Estados Unidos está impulsando una nueva estrategia energética en la que Venezuela ocupa un lugar cada vez más importante. La administración de Donald Trump busca aprovechar las enormes reservas petroleras venezolanas, recuperar capacidad de producción, incorporar nuevamente el carbón al circuito internacional y reconstruir la infraestructura eléctrica del país sudamericano, con el objetivo de ampliar la oferta energética del hemisferio occidental y reducir la vulnerabilidad frente a las interrupciones de suministro provenientes de Medio Oriente.
La propuesta fue expuesta este lunes por el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, durante las reuniones de energía del G20 que se desarrollan en Houston, Texas. Burgum sostuvo que los riesgos que actualmente amenazan las rutas energéticas de Medio Oriente están llevando a Washington a buscar una mayor concentración de recursos y capacidad de producción en el hemisferio occidental.
“Ante todas las dudas sobre posibles interrupciones del suministro en esa región, ese centro se está trasladando al hemisferio occidental”, afirmó Burgum, en una declaración que refleja la dimensión estratégica que Washington pretende otorgar a los recursos naturales de América Latina y, particularmente, a Venezuela.
Venezuela pasa a ocupar un lugar estratégico
La importancia de Venezuela está relacionada principalmente con su gigantesca dotación de hidrocarburos. El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y, pese al prolongado deterioro de su industria, continúa disponiendo de un potencial de producción muy superior al volumen que actualmente consigue extraer. Washington considera que la recuperación de esos campos puede contribuir a ampliar la oferta internacional y generar una fuente adicional de crudo para las refinerías estadounidenses.
El desafío es considerable. La producción venezolana se redujo drásticamente durante las últimas décadas como consecuencia de problemas de infraestructura, falta de inversiones, deterioro de instalaciones y las restricciones internacionales que afectaron a la industria petrolera. Reuters estima que la producción había caído hasta alrededor de 1,25 millones de barriles diarios, frente a más de tres millones de barriles diarios registrados a finales de la década de 1990.
La nueva estrategia estadounidense pretende revertir parte de esa situación mediante capital, tecnología, equipos y participación de empresas internacionales.
Un acuerdo petrolero de 25 años
La ofensiva energética se produce después del acuerdo alcanzado entre Washington y Caracas para reactivar la producción venezolana. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció a finales de agosto que el convenio tendrá una duración de 25 años y que contempla como objetivo inicial superar los 1,5 millones de barriles diarios de producción.
El acuerdo contempla el desarrollo de 17 campos petroleros estratégicos y posteriormente la incorporación de otros ocho bloques. Rodríguez calculó que, tomando como referencia un precio de 65 dólares por barril, el convenio podría representar alrededor de 209.000 millones de dólares en ingresos para Venezuela a lo largo del período previsto.
La magnitud del proyecto también explica el creciente interés de las grandes compañías energéticas. Chevron anunció un plan para invertir más de 7.000 millones de dólares en Venezuela durante los próximos cinco años, con el objetivo de elevar su producción conjunta en el país a más de 600.000 barriles diarios para 2031.
El petróleo no es el único objetivo
La estrategia de Washington es más amplia que la recuperación de los campos petroleros. Burgum destacó también el potencial del carbón venezolano, un recurso que durante años tuvo una importancia secundaria frente al petróleo.
Según el funcionario estadounidense, Washington analiza la posibilidad de incorporar nuevamente el carbón venezolano a los mercados internacionales. Pero existe otra utilización prevista: emplearlo para producir electricidad dentro del propio país mientras se reconstruye la deteriorada red eléctrica venezolana.
La administración Trump modificó este mes una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, para precisar que empresas estadounidenses pueden realizar determinadas operaciones con productores estatales venezolanos de carbón. La modificación abre una vía para que el sector vuelva a integrarse en los circuitos comerciales internacionales después de años de actividad limitada.
Reconstruir la electricidad para volver a producir
El problema energético venezolano no se limita a la producción de petróleo. La recuperación de la industria requiere también electricidad confiable, transporte, almacenamiento, puertos, oleoductos y otros servicios fundamentales.
