El sistema financiero venezolano enfrenta una nueva tensión. Mientras el Gobierno de Nicolás Maduro se prepara para aumentar la ejecución del gasto público y colocar más bolívares en circulación, las recientes medidas del Banco Central de Venezuela (BCV) podrían provocar una reducción del crédito disponible para empresas y hogares, precisamente cuando la economía necesita financiamiento para inversión, capital de trabajo y consumo. El escenario fue advertido por el economista Asdrúbal Oliveros.
La preocupación surge a partir de cambios comunicados por el BCV al sistema bancario durante una reunión mantenida la semana pasada con representantes de las entidades financieras. Según Oliveros, el aumento del costo asociado a los déficits de encaje y de las tasas mínimas encarece la intermediación financiera y puede llevar a los bancos a adoptar una posición más restrictiva a la hora de otorgar nuevos préstamos.
El problema adquiere mayor dimensión porque el crédito venezolano ya representa una proporción reducida del financiamiento de la economía. En ese contexto, un encarecimiento adicional de los préstamos podría afectar tanto a las compañías que necesitan recursos para mantener o ampliar sus operaciones como a las familias que dependen del financiamiento para consumo, adquisición de bienes o cubrir necesidades inmediatas.
La estrategia monetaria también está relacionada con el mercado cambiario. De acuerdo con Oliveros, el BCV estaría intentando absorber liquidez y hacer más costoso el crédito para contener las presiones sobre el tipo de cambio y reducir la brecha cambiaria. El objetivo sería evitar que una mayor cantidad de bolívares en circulación se traduzca en una demanda adicional de divisas y, eventualmente, en una mayor presión sobre el valor de la moneda.
Pero existe una contradicción económica importante. Mientras se intenta contener la presión cambiaria restringiendo el financiamiento privado, el Gobierno podría incrementar el gasto público, lo que introduciría nuevos bolívares en la economía. Oliveros considera que esta combinación —más gasto estatal, menor oferta de crédito y menor disponibilidad de divisas— puede generar nuevas tensiones sobre el mercado cambiario.
Otro elemento señalado por el economista es la disponibilidad de dólares. La asignación de divisas prevista para septiembre se ubicaría en torno a los US$1.400 millones, una cifra inferior al promedio liquidado durante el trimestre anterior. Para Oliveros, la combinación de una menor oferta de divisas con una potencial expansión de los bolívares aumenta la importancia de las decisiones que adopte el BCV durante los próximos meses.
Para las empresas, una reducción del crédito puede tener consecuencias directas sobre el capital de trabajo. Las compañías necesitan financiamiento para comprar insumos, pagar proveedores, mantener inventarios, importar productos, invertir en maquinaria o ampliar su capacidad productiva. Cuando los préstamos se vuelven más caros o difíciles de obtener, las empresas pueden verse obligadas a reducir inversiones o recurrir a recursos propios.
En el caso de los hogares, el efecto puede trasladarse al consumo y al endeudamiento. Menos disponibilidad de préstamos significa menor capacidad para financiar determinadas compras, mientras que tasas más elevadas aumentan el costo de asumir nuevas obligaciones. En una economía donde los ingresos de las familias ya enfrentan presiones, el encarecimiento del financiamiento puede convertirse en un obstáculo adicional.
Sin embargo, la decisión también responde a una preocupación concreta de estabilidad monetaria. Si el BCV considera que existe un exceso de liquidez que puede trasladarse rápidamente al mercado cambiario, restringir el crédito constituye uno de los mecanismos disponibles para reducir la velocidad con la que el dinero llega a la economía. El problema es encontrar un equilibrio entre defender la estabilidad cambiaria y mantener suficiente financiamiento para que las empresas y consumidores puedan sostener la actividad económica.
La banca venezolana, por su parte, tendría que operar en un escenario más selectivo. Los mayores costos regulatorios y financieros pueden incentivar a las entidades a priorizar a clientes con menor riesgo y proyectos con mejores garantías, dejando fuera del sistema a pequeñas empresas o personas con menor capacidad de respaldo.
La discusión, por tanto, va mucho más allá de cuánto dinero prestarán los bancos. Lo que está en juego es cómo Venezuela intentará manejar simultáneamente el gasto público, la liquidez, el tipo de cambio, las divisas y el financiamiento privado. Una política que logre contener temporalmente la presión cambiaria, pero que reduzca demasiado el crédito, podría terminar limitando la inversión y el consumo.
Por ahora, las advertencias corresponden a las proyecciones realizadas por Oliveros y no significan que todos los créditos vayan a desaparecer ni que todas las entidades bancarias vayan a aplicar exactamente la misma política. El impacto dependerá de cómo se implementen las nuevas condiciones del BCV y de las decisiones que adopte cada institución financiera.
Venezuela entra así en una nueva etapa de tensión entre estabilidad monetaria y crecimiento. El Gobierno busca disponer de recursos para aumentar el gasto público y, al mismo tiempo, contener la presión sobre el mercado cambiario. Pero el costo potencial de esa estrategia podría recaer sobre empresas y hogares si el sistema bancario termina reduciendo todavía más el financiamiento disponible.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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