Las regiones más secas del planeta, tradicionalmente consideradas poco adecuadas para determinados procesos industriales por la falta de agua, podrían transformarse en importantes centros de producción de combustible renovable. Un nuevo modelo científico plantea que el aire mismo podría aportar dos elementos fundamentales para fabricar metanol verde: dióxido de carbono y agua.
La investigación, desarrollada por el Centro de Investigación de Jülich, en Alemania, fue publicada en Nature Communications y analizó más de 20.000 regiones de 78 países que podrían enfrentar, hacia 2050, niveles medios o superiores de estrés hídrico. El resultado llamó la atención de los investigadores: en aproximadamente el 97% de esas zonas, la atmósfera contendría suficiente humedad a lo largo del año para cubrir las necesidades de agua del proceso de producción estudiado.
Extraer agua y carbono directamente del aire
La propuesta se basa en una tecnología conocida como captura directa del aire o DAC, capaz de extraer dióxido de carbono de la atmósfera mediante materiales especializados. Durante ese proceso, el sistema también puede capturar humedad. Lo que normalmente representa una dificultad técnica podría convertirse, en este caso, en una ventaja: el agua obtenida del aire y el CO₂ capturado serían utilizados para producir metanol renovable.
La cadena industrial proyectada incluye la generación de electricidad renovable, la electrólisis para obtener hidrógeno y los procesos posteriores de síntesis del combustible. El modelo también contempla almacenamiento energético, aprovechamiento del calor y sistemas de refrigeración diseñados para reducir la necesidad de utilizar agua dulce local. Incluso en zonas extremadamente áridas, las instalaciones podrían operar preferentemente durante los períodos de mayor humedad atmosférica y almacenar temporalmente el agua capturada.
El sol y el viento serían la verdadera riqueza de las zonas secas
El estudio señala que la abundancia y regularidad de la energía renovable pueden ser más determinantes que la humedad ambiental. Por ello, las regiones con una combinación favorable de radiación solar y viento aparecen como las candidatas más competitivas.
Esta conclusión podría cambiar la manera de observar los grandes territorios áridos del mundo. Zonas con enormes extensiones de tierra, fuerte radiación solar y vientos constantes podrían convertirse en futuros polos de producción energética, siempre que exista infraestructura, inversión y una evaluación ambiental adecuada.
Los cálculos del modelo indican que, en las ubicaciones más favorables, los costos de producción hacia 2050 podrían reducirse considerablemente gracias al avance tecnológico y a la disponibilidad de electricidad renovable. Sin embargo, los científicos subrayan que se trata de proyecciones y no de plantas comerciales plenamente operativas bajo estas condiciones.
El metanol verde y su importancia para la transición energética
El metanol es una sustancia utilizada ampliamente por la industria química y puede emplearse como combustible o como materia prima para otros productos. El denominado metanol verde busca reducir la dependencia de fuentes fósiles mediante el uso de hidrógeno producido con energías renovables y carbono capturado.
Su desarrollo despierta interés en sectores donde la electrificación directa resulta más compleja, como determinadas actividades industriales y parte del transporte marítimo. Pero su expansión enfrenta desafíos tecnológicos, económicos y ambientales.
La posibilidad de producirlo sin depender directamente de grandes reservas locales de agua dulce podría representar una ventaja estratégica en un planeta donde la sequía se convierte en un problema cada vez más frecuente. La presión sobre los recursos hídricos ya constituye una preocupación global y obliga a replantear cómo se desarrollarán las nuevas industrias energéticas.
La gran pregunta: ¿qué ocurriría si se extrae demasiada humedad?
Los propios científicos advierten que la propuesta todavía debe superar importantes interrogantes. Evitar el consumo de agua dulce no significa necesariamente que extraer grandes cantidades de humedad de la atmósfera sea ambientalmente inocuo.
El proyecto DryHy investiga los posibles efectos que una extracción masiva de vapor de agua podría producir sobre las condiciones climáticas locales, la formación de nubes y, eventualmente, las precipitaciones. Antes de construir instalaciones de gran escala, será necesario analizar cuidadosamente cada territorio.
Además, el modelo no incorpora completamente factores como las diferencias regionales en costos laborales, financiación, infraestructura y disponibilidad de materiales. Por ello, los resultados no constituyen todavía una receta industrial lista para aplicar en cualquier desierto del planeta.
Una oportunidad que podría cambiar el mapa energético mundial
La investigación abre una perspectiva especialmente interesante: las regiones que hoy sufren por la falta de agua podrían tener, paradójicamente, algunas de las mejores condiciones para producir determinados combustibles renovables.
El sol intenso, los grandes espacios disponibles y los vientos constantes, considerados durante mucho tiempo características de territorios inhóspitos, podrían transformarse en activos estratégicos de la nueva economía energética.
El desafío ahora será demostrar que esta tecnología puede funcionar a gran escala sin crear nuevos problemas ambientales. Si la ciencia consigue resolver esa ecuación, algunos de los lugares más secos del planeta podrían pasar de ser símbolos de escasez a convertirse en protagonistas de la transición hacia combustibles renovables.
Foto: Imagen ilustrativa / Infobae
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