El hierro es indispensable para la vida, pero dentro de una célula puede convertirse en un elemento peligroso cuando se acumula en su forma químicamente reactiva. Un estudio realizado por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) identificó ahora un mecanismo de defensa hasta ahora desconocido: pequeñas moléculas llamadas poliaminas actúan como una especie de sistema de almacenamiento que mantiene el hierro en una condición segura y evita que provoque daños en componentes esenciales de la célula. El hallazgo abre nuevas perspectivas para la investigación del cáncer, el envejecimiento y algunas enfermedades neurodegenerativas, incluido el Parkinson de inicio temprano.
El hierro participa en funciones fundamentales, entre ellas la producción de energía y múltiples reacciones químicas necesarias para la supervivencia. Sin embargo, cuando existe demasiado hierro libre y reactivo, puede desencadenar procesos capaces de dañar el ADN, las proteínas y las membranas celulares. La investigación, publicada en la revista científica Cell, fue liderada por Ankur Jain, Whitney Henry y Pushkal Sharma, investigadores vinculados al MIT, el Whitehead Institute y el Koch Institute.
El misterio de las poliaminas
Las poliaminas son moléculas pequeñas y muy abundantes en prácticamente todas las células. Hasta ahora eran conocidas principalmente por su relación con el ARN y con procesos esenciales para el crecimiento y la división celular. Sin embargo, los científicos llevaban décadas preguntándose por qué las células mantienen cantidades tan elevadas de estas sustancias, comparables a las concentraciones de ATP, una de las principales moléculas utilizadas para almacenar y transferir energía.
El nuevo estudio propone una respuesta: las poliaminas ayudan a neutralizar el hierro reactivo. En lugar de permitir que el metal permanezca libre y participe en reacciones potencialmente destructivas, estas moléculas contribuyen a mantenerlo en un estado químicamente seguro hasta que la célula lo necesita.
Una investigación que analizó todo el genoma
Para descubrir esta función, el equipo utilizó un método de análisis genético a gran escala. En vez de estudiar un gen tras otro, los investigadores examinaron de manera amplia qué procesos se modificaban cuando disminuían los niveles de poliaminas dentro de las células.
Uno de los resultados llamó especialmente la atención: cuando las poliaminas escaseaban, una proteína denominada GPX4 se volvía esencial para la supervivencia celular. Esta proteína protege las membranas frente a reacciones que pueden destruir sus componentes grasos. Los científicos también observaron un aumento de otras proteínas capaces de almacenar hierro en formas menos peligrosas.
Estas pistas llevaron a una nueva hipótesis: las poliaminas podían formar parte de un sistema celular destinado a impedir que el hierro alcanzara niveles tóxicos.
Un sensor permitió observar el hierro en tiempo real
Para comprobarlo, los investigadores desarrollaron una nueva herramienta: un sensor fluorescente capaz de detectar hierro químicamente reactivo dentro de células vivas.
El sistema permite que las células emitan señales luminosas de acuerdo con la cantidad de hierro reactivo presente en su interior. Al combinar este sensor con otro diseñado para medir los niveles de poliaminas, los científicos observaron una relación directa: cuando las poliaminas disminuían, el hierro reactivo aumentaba.
El resultado ayuda a explicar un fenómeno que hasta ahora permanecía parcialmente sin respuesta. Las células no mantienen grandes cantidades de poliaminas únicamente para sus funciones conocidas relacionadas con el ARN: estas moléculas también parecen desempeñar un papel decisivo en la defensa frente a la toxicidad provocada por el hierro.
¿Por qué el exceso de hierro puede ser peligroso?
El problema no es simplemente la cantidad total de hierro presente en el organismo. La clave está en su estado químico y en el lugar donde se encuentra.
El hierro libre puede participar en reacciones que generan moléculas altamente reactivas. Estas sustancias pueden atacar estructuras esenciales de la célula y producir un fenómeno conocido como estrés oxidativo.
Cuando el daño alcanza determinados componentes de las membranas celulares, puede desencadenarse una forma particular de muerte celular llamada ferroptosis, relacionada con el metabolismo del hierro y la oxidación de los lípidos.
Precisamente por esa razón, la proteína GPX4 adquirió tanta importancia en la investigación. Si las poliaminas disminuyen y aumenta el hierro reactivo, la célula parece depender aún más de GPX4 para protegerse de los daños provocados por esas reacciones.
Una posible nueva estrategia contra el cáncer
El descubrimiento podría tener importantes aplicaciones en oncología. Muchas células cancerosas mantienen niveles elevados de poliaminas, una característica asociada a su rápido crecimiento y división.
Durante años se han investigado medicamentos destinados a reducir estas moléculas. Sin embargo, atacar únicamente esa vía no siempre ha producido los resultados esperados.
La nueva investigación plantea una posibilidad diferente: combinar la reducción de poliaminas con el bloqueo de GPX4. La hipótesis es que, al disminuir las poliaminas, aumentaría la vulnerabilidad de las células cancerosas frente al hierro reactivo; si simultáneamente se inhibe GPX4, también se debilitaría otro mecanismo de protección.
Esto podría empujar a determinadas células tumorales hacia una muerte celular provocada por la toxicidad del hierro. No obstante, se trata todavía de una línea de investigación y no de un tratamiento disponible actualmente para pacientes.
La conexión con el Parkinson de inicio temprano
El estudio también podría ayudar a comprender una antigua observación relacionada con enfermedades neurodegenerativas.
Los científicos saben que determinadas mutaciones que afectan el transporte de poliaminas dentro de las células están relacionadas con formas raras de Parkinson de inicio temprano. Además, se han detectado niveles elevados de hierro en determinadas regiones del cerebro de pacientes con Parkinson.
Todavía no está demostrado que el exceso de hierro sea una causa directa de la muerte de las neuronas. Sin embargo, el descubrimiento de que las poliaminas pueden amortiguar el hierro reactivo ofrece una posible explicación biológica para investigar esa relación con mayor profundidad.
Un nuevo camino para estudiar el envejecimiento y otras enfermedades
El sensor fluorescente creado por los investigadores podría convertirse, además, en una herramienta importante para futuros estudios. Poder observar el hierro reactivo dentro de células vivas y seguir sus cambios en tiempo real permitirá investigar con mayor precisión procesos relacionados con el envejecimiento, el cáncer y la neurodegeneración.
Otros estudios recientes también han demostrado que la sobrecarga de hierro puede afectar la función de las mitocondrias, las estructuras responsables de una parte fundamental de la producción de energía celular. En modelos de sobrecarga crónica, los investigadores han observado alteraciones metabólicas y aumento del estrés oxidativo, lo que refuerza la importancia de comprender cómo las células controlan este metal.
El descubrimiento del MIT no significa que se haya encontrado una cura contra el cáncer o el Parkinson. Su importancia está en otro punto: revela un mecanismo fundamental que ayuda a explicar cómo las células mantienen bajo control un elemento indispensable para la vida, pero potencialmente destructivo cuando queda libre en exceso.
La investigación abre una nueva ventana sobre la biología del hierro y demuestra que algunas de las moléculas más abundantes y aparentemente conocidas de nuestras células todavía pueden guardar secretos decisivos. Comprender cómo funcionan estos mecanismos podría, en el futuro, contribuir al desarrollo de tratamientos más precisos contra enfermedades en las que el equilibrio del hierro desempeña un papel fundamental.
Foto: MIT News / Whitehead Institute
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