articular, diarrea y vómitos, combinados con antecedente de viaje a las zonas afectadas o contacto con alguien que viajó recientemente al Congo o Uganda. Sin ese antecedente epidemiológico, esos síntomas corresponden a decenas de otras enfermedades mucho más comunes, y no deben generar la alarma de una consulta de emergencia por ébola. El sarampión, en cambio, sí es altamente transmisible por el aire, y una persona no vacunada que entre en un espacio donde alguien con sarampión estuvo hasta dos horas antes tiene más del 90% de probabilidad de infectarse si no tiene inmunidad.
Para los viajeros que tienen planes de asistir al Mundial de Fútbol 2026 en Estados Unidos, México o Canadá — los tres países con mayor número de casos activos de sarampión en la región — la primera acción concreta es verificar el estado de vacunación propio y de los menores que los acompañan. La OPS recomienda dos dosis de la vacuna SRP (sarampión, rubéola y parotiditis) para garantizar protección completa. Las personas nacidas antes de 1981 probablemente tienen inmunidad por infección natural. Las personas nacidas entre 1981 y 2000 pueden haber recibido solo una dosis de la vacuna, lo que proporciona protección parcial pero no completa. Las personas nacidas después del año 2000, si completaron correctamente su esquema de vacunación, tienen protección completa con las dos dosis. En todos los casos, ante la duda, la vacuna es la respuesta: es segura, es gratuita en la mayoría de los sistemas públicos de salud del Mercosur y protege tanto a quien la recibe como a las personas más vulnerables — bebés menores de 12 meses que todavía no pueden vacunarse — del entorno familiar y comunitario.
La coordinación sanitaria de frontera en el Mercosur tiene un instrumento que pocas veces aparece en los análisis del bloque pero que en situaciones de emergencia como la actual tiene un valor crítico: el Acuerdo de Complementación en Materia de Salud entre los países del bloque, que establece mecanismos de notificación entre los ministerios de salud ante la detección de enfermedades de declaración obligatoria en zonas de frontera. Ese acuerdo, que funcionó de manera imperfecta durante la pandemia, está siendo reforzado en 2026 gracias a la apuesta del Mercosur por la digitalización de sus sistemas de información, incluyendo el SISME que los ministros de seguridad respaldaron unánimemente en Asunción. La extensión de esa plataforma de intercambio de información al ámbito de la salud pública de frontera — con alertas en tiempo real entre los ministerios de salud de los cinco países cuando se detecta un caso sospechoso de enfermedad de declaración obligatoria en un paso fronterizo — es la mejora de infraestructura sanitaria de mayor impacto que el bloque puede implementar en el corto plazo. Un Mercosur que comparte libre circulación de personas necesita también compartir libre circulación de información sanitaria, porque las enfermedades no respetan las mismas fronteras que los controles aduaneros.
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