La orina de los gatos no solo cumple una función biológica: también puede actuar como una auténtica tarjeta de identidad química. Un reciente estudio científico descubrió que diminutas reservas de grasa presentes en los riñones ayudan a conservar sustancias que permiten a cada felino dejar una señal olorosa particular y relativamente estable en el ambiente.
La investigación, publicada en la revista científica Current Biology, identificó 13 ácidos grasos de cadena ramificada presentes en la orina felina. La combinación y proporción de estas sustancias varían entre los animales, formando perfiles químicos que pueden funcionar como una especie de firma individual.
Un misterio de más de un siglo en los riñones de los gatos
Los científicos centraron su atención en unas pequeñas gotas de lípidos localizadas en la corteza renal. Su función había sido poco comprendida durante décadas. El nuevo trabajo indica que estas reservas podrían almacenar compuestos ricos en ácidos grasos y liberarlos de forma que contribuyan a mantener una identidad química reconocible en la orina.
Esto ayuda a resolver una pregunta fundamental sobre la comunicación animal: ¿cómo puede una marca de olor seguir transmitiendo información si sus componentes cambian o se degradan con el paso del tiempo?
Según los resultados, estos ácidos grasos presentan perfiles distintivos entre individuos y muestran una mayor estabilidad que muchas otras sustancias volátiles presentes en la orina. De esta manera, el olor puede conservar información sobre el animal incluso después de que parte de la humedad original se haya evaporado.
Los gatos pueden reconocer quién dejó el mensaje
Los investigadores realizaron también pruebas de comportamiento para comprobar cómo reaccionaban los felinos ante diferentes muestras.
Los resultados indicaron que los gatos pueden distinguir diferencias entre las señales químicas dejadas por distintos individuos. Una de las respuestas observadas fue el conocido reflejo de Flehmen, cuando el animal entreabre la boca para analizar determinadas sustancias mediante un sistema sensorial especializado.
En términos simples, para un gato una marca de olor puede contener mucha más información de la que percibe el olfato humano.
La orina podría decirle quién estuvo allí, si el olor pertenece a un animal conocido o desconocido y, posiblemente, aportar información relevante para la interacción territorial y social.
Pero ¿por qué el pis de gato huele tan fuerte para los humanos?
Aquí es importante diferenciar dos fenómenos.
La nueva investigación explica principalmente cómo ciertas señales químicas pueden ayudar a conservar una identidad individual en la orina. Sin embargo, el olor penetrante que resulta desagradable para muchas personas también está relacionado con otros compuestos.
Estudios anteriores han identificado la felinina, una sustancia característica de la orina de los gatos, y productos derivados que pueden generar compuestos sulfurados de olor intenso. A esto se suma la producción de amoníaco durante la degradación de la orina.
Por tanto, la intensidad del olor y la capacidad de transmitir una identidad química no son exactamente el mismo fenómeno, aunque ambos forman parte del extraordinario sistema de comunicación olfativa de los felinos.
Una especie de documento de identidad invisible
La investigación analizó muestras de decenas de gatos y encontró que las combinaciones químicas podían diferenciarse entre individuos. Los científicos consideran que estas sustancias actúan como señales relativamente duraderas, algo fundamental para un animal que necesita comunicarse incluso cuando ya abandonó un lugar.
Un gato puede dejar una señal en un territorio y otro felino puede llegar posteriormente. Sin necesidad de encontrarse cara a cara, ambos animales pueden intercambiar información a través de la química.
Es una forma de comunicación silenciosa que funciona a través del tiempo y la distancia.
El descubrimiento también podría tener importancia para comprender mejor la evolución de los felinos. Los investigadores detectaron indicios de sistemas relacionados en otros miembros de la familia Felidae, lo que sugiere que esta estrategia química podría tener una historia evolutiva más amplia.
Una investigación que podría tener aplicaciones médicas
El estudio abre además nuevas preguntas sobre el funcionamiento de los riñones de los gatos. La presencia de estas reservas de lípidos había sido observada desde hace mucho tiempo, pero su papel exacto seguía sin estar claro.
Ahora los científicos deberán investigar si este mecanismo tiene alguna relación con otros procesos de la salud renal felina. La enfermedad renal crónica es un problema frecuente en los gatos, por lo que comprender mejor la biología de estos órganos podría tener interés más allá del estudio de los olores.
El olor que para los humanos puede resultar simplemente desagradable podría ser, en realidad, un complejo mensaje químico. Cada gato parece llevar consigo una especie de firma invisible, almacenada en parte gracias a un mecanismo renal que la ciencia apenas comienza a comprender.
Lo que parecía ser solamente “olor a pis de gato” podría esconder un sofisticado sistema de comunicación: una señal capaz de permanecer en el ambiente y decirle a otro felino, sin necesidad de verlo, quién estuvo allí antes.
Foto: Getty Images / Imagen ilustrativa
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