Sentir que una mano, un brazo, una pierna o incluso parte del rostro “se duerme” es una experiencia frecuente y, en la mayoría de los casos, tiene una explicación sencilla: una postura prolongada puede comprimir temporalmente un nervio. Sin embargo, cuando el hormigueo comienza a repetirse, permanece durante más tiempo o aparece acompañado de debilidad, dolor o dificultades para caminar, puede ser necesario investigar una causa neurológica.
El síntoma se conoce como parestesia y puede manifestarse como hormigueo, entumecimiento, sensación de pinchazos o ardor. Una de las situaciones más habituales ocurre cuando una persona duerme sobre un brazo, permanece mucho tiempo sentada en una determinada posición o apoya una extremidad durante un período prolongado. Al liberar la presión, la sensibilidad suele regresar progresivamente.
El problema aparece cuando el episodio deja de ser ocasional. La neurocirujana y especialista en columna Megan Everson, del sistema de salud de Mayo Clinic en Eau Claire, explica que el entumecimiento y el hormigueo pueden producirse cuando un nervio está irritado, comprimido o dañado. La ubicación del síntoma y la forma en que evoluciona pueden ofrecer pistas importantes sobre su origen.
Cuando el origen puede estar en la columna
Los llamados nervios pinzados constituyen una de las causas posibles. Los tejidos que rodean un nervio —huesos, cartílagos, músculos o tendones— pueden ejercer presión sobre él e interferir con la transmisión normal de las señales nerviosas.
Esta compresión puede producirse dentro del canal vertebral, como sucede en algunos casos de estenosis espinal, o en otros puntos del recorrido del nervio. Por eso, un problema localizado en la columna puede terminar provocando síntomas que el paciente percibe en un brazo, una mano, una pierna o un pie.
Un ejemplo muy conocido es el síndrome del túnel carpiano, en el que se comprime un nervio a la altura de la muñeca. El paciente puede experimentar hormigueo y entumecimiento principalmente en la mano, síntomas que pueden hacerse cada vez más frecuentes.
La diabetes también puede afectar los nervios
No todas las parestesias tienen relación con la postura o la columna. La diabetes constituye una de las causas más frecuentes de neuropatía, una alteración que afecta el funcionamiento de los nervios.
La neuropatía diabética suele comenzar en los pies y puede producir hormigueo, pérdida de sensibilidad o sensación de ardor en ambos lados del cuerpo. El patrón puede avanzar progresivamente y extenderse desde los pies hacia las piernas, dando una sensación semejante a tener puestos “calcetines” invisibles.
También existen otras causas posibles, entre ellas deficiencias vitamínicas, enfermedades renales, consumo excesivo de alcohol, exposición a determinadas sustancias tóxicas y algunos medicamentos, incluidos ciertos tratamientos contra el cáncer.
El estrés también puede provocar hormigueo
La aparición de estas sensaciones no significa automáticamente que exista una enfermedad neurológica. La ansiedad y el estrés también pueden desencadenar hormigueo y entumecimiento.
Durante episodios de ansiedad intensa o ataques de pánico, una persona puede comenzar a respirar demasiado rápido. Esta hiperventilación puede producir sensaciones anormales alrededor de la boca o en las manos. En estos casos, el mecanismo es diferente al de una lesión estructural de los nervios.
Por eso resulta importante observar el contexto: cuándo aparece el síntoma, cuánto dura, dónde comienza, si afecta siempre al mismo lado y qué otras manifestaciones lo acompañan.
¿Cuándo deja de ser un simple “brazo dormido”?
La duración y la repetición son dos elementos importantes. Si una persona cambia de posición y el hormigueo desaparece rápidamente, generalmente no constituye motivo de alarma. Pero la situación cambia cuando el entumecimiento se vuelve constante, aumenta progresivamente, interfiere con las actividades cotidianas o aparece acompañado de otros síntomas.
Se recomienda buscar evaluación médica cuando el hormigueo aparece junto con:
- debilidad en un brazo o una pierna;
- dolor persistente;
- dificultades para mantener el equilibrio;
- problemas para caminar;
- pérdida progresiva de sensibilidad;
- síntomas que se repiten sin una causa evidente.
Una evaluación permite determinar si el problema está relacionado con un nervio periférico, la columna vertebral, una enfermedad metabólica u otra condición. Dependiendo de los síntomas, el médico puede solicitar estudios de imágenes o pruebas como una electromiografía, que permite analizar el funcionamiento de los nervios y los músculos.
Hay situaciones en las que no se debe esperar
Existe una diferencia fundamental entre un hormigueo recurrente que requiere consulta y una alteración neurológica que puede constituir una emergencia médica.
Si el entumecimiento aparece repentinamente en un lado de la cara, un brazo o una pierna, especialmente cuando se acompaña de debilidad, puede tratarse de una señal de accidente cerebrovascular. En ese escenario es necesario solicitar atención médica de emergencia inmediatamente.
También requiere atención urgente el entumecimiento en la zona de la ingle o los genitales acompañado de pérdida del control de la vejiga o los intestinos, dificultad para orinar o debilidad en las piernas, ya que puede estar relacionado con una lesión importante de la médula espinal.
El tratamiento depende de la causa
No existe un único tratamiento para el hormigueo porque la parestesia es un síntoma y no una enfermedad en sí misma. Cuando se debe simplemente a una postura, liberar la presión sobre el nervio suele ser suficiente.
En otros casos pueden utilizarse fisioterapia, medicamentos destinados a controlar determinados dolores neuropáticos, tratamientos para disminuir la inflamación o procedimientos quirúrgicos cuando existe una compresión nerviosa importante. En enfermedades como la neuropatía diabética, el objetivo también incluye controlar la enfermedad de base y evitar que el daño nervioso avance.
El mensaje central de los especialistas es sencillo: no todo hormigueo es peligroso, pero tampoco debe ignorarse cuando cambia de comportamiento. Un brazo que se duerme después de una mala postura y recupera rápidamente su sensibilidad es muy diferente de un entumecimiento que se repite, progresa o aparece junto con pérdida de fuerza. Reconocer esa diferencia puede ser determinante para detectar a tiempo una enfermedad neurológica o actuar rápidamente ante una emergencia.
Foto: Imagen ilustrativa / Infobae
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