Una señal preocupante surgió tras dos décadas de observaciones científicas en un bosque del noreste de Estados Unidos: un ecosistema que durante años funcionó como un importante sumidero de carbono comenzó a absorber cada vez menos dióxido de carbono y, en varios años recientes, llegó a liberar más del que retenía. El hallazgo plantea interrogantes sobre el futuro de una de las defensas naturales más importantes del planeta frente al calentamiento global.
La investigación fue realizada en el Bosque Experimental de Bartlett, en el estado de Nuevo Hampshire, y analizó el comportamiento del ecosistema entre 2004 y 2023. Los científicos de la Universidad del Norte de Arizona siguieron durante 20 años el intercambio de carbono entre el bosque y la atmósfera mediante una torre de 26,5 metros equipada con instrumentos que registraron de manera continua variables como el dióxido de carbono, la temperatura, el vapor de agua y el movimiento del viento.
De aliado climático a emisor de carbono
Los bosques cumplen una función fundamental para el equilibrio climático. Los árboles absorben CO₂ durante la fotosíntesis y almacenan parte de ese carbono en sus troncos, raíces y suelos. Mientras absorben más carbono del que liberan, funcionan como sumideros de carbono, ayudando a reducir la cantidad de gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera.
Sin embargo, las mediciones revelaron una tendencia descendente. En 2007, el bosque llegó a captar alrededor de 325 gramos de carbono por metro cuadrado. En cambio, en 2021, 2022 y 2023, el balance se invirtió y el ecosistema liberó más carbono del que absorbió. El estudio registró emisiones netas de 22 gramos por metro cuadrado en 2021, 120 gramos en 2022 y 15 gramos en 2023.
El resultado no significa que todos los bosques del planeta hayan dejado de absorber carbono. Se trata de una investigación realizada en un ecosistema específico, pero la tendencia preocupa porque podría anticipar problemas que afecten a otros bosques maduros sometidos simultáneamente al envejecimiento y al cambio climático.
El problema no fue la fotosíntesis
Uno de los aspectos más sorprendentes para los investigadores fue descubrir que la disminución del sumidero de carbono no se debió principalmente a una fuerte caída de la fotosíntesis. El problema estuvo en el aumento de la llamada respiración del ecosistema.
Las plantas, las raíces y los microorganismos del suelo también liberan dióxido de carbono. Cuando los microorganismos descomponen la materia orgánica, parte del carbono almacenado vuelve a la atmósfera. Durante las últimas dos décadas, este proceso aumentó hasta superar la capacidad de absorción del bosque.
Los científicos identificaron como uno de los principales factores el calentamiento de los meses fríos. Las temperaturas del suelo durante enero, febrero y marzo aumentaron progresivamente durante el período estudiado. Los inviernos más cálidos prolongan la actividad biológica de raíces y microorganismos en una época en la que tradicionalmente el bosque permanecía mucho más inactivo.
En términos simples: el bosque continuó trabajando durante el invierno y, al hacerlo, liberó más carbono.
Una advertencia que llega también a América del Sur
La preocupación tiene especial importancia para Sudamérica, donde se encuentran algunos de los ecosistemas forestales más importantes del planeta. Una investigación publicada recientemente en Nature Communications también detectó una disminución a largo plazo de la capacidad de almacenamiento de carbono sobre el suelo en bosques tropicales y subtropicales de Brasil.
La Amazonía, por su parte, ha mostrado una creciente vulnerabilidad frente a las sequías extremas. Un estudio sobre la sequía de 2023 determinó que la reducción de la absorción de carbono por la vegetación contribuyó a que grandes áreas de la región amazónica se comportaran temporalmente como una fuente débil de carbono.
Estas investigaciones no significan que el futuro de todos los bosques esté definido. Pero sí refuerzan una advertencia científica: la capacidad de la naturaleza para compensar parte de las emisiones humanas no es ilimitada.
El riesgo de un círculo climático peligroso
La pérdida de capacidad de los bosques para almacenar carbono podría crear un efecto preocupante. Si los ecosistemas absorben menos CO₂, una mayor cantidad permanece en la atmósfera. Esto puede intensificar el calentamiento global, elevar las temperaturas y aumentar todavía más el estrés sobre los propios bosques.
Sequías, incendios, temperaturas extremas y degradación del suelo pueden agravar el problema. Una investigación publicada el 1 de septiembre de 2026 en Nature Geoscience advirtió, además, que las sequías que agotan simultáneamente distintas capas del suelo están aumentando en más de la mitad de las tierras del planeta, reduciendo la capacidad de los ecosistemas para resistir períodos prolongados sin agua.
Durante décadas, la humanidad ha contado con los bosques como aliados silenciosos en la lucha contra el cambio climático. Ahora, las mediciones de largo plazo comienzan a mostrar que algunos de esos aliados podrían estar llegando a un límite. El gran desafío será determinar cuán extendido está este fenómeno y si todavía es posible proteger y recuperar la capacidad de los ecosistemas para seguir almacenando el carbono que amenaza el equilibrio climático del planeta.
Foto: Infobae / Imagen ilustrativa
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