Corea del Sur se encuentra ante una de las decisiones de política exterior y defensa más delicadas de la administración del presidente Lee Jae-myung. Washington presiona para que Seúl contribuya a garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz, escenario de una creciente confrontación entre Estados Unidos e Irán, pero el Gobierno surcoreano insiste en que todavía no existe una decisión definitiva sobre el envío de tropas o activos militares.
La discusión adquirió una nueva dimensión después de que Seúl enviara un equipo del Ministerio de Defensa a Emiratos Árabes Unidos para evaluar directamente la situación de seguridad en la región. La delegación salió hacia Emiratos durante el fin de semana y deberá presentar sus conclusiones al Consejo de Seguridad Nacional. El Ministerio de Defensa sostiene que la misión forma parte de la evaluación de las distintas posibilidades y que no fue enviada bajo una decisión previamente adoptada de desplegar militares.
El Gobierno surcoreano volvió a insistir este 9 de septiembre en que no ha definido si enviará tropas a Ormuz. Seong Ghi-hong, secretario presidencial sénior de Relaciones Públicas y Comunicación, afirmó que la política todavía está siendo estudiada y que la administración analiza cuidadosamente las alternativas disponibles. La declaración busca contener las versiones que daban por prácticamente decidido un despliegue.
La presión estadounidense, sin embargo, coloca a Seúl ante un difícil equilibrio. El presidente Donald Trump ha reclamado reiteradamente una mayor participación de Corea del Sur en los esfuerzos para garantizar la navegación en Ormuz y ha criticado la reticencia surcoreana a involucrarse militarmente en el conflicto con Irán. La cuestión se ha convertido además en un asunto sensible dentro de la propia alianza entre Washington y Seúl.
Un estrecho vital para la economía surcoreana
La importancia de Ormuz para Corea del Sur no es solamente militar o diplomática. El estrecho constituye una de las principales rutas energéticas del planeta y resulta especialmente importante para la economía surcoreana.
Según datos citados por Reuters, Corea del Sur obtuvo el año pasado a través de Ormuz el 61% de sus importaciones de petróleo crudo y el 54% de sus importaciones de nafta. Cualquier interrupción prolongada del tránsito marítimo puede repercutir directamente sobre los costos energéticos, el transporte, la industria petroquímica y otros sectores fundamentales de la economía del país.
Esta dependencia explica por qué Seúl tiene un interés directo en recuperar la libertad de navegación, incluso aunque no quiera convertirse en un participante directo de la guerra entre Washington y Teherán.
La disyuntiva consiste precisamente en determinar cómo ayudar a proteger sus intereses energéticos sin quedar involucrada militarmente en una confrontación que podría ampliar sus riesgos regionales.
Seúl analiza opciones que no necesariamente implican combate
Las alternativas estudiadas por Corea del Sur no se limitan al envío de un contingente de combate. Entre las posibilidades mencionadas figuran medios de vigilancia marítima, equipos especializados en detección y neutralización de minas, sistemas no tripulados y unidades destinadas a búsqueda y rescate.
La fórmula permitiría a Seúl contribuir a la seguridad marítima sin asumir necesariamente una participación directa en operaciones ofensivas. Sin embargo, incluso una misión de carácter defensivo podría tener consecuencias diplomáticas importantes porque Irán ha advertido que una participación surcoreana en una operación liderada por Estados Unidos podría ser interpretada como apoyo a Washington.
Teherán ya ha mantenido abiertos canales de comunicación con Seúl para conocer sus intenciones. El Gobierno surcoreano ha respondido que el asunto continúa bajo revisión y que no existe una decisión tomada.
Francia también entra en el cálculo diplomático
La cuestión de Ormuz fue abordada esta semana durante la visita de Estado de Lee Jae-myung a Francia. El presidente surcoreano y Emmanuel Macron conversaron sobre seguridad marítima y libertad de navegación.
Seúl aclaró posteriormente que la conversación con Macron no significó un acuerdo para desplegar tropas. Según la Presidencia surcoreana, ambos países acordaron mantener una estrecha coordinación para contribuir a restablecer rápidamente la libertad de navegación en Ormuz y la estabilidad de las cadenas globales de suministro.
El matiz es importante: Corea del Sur intenta construir una respuesta internacional al problema de navegación sin comprometerse necesariamente con una operación militar estadounidense.
Una decisión que también divide a la sociedad surcoreana
El Gobierno debe considerar además el costo político interno. Sectores del oficialismo y grupos civiles se han manifestado contra el envío de militares a una zona de guerra. Una encuesta de Gallup Korea citada por Yonhap registró 55% de oposición al envío de un buque de guerra al estrecho.
La legislación surcoreana establece que cualquier despliegue de fuerzas militares en el exterior requiere autorización de la Asamblea Nacional. Por ello, incluso si la Presidencia decidiera avanzar, el Gobierno tendría que afrontar un debate parlamentario potencialmente complejo.
Para Lee Jae-myung, la decisión también implica administrar simultáneamente tres relaciones estratégicas: mantener la alianza de seguridad con Estados Unidos, evitar un deterioro de los vínculos con Irán y responder a las necesidades energéticas de una economía altamente dependiente del comercio marítimo.
El conflicto de Ormuz eleva todavía más los riesgos
La decisión surcoreana llega en un momento particularmente peligroso. La confrontación entre Estados Unidos e Irán se ha intensificado nuevamente y el estrecho se encuentra en el centro de una disputa que amenaza el suministro mundial de petróleo.
Los precios internacionales del crudo ya han superado los 100 dólares por barril, mientras el volumen de petróleo que atraviesa Ormuz se ha reducido drásticamente como consecuencia de las hostilidades.
Además, los enfrentamientos se han extendido a otros puntos de la región. Irán ha atacado objetivos relacionados con Estados Unidos y ha amenazado con restringir todavía más la navegación, mientras grupos respaldados por Teherán han atacado infraestructura energética en Arabia Saudita. La crisis, por tanto, dejó de ser exclusivamente una disputa localizada entre Washington y Teherán y comenzó a afectar directamente a las rutas energéticas internacionales.
Seúl intenta evitar una decisión irreversible
Por ahora, Corea del Sur mantiene abierta la puerta a diferentes escenarios. Puede participar en operaciones internacionales de seguridad marítima, limitarse a tareas de vigilancia y rescate o eventualmente considerar un despliegue militar más amplio. Ninguna de esas alternativas ha sido aprobada definitivamente.
El equipo enviado a Emiratos Árabes Unidos permitirá al Gobierno disponer de información de primera mano antes de adoptar una posición. Mientras tanto, Seúl mantiene sus canales diplomáticos con Irán y continúa coordinando con Estados Unidos, Francia, Reino Unido y otros países interesados en garantizar la navegación.
La encrucijada para Lee Jae-myung es particularmente delicada: Corea del Sur necesita que el estrecho de Ormuz permanezca abierto para proteger su economía y su suministro energético, pero enviar tropas podría convertirla en parte directa de un conflicto que hasta ahora intenta evitar. Para Seúl, la pregunta ya no es simplemente si debe ayudar a Estados Unidos, sino hasta dónde puede hacerlo sin poner en riesgo sus propios intereses estratégicos.
Foto: Yonhap / ABC Color
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