
Si estás familiarizado con Romanos 7, probablemente te suene este pasaje ya sea por la miseria abyecta y la condición debilitante del «miserable de mí» (v. 24) o por el debate sobre la identidad de ese individuo.
¿Quién es exactamente esta persona que es «carnal» (v. 14), cuya carne no contiene lo que es bueno (v. 18) y cuyo cuerpo es a la vez un campo de batalla y una zona de muerte (vv. 23-24)? Algunos dicen que es el apóstol Pablo. Otros dicen que es Pablo el fariseo (o alguien más, esclavo del pecado y de la ley).
Con demasiada frecuencia, en el fragor del debate se pasa por alto el propósito pastoral del apóstol Pablo que yace detrás del lamento. John Newton es de gran ayuda para remediar ese descuido. Él nos muestra cómo es en nuestro dolor donde Dios nos da Su consuelo y Su gozo, y en nuestra incapacidad donde nos provee Su fuerza que es totalmente suficiente.
Carta a una amiga atribulada
Newton es más conocido como el comerciante de esclavos convertido que escribió el himno «Sublime gracia» en 1772. Pero también fue un pastor amoroso que escribió muchas cartas llenas de consejos pastorales sabios y sensibles.
Es en nuestro dolor donde Dios nos da Su consuelo y Su gozo, y en nuestra incapacidad donde nos provee Su fuerza que es totalmente suficiente
Una carta dirigida a la señora Wilberforce, de julio de 1764, nos permite vislumbrar cómo John Newton entendía y aplicaba Romanos 7:
Por último, es a través de la experiencia de estos males en nuestro interior, y al sentir nuestra absoluta insuficiencia, ya sea para cumplir con nuestro deber o para resistir a nuestros enemigos, que el Señor aprovecha la ocasión para mostrarnos la idoneidad, la suficiencia, la gratuidad y la inmutabilidad de Su poder y Su gracia. Esta es la conclusión que el apóstol Pablo extrae de su queja (Ro 7:25) y la aprendió en un momento de prueba de boca del propio Señor (2 Co 12:8, 9).
Seamos, pues, querida señora, agradecidos y alegres, y, mientras nos avergonzamos de nosotros mismos, glorifiquemos a Dios, rindiendo a Jesús el honor debido a Su nombre. Aunque nosotros seamos pobres, Él es rico; aunque seamos débiles, Él es fuerte; aunque no tengamos nada, Él lo posee todo.
La incisiva interpretación de Newton
Newton entiende que Romanos 7 es la confesión del apóstol Pablo —aplicable a todos los cristianos— de su «absoluta insuficiencia» para vivir con rectitud o para resistir a sus enemigos. Considera que esta insuficiencia es total. Somos «pobres» y «débiles», y «no tenemos nada».
Esto es interesante, ya que observar la cruda gravedad de la condición del autor lleva a muchos intérpretes a concluir que el «yo» de Romanos 7 no puede ser el apóstol Pablo.
Pero Newton traza un paralelismo entre lo que Pablo confiesa en Romanos 7 y lo que aprendió en 2 Corintios 12. En este último pasaje, Pablo suplica tres veces a Dios que le quite una espina dolorosa de su carne, pero Dios decide mantenerla allí para evitar que Pablo se vuelva presumido (vv. 7-8). En cambio, el Señor tranquiliza a Pablo con estas palabras: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad» (v. 9).
Dios no equipa ni empodera a Pablo quitándole su debilidad, sino perfeccionando Su propia fuerza divina en la debilidad de Pablo. O, como resume el apóstol: «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (v. 10).
Según Newton, Pablo presenta la misma dinámica en Romanos 7. La total incapacidad de Pablo es el contexto en el que el Señor da a conocer la suficiencia de Su poder y Su gracia a Pablo y a otros creyentes como la señora Wilberforce. Pablo confiesa una incapacidad innata, una incapacidad para agradar a Dios. Pero, aunque por sí mismo es incapaz de hacer el bien, en Cristo experimenta «la idoneidad, la suficiencia, la gratuidad… del poder y la gracia [de Dios]» (por lo cual da gracias en el versículo 25).
Como le dice Newton a la señora Wilberforce: «Aunque somos pobres, Él es rico; aunque somos débiles, Él es fuerte; aunque no tenemos nada, Él lo posee todo».
La aplicación pastoral de Newton
Está claro que Newton escribe porque la señora Wilberforce está angustiada por su pecado.
Pero dice que, aunque nuestro dolor por el pecado «no puede ser demasiado grande», este dolor «puede estar orientado en una dirección equivocada». La dirección equivocada contra la que advierte es encerrarnos en nosotros mismos. En cambio, como instruye Newton, nuestra pobreza espiritual es precisamente la ocasión y el contexto en los que experimentamos la gracia y el poder del Señor. Ese es un motivo para estar «agradecidos y alegres» y para dar honor y alabanza a Jesús.
Saber cuán indefensos e incapaces somos por nosotros mismos nos saca nuestro interior y nos lleva a Cristo, y así nos conduce al gozo
En una carta diferente, dirigida a Lord Dartmouth, Newton habla del creyente que experimenta «una ley en sus miembros que lucha contra la ley en su mente», una clara alusión a Romanos 7. Pero gracias a ese doloroso autoconocimiento, se «aleja más de sí mismo y aprende a valorar más y a confiar más absolutamente en Aquel que Dios nos ha designado como Sabiduría, Justicia, Santificación y Redención».
Así es como Newton ve cómo funciona en la práctica esa dinámica de «débil pero fuerte», «incapaz pero capacitado». Al ser incapaces e inútiles por nosotros mismos, aprendemos cada vez más a desconfiar de nosotros mismos y a depender de Cristo, quien nos provee todo lo que necesitamos. Ser conscientes de lo inútiles e incapaces que somos en nosotros mismos nos saca de nuestro interior y nos lleva a Cristo, y así nos conduce al gozo.
Por lo tanto, el sabio pastor Newton no le dice a la creyente angustiada que Dios la ha hecho a ella capaz y fuerte para resistir el poder del pecado. Le dice que, si confía en Jesús, Su fuerza y Su gracia serán suficientes. Dios no nos pone en posesión de un nuevo poder espiritual. Nos pone en la amorosa posesión de Jesús (Ro 7:4), en cuyo poder y gracia confiamos continuamente por la fe.
¿Ves la diferencia? ¿Puedes ver cómo sentir dentro de nosotros mismos nuestra incapacidad alimenta tanto la humildad como la fe?
«Quizás estaríamos más satisfechos» —como dice Newton en una carta posterior a Lord Dartmouth— «si se nos dotara de una vez de una reserva o suficiencia, una porción inherente de sabiduría y poder, en la que pudiéramos confiar». En cambio, «Su propia gloria se manifiesta más plenamente, y nuestra seguridad queda mejor asegurada, al mantenernos bastante pobres y vacíos en nosotros mismos, y al proveernos de un momento a otro, según nuestra necesidad».
Así como los rayos crepusculares del sol atraviesan las nubes oscuras y nos deleitan con su gloria y gracia, así la gracia de Dios en Cristo solo se vuelve más dulce mientras más oscuros parezcan nuestros corazones.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Will Timmins
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/romanos-7-john-newton/
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