Venezuela vuelve a colocar su gigantesco potencial petrolero en el centro de la agenda internacional, pero la recuperación de su industria enfrenta un desafío que va mucho más allá de conseguir capital. El abogado, profesor y exparlamentario venezolano Jesús Eduardo Troconis Heredia sostiene que el país necesita reconstruir la confianza institucional, garantizar seguridad jurídica y establecer reglas previsibles para atraer inversiones de largo plazo. Sus planteamientos adquieren especial relevancia en momentos en que empresas internacionales vuelven a evaluar oportunidades en el sector energético venezolano.
Troconis, doctorado en Derecho por la Universidad de París y exdiputado durante 15 años, con participación en las comisiones de Energía y Petróleo, Política Exterior y Economía, considera fundamental comprender primero el régimen jurídico de los hidrocarburos venezolanos. Según explica, los contratos petroleros no significan que el Estado transfiera la propiedad de los recursos del subsuelo: el Estado conserva esa propiedad y las empresas obtienen derechos para participar en actividades de explotación bajo determinadas condiciones.
Esta cuestión jurídica adquiere mayor importancia ante la nueva etapa de cooperación energética entre Venezuela y Estados Unidos. En las últimas semanas se anunciaron acuerdos destinados a ampliar la producción petrolera y atraer inversiones internacionales, con participación de compañías como Chevron, Eni y GE Vernova. El Gobierno estadounidense sostiene que los nuevos acuerdos permitirán movilizar inversiones y modernizar parte de la infraestructura energética venezolana.
El escenario también generó un debate sobre la propiedad de los recursos. Mientras Washington presentó el acuerdo como una operación que otorgaría a Estados Unidos una posición mayoritaria sobre enormes reservas probadas venezolanas, Caracas insistió posteriormente en que el Estado venezolano mantiene el control y la propiedad de los hidrocarburos existentes en el subsuelo. Esta diferencia de interpretaciones demuestra por qué el marco jurídico y la claridad contractual serán determinantes para atraer inversiones sostenibles.
Para Troconis, la recuperación petrolera tampoco puede reducirse a perforar nuevos pozos. Venezuela necesita tecnología, infraestructura, financiamiento, personal especializado y empresas capaces de ejecutar proyectos de gran escala. La industria perdió capacidad productiva durante años y actualmente se encuentra muy lejos de los niveles superiores a tres millones de barriles diarios que llegó a registrar a finales de los años noventa. Reuters sitúa la producción reciente alrededor de 1,25 millones de barriles diarios, lo que muestra la magnitud del desafío.
El experto considera que la participación de compañías internacionales puede aportar precisamente aquello que Venezuela necesita para acelerar la recuperación: capital, conocimiento técnico y transferencia tecnológica. Empresas como Chevron, Shell y Total cuentan con experiencia histórica en el sector venezolano, aunque cualquier nuevo proceso de inversión tendrá que desarrollarse dentro de reglas capaces de ofrecer garantías tanto al Estado como a los inversores privados.
La discusión petrolera también tiene una dimensión geopolítica. Troconis vincula la recuperación económica con la necesidad de reconstruir las relaciones internacionales de Venezuela y prestar especial atención a asuntos estratégicos como la controversia territorial con Guyana por el Esequibo, una zona que además tiene enorme importancia energética. Desde su perspectiva, la cooperación internacional y la estabilidad institucional pueden convertirse en instrumentos para reducir tensiones y favorecer proyectos de desarrollo regional.
El contexto internacional está cambiando rápidamente. La reapertura de oportunidades para empresas extranjeras ya está generando movimiento en torno a Venezuela: Reuters informó recientemente sobre un aumento de las exportaciones estadounidenses de equipos petroleros usados hacia el país, impulsado por las expectativas de una recuperación de la producción. Empresas están enviando plataformas, bombas, camiones y otros equipos hacia zonas petroleras como Maracaibo y la Faja del Orinoco.
Pero existe una condición que puede resultar tan importante como el petróleo mismo: la confianza. Para el exparlamentario, Venezuela necesita instituciones capaces de garantizar el cumplimiento de los contratos, un sistema judicial independiente y procesos políticos que permitan recuperar legitimidad. En su planteamiento, la reconstrucción económica no puede separarse de la reconstrucción institucional.
Troconis sostiene además que el país necesita elecciones libres, un organismo electoral confiable y un Poder Judicial independiente. Su argumento es que ningún gran proyecto energético puede desarrollarse de manera sostenible si los inversores perciben que las reglas pueden cambiar por decisiones políticas o que los contratos pueden quedar expuestos a disputas institucionales.
El desafío, por tanto, no consiste solamente en volver a producir más petróleo. Venezuela debe demostrar que puede ofrecer un entorno donde el capital internacional tenga previsibilidad, donde exista transferencia de tecnología y donde los ingresos derivados de los hidrocarburos puedan convertirse en infraestructura, empleo y recuperación económica. En un país con algunas de las mayores reservas petroleras del mundo, la cuestión central ya no es únicamente cuánto petróleo existe, sino qué condiciones políticas, jurídicas y económicas permitirán transformarlo nuevamente en desarrollo nacional.
La oportunidad es considerable, pero también lo son los riesgos. Los nuevos acuerdos energéticos han abierto una puerta para el regreso de grandes inversiones, mientras persisten interrogantes sobre gobernanza, contratos, propiedad, sanciones, relaciones internacionales y seguridad jurídica. La recuperación de la industria petrolera venezolana dependerá, en última instancia, de que el país consiga transformar sus enormes reservas en un proyecto energético estable, transparente y capaz de generar confianza durante décadas.
Foto: EFE / Archivo
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