Burgum señaló que la reconstrucción de la red eléctrica necesitará mayor disponibilidad de energía para atender el consumo interno. Esta cuestión resulta especialmente importante porque una expansión petrolera de gran escala no puede sostenerse sin una infraestructura energética capaz de alimentar instalaciones industriales, campos de producción y sistemas de transporte.
En paralelo, Venezuela ya firmó un memorando con la estadounidense GE Vernova para trabajar en la recuperación del sistema eléctrico nacional. La empresa planteó reforzar el sistema durante los próximos meses y continuar las inversiones técnicas durante los años siguientes.
La guerra con Irán acelera el giro energético
La apuesta por Venezuela ocurre en un momento particularmente delicado para el mercado mundial de energía. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha provocado graves alteraciones en las rutas de transporte de petróleo y gas del Golfo Pérsico.
El estrecho de Ormuz, por donde normalmente circula una parte significativa del petróleo y del gas natural licuado que abastecen los mercados internacionales, registra actualmente una reducción extraordinaria del tráfico. Reuters informó que el lunes solo cuatro buques de mercancías atravesaron el estrecho, frente a un promedio previo a la guerra de aproximadamente 125 tránsitos diarios.
La situación también ha provocado fuertes aumentos del precio del petróleo. El 15 de septiembre, el Brent superó los 106 dólares por barril después de nuevos ataques contra infraestructura energética saudí, mientras el WTI se ubicó por encima de los 102 dólares.
En este escenario, disponer de una fuente adicional de petróleo situada en el hemisferio occidental adquiere una importancia estratégica para Washington.
Trump relaciona Venezuela e Irán
El propio presidente Donald Trump vinculó públicamente ambos escenarios. El domingo afirmó que Estados Unidos eventualmente abandonaría Irán, aunque dejó abierta la posibilidad de permanecer allí para obtener petróleo, utilizando como referencia el modelo aplicado en Venezuela.
La declaración muestra hasta qué punto los recursos energéticos están integrados actualmente en la estrategia exterior de Washington. El petróleo dejó de ser únicamente una cuestión comercial y volvió a ocupar un lugar central en la política de seguridad nacional estadounidense.
¿Puede Venezuela convertirse realmente en un nuevo gran centro energético?
El potencial existe, pero la transformación no será inmediata. Venezuela necesita enormes inversiones para recuperar campos petroleros, reparar instalaciones, modernizar refinerías, reconstruir infraestructura eléctrica y recuperar capacidad logística.
El interés empresarial, sin embargo, ya comenzó a materializarse. Empresas estadounidenses están enviando equipos usados y maquinaria petrolera hacia Venezuela ante las expectativas de una expansión de la producción. Reuters informó que compañías están adquiriendo plataformas, bombas, camiones y otros equipos destinados a zonas como el lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco.
El objetivo estadounidense tampoco se limita a garantizar petróleo para su propio mercado. La estrategia busca construir una red energética continental más amplia, capaz de ofrecer una alternativa frente a las zonas productoras y rutas de transporte consideradas actualmente vulnerables.
Venezuela vuelve así a ocupar una posición estratégica en el tablero energético mundial. La combinación de sus enormes reservas, la inversión estadounidense, la expansión de Chevron, la recuperación de la infraestructura eléctrica y la crisis de suministro provocada por la guerra en Medio Oriente podría convertir al país en uno de los principales proyectos de reconstrucción energética del mundo.
Pero el resultado dependerá de algo más que del volumen de petróleo bajo tierra. Venezuela deberá recuperar infraestructura, atraer capital durante años, garantizar seguridad jurídica y mantener una producción estable. Si esos factores convergen, el país podría recuperar una parte importante de su antiguo peso petrolero y convertirse en un proveedor estratégico del hemisferio occidental. Para Washington, el objetivo es aún mayor: construir una alternativa energética americana capaz de reducir la exposición de Estados Unidos y sus aliados a las crisis de Medio Oriente.
Foto: REUTERS / Elizabeth Frantz / Infobae
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