
Existe una dimensión del acuerdo Mercosur–Unión Europea que los comunicados oficiales mencionan de manera sistemáticamente insuficiente, y que sin embargo puede determinar la diferencia entre un acuerdo que genera beneficios para los ciudadanos y uno que solo beneficia a los grandes exportadores con equipos técnicos especializados: la brecha digital entre lo que el acuerdo promete y lo que las pequeñas y medianas empresas del bloque pueden realmente hacer con esas promesas. La Comisión Europea especificó que el acuerdo tiene un capítulo específico dedicado a las pequeñas y medianas empresas, donde se admite que los obstáculos no arancelarios —normas técnicas, requisitos sanitarios, burocracia y falta de información— pesan mucho más sobre ellas que sobre las grandes compañías. Sobre el papel, el diseño es potente: se prevén plataformas digitales, bases de datos por posición arancelaria, coordinadores institucionales y mecanismos de asistencia. El problema es que ese manual, hoy, no existe en la práctica. Este diagnóstico —la brecha entre el diseño del acuerdo en el papel y su disponibilidad operativa en la práctica— es la fuente de frustración más documentada entre los operadores de comercio exterior del Mercosur en las semanas posteriores al 1.º de mayo. Los exportadores medianos y pequeños que intentaron aprovechar el nuevo régimen preferencial desde el primer día se encontraron con una plataforma Access2Markets que, aunque técnicamente robusta para los exportadores europeos, tiene interfaces en español y portugués que no siempre están actualizadas con los cronogramas de desgravación específicos para el Mercosul. Miperiodico
En X (ex Twitter), el despachante de aduanas colombiano @ComercioExtCO publicó el 20 de mayo: «Cuatro intentos de registrar a un cliente en el sistema ROSA de la UE. En todos me pide documentación que no existe en la nomenclatura del Mercosur tal como está descrita en el sistema. ¿Quién traduce esto?» El tuit recibió 2.800 interacciones en 48 horas, con respuestas de despachantes y exportadores de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay que describían experiencias idénticas. En LinkedIn, la consultora de comercio exterior María Laura Fonseca de Porto Alegre publicó una serie de análisis sobre las dificultades prácticas de la primera semana del acuerdo que acumuló más de 15.000 visualizaciones en siete días. Su diagnóstico fue contundente: «El acuerdo es extraordinario. La implementación digital es un trabajo en construcción. Y mientras se construye, son las pymes las que pagan el costo de la espera.» Investigadores de la Universidad Federal de Minas Gerais desarrollaron el Selo Verde, una herramienta pública y gratuita para verificar el cumplimiento ambiental de un productor brasileño con las leyes ambientales, incluyendo el próximo reglamento de deforestación de la UE. Miperiodico
La plataforma MDIC de Brasil —lanzada en 2025 para identificar oportunidades de exportación— es uno de los instrumentos que el gobierno brasileño está utilizando para cerrar la brecha digital que separa a las pymes del acceso real al mercado europeo. El Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios publicó esta semana un actualización de esa plataforma que incorpora las posiciones arancelarias del acuerdo Mercosur–UE con información en tiempo real sobre los cronogramas de desgravación por producto y mercado de destino. Este tipo de herramientas —simples, gratuitas, en idioma local y actualizadas— son las que marcan la diferencia entre un acuerdo que democratiza la exportación y uno que solo facilita la vida de quienes ya exportaban. La brecha digital del Mercosur no es insalvable; pero requiere inversión pública específica, cooperación entre los cinco países del bloque para desarrollar herramientas comunes, y una voluntad política de poner al pequeño exportador en el centro del diseño de los instrumentos de implementación del acuerdo.
El Plan Estratégico de Comunicación 2026–2027 que el GMC aprobó en su reunión del 19 y 20 de mayo en Asunción tiene en esta dimensión digital uno de sus mandatos más urgentes: no solo comunicar lo que el Mercosul hace, sino ayudar a los ciudadanos y empresas del bloque a entender cómo pueden beneficiarse de los acuerdos que sus gobiernos firmaron. Un exportador paraguayo de stevia que no sabe que su producto tiene arancel cero en Europa, o una empresa uruguaya de software que desconoce que el capítulo de servicios del acuerdo le abre nuevas oportunidades, son ciudadanos a quienes el bloque está fallando en su obligación más básica: hacer que la integración les sirva en la práctica, no solo en la retórica.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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