Un nuevo estudio científico basado en corales de las islas Galápagos, en Ecuador, concluyó que la variabilidad asociada al fenómeno El Niño es actualmente alrededor de un 36,5 %, es decir, cerca de un 37 %, mayor que durante la era preindustrial. La investigación aporta nuevas evidencias de que el calentamiento provocado por la actividad humana está amplificando uno de los fenómenos climáticos con mayor capacidad para alterar el tiempo y la economía del planeta.
El estudio, publicado el 27 de agosto en la revista Science, fue desarrollado a partir de un extraordinario registro natural: corales modernos y fósiles de las islas Galápagos. Estos organismos crecen formando capas de carbonato de calcio cuya composición química conserva información sobre la temperatura del agua. Gracias a esos registros, los investigadores lograron reconstruir las condiciones del Pacífico oriental durante aproximadamente los últimos mil años.
Un fenómeno natural que ahora actúa sobre un planeta más caliente
El Niño forma parte del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se produce a partir de complejas interacciones entre el océano Pacífico tropical y la atmósfera, capaces de modificar las lluvias, las temperaturas y los patrones meteorológicos a miles de kilómetros de distancia.
La investigación no afirma que El Niño haya dejado de ser un fenómeno natural. La conclusión es más preocupante: el calentamiento global parece estar modificando el escenario en el que se desarrolla, favoreciendo una variabilidad más intensa y aumentando el riesgo de episodios extremos. Los investigadores compararon sus reconstrucciones históricas con simulaciones climáticas del período preindustrial y detectaron un aumento especialmente marcado durante las últimas décadas.
Julia Cole, científica de la Universidad de Michigan y autora principal del trabajo, señaló que la intensidad reciente del fenómeno resulta anormal cuando se la compara con el comportamiento observado durante los últimos mil años.
Sequías, inundaciones e incendios: las consecuencias pueden sentirse a miles de kilómetros
Un El Niño intenso puede alterar profundamente la distribución de las precipitaciones. Algunas regiones reciben lluvias extraordinarias y enfrentan inundaciones y deslizamientos, mientras otras padecen prolongadas sequías.
Sus efectos pueden alcanzar sectores fundamentales como la agricultura, la pesca, la disponibilidad de agua, la producción de alimentos, la salud pública y la infraestructura. También puede favorecer condiciones relacionadas con incendios forestales y provocar episodios de blanqueamiento de corales debido al aumento de la temperatura oceánica.
Para América del Sur, el fenómeno representa un desafío particular. La región reúne territorios con ecosistemas y patrones climáticos muy diferentes, por lo que un mismo evento puede provocar exceso de lluvias en un país y déficit de precipitaciones en otro.
Perú ya advierte sobre millones de personas expuestas
La preocupación no pertenece únicamente a los laboratorios científicos. Las autoridades peruanas ya han advertido sobre el riesgo que un nuevo episodio intenso podría representar para la población.
Según información difundida el 27 de agosto, las autoridades de Perú estimaron que 1,2 millones de personas podrían estar expuestas a riesgos asociados con El Niño, principalmente por inundaciones y deslizamientos en diversas regiones. El país identificó además cientos de zonas consideradas críticas y activó medidas preventivas.
La situación demuestra por qué la nueva investigación tiene una importancia que va mucho más allá de las estadísticas climáticas. Cuando El Niño se vuelve más intenso, la preparación de los gobiernos puede marcar la diferencia entre una emergencia controlable y una catástrofe de grandes dimensiones.
Las Galápagos ayudan a reconstruir mil años de historia climática
Las islas Galápagos ocupan una posición estratégica para estudiar El Niño porque se encuentran cerca de una de las regiones donde las alteraciones de temperatura del Pacífico oriental son particularmente importantes.
Los corales funcionan como una especie de archivo climático. Cada capa conserva señales químicas vinculadas a las condiciones del agua en el momento de su formación. Al estudiar ejemplares vivos y fósiles, los científicos pudieron ampliar enormemente el registro disponible, superando una de las principales limitaciones de la investigación climática: la escasez de mediciones directas del océano antes del siglo XX.
El análisis de este largo período permitió comparar el comportamiento actual con variaciones naturales ocurridas mucho antes del desarrollo industrial moderno. Los resultados sugieren que la intensidad observada en las últimas décadas no puede explicarse fácilmente como una simple repetición de los ciclos históricos conocidos.
¿El futuro traerá eventos todavía más extremos?
Las proyecciones climáticas continúan siendo objeto de investigación, pero diversos estudios coinciden en una tendencia preocupante: un planeta más caliente puede favorecer una mayor presencia de eventos extremos asociados al sistema ENOS.
Una investigación publicada recientemente en Climate Dynamics, basada en modelos climáticos, concluyó que el calentamiento futuro podría producir un desplazamiento hacia eventos de mayor intensidad, mientras disminuyen proporcionalmente los episodios más débiles.
Otro estudio basado en grandes conjuntos de simulaciones climáticas también encontró evidencias de un aumento de la frecuencia y la intensidad del ENOS bajo el calentamiento de origen humano, aunque los científicos continúan analizando las incertidumbres existentes entre diferentes modelos.
Esto obliga a distinguir entre dos cuestiones: predecir exactamente cada futuro El Niño sigue siendo difícil, pero la evidencia científica sobre un clima global que favorece riesgos más intensos continúa acumulándose.
Un desafío directo para el Mercosur
Para los países del Mercosur y América del Sur, el nuevo escenario tiene implicaciones concretas. La región depende fuertemente de sectores sensibles al clima, como la agricultura, la ganadería, la producción de energía y el transporte.
Sequías prolongadas pueden reducir la producción agrícola y afectar los niveles de los ríos utilizados para la navegación y la generación hidroeléctