El mercado internacional del arroz comienza a mirar con mayor atención hacia 2027. La producción estadounidense de arroz largo vuelve a mostrar una reducción importante para la campaña 2026/27, mientras en el Mercosur también aparecen señales de menor superficie destinada al cultivo. El escenario no configura actualmente una crisis de abastecimiento, pero introduce nuevos factores de riesgo para los precios, el comercio regional y la disponibilidad del cereal en las Américas.
El dato central procede de las últimas estimaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). En su actualización de septiembre, la producción total estadounidense de arroz para 2026/27 fue estimada en 158,2 millones de hundredweight (cwt), unos 7,18 millones de toneladas de arroz en cáscara. La cifra representa una reducción de 0,2 millones de cwt respecto de la proyección anterior. Sin embargo, el comportamiento del arroz largo es bastante más significativo: su producción fue calculada en 103,5 millones de cwt, 3,2 millones menos que en la estimación previa.
La diferencia adquiere mayor importancia cuando se compara con el año anterior. La estimación actual implica que la producción estadounidense de arroz largo se encuentra aproximadamente un 32,5% por debajo del nivel de 2025 mencionado por Agrolink. La reducción está relacionada principalmente con una menor superficie cosechada, aunque el rendimiento promedio nacional fue revisado al alza. Para todo el arroz estadounidense, el USDA elevó el rendimiento previsto a 7.690 libras por acre, 46 libras más que en la estimación anterior.
La situación, sin embargo, tiene un elemento que evita hablar de una escasez inmediata. Los inventarios iniciales estadounidenses fueron revisados al alza hasta 58,4 millones de cwt y los stocks finales proyectados para 2026/27 aumentaron a 40,4 millones de cwt. Aun así, este último volumen representa una reducción del 31% respecto del año anterior. Es decir, Estados Unidos dispone de una reserva importante para amortiguar parcialmente la menor cosecha, pero el nivel de existencias continúa siendo considerablemente más ajustado que un año atrás.
El Mercosur también enfrenta una reducción de superficie
La preocupación adquiere una dimensión regional porque el Mercosur tampoco llega a la nueva campaña con señales de expansión del área arrocera.
En Rio Grande do Sul, principal estado productor de arroz de Brasil, el Instituto Rio-Grandense do Arroz (IRGA) trabaja con una intención de siembra de aproximadamente 861.800 hectáreas, un 3,4% menos que la superficie de referencia anterior. En la Fronteira Oeste, una de las principales zonas arroceras del estado, la reducción proyectada alcanza el 3,7%.
El movimiento no se limita a Brasil. Según el análisis de Agrolink, Paraguay y determinadas regiones productoras de Argentina también trabajan con menores superficies, mientras Uruguay evalúa una posible reducción del área destinada al cereal. La coincidencia de estas decisiones con la menor producción estadounidense de arroz largo coloca al mercado regional ante una situación que merece seguimiento durante toda la campaña 2026/27.
La cuestión será especialmente importante para los países que dependen de importaciones para complementar su consumo. Si la producción disminuye simultáneamente en varios mercados relevantes, la disponibilidad regional puede volverse más sensible a cualquier problema adicional de clima, rendimiento, logística o comercio exterior.
El clima será uno de los principales factores
La superficie sembrada es solamente una parte de la ecuación. También será determinante saber cuánto de esa superficie será efectivamente sembrada dentro de la ventana agrícola adecuada y cuál será el comportamiento del clima durante el desarrollo de los cultivos.
El mercado del Mercosur ya viene observando con atención la evolución del fenómeno El Niño para la campaña 2026/27. Análisis recientes del sector arrocero advierten que un evento fuerte puede modificar los patrones de lluvia y generar impactos distintos según la región. En Rio Grande do Sul y otras zonas productoras, una mayor disponibilidad de agua no necesariamente elimina los riesgos: lluvias excesivas, dificultades para ingresar a los campos y problemas durante determinadas etapas del cultivo también pueden afectar productividad y calidad.
Por eso, el comportamiento de las lluvias durante los próximos meses será seguido de cerca por productores, molinos, exportadores y organismos oficiales.
Brasil puede tener un papel decisivo
Para el Mercosur, Brasil tendrá una importancia particular. Rio Grande do Sul concentra una parte sustancial de la producción arrocera brasileña y mantiene una fuerte relación comercial con los mercados de los países vecinos.
Una eventual reducción de la cosecha brasileña podría modificar los flujos regionales de comercio. Si la producción estadounidense de arroz largo continúa ajustada y al mismo tiempo disminuye el área sembrada en los principales productores sudamericanos, compradores de otras regiones podrían competir por una oferta internacional más limitada.
No significa que necesariamente vaya a producirse un salto inmediato de precios. De hecho, el USDA aumentó las existencias iniciales estadounidenses y mantuvo una previsión de exportaciones de 78 millones de cwt. Pero sí significa que el margen de seguridad del mercado puede reducirse si aparecen nuevos problemas durante la campaña.
¿Qué puede pasar con los precios?
La relación entre menor producción y precios no es automática. El mercado también depende de inventarios, consumo, importaciones, exportaciones y producción de otros grandes países arroceros.
En Estados Unidos, por ejemplo, el USDA mantuvo en septiembre la previsión del precio promedio recibido por los productores en US$ 14,90 por cwt, pese a la reducción de la producción de arroz largo. El aumento de los stocks iniciales ayudó a compensar parcialmente el efecto de una cosecha menor.
A escala mundial, además, existen grandes productores capaces de alterar el equilibrio internacional. Por esa razón, el impacto sobre el Mercosur dependerá no solamente de lo que suceda en Estados Unidos, sino también de las cosechas de Asia, los niveles de existencias internacionales, la demanda de los países importadores y las condiciones comerciales.
Una alerta para 2027, no una crisis inmediata
El analista de la cadena arrocera Sergio Cardoso, citado por Agrolink, considera que los datos actuales no permiten hablar de una crisis de abastecimiento, pero sí justifican un seguimiento más cuidadoso del mercado. La combinación de menor superficie en varios países del Mercosur y una producción estadounidense de arroz largo considerablemente menor crea un escenario en el que cualquier deterioro adicional de la oferta puede adquirir mayor relevancia.
Los próximos meses serán decisivos. Habrá que observar el avance de la siembra sudamericana, las condiciones meteorológicas, los rendimientos obtenidos y la evolución de los precios internacionales. También será importante determinar si los productores modifican sus decisiones de superficie ante las nuevas señales del mercado.
Para los consumidores del Mercosur, el tema puede parecer distante porque comienza con cifras agrícolas de Estados Unidos, pero sus efectos pueden recorrer toda la cadena: productores, molinos, importadores, exportadores, supermercados y finalmente el precio que paga el consumidor. La menor producción de arroz largo en Estados Unidos no significa por sí sola que falte arroz en la región, pero coincide con una reducción de superficie en varios países del Mercosur y coloca a 2027 bajo una vigilancia mucho más estrecha.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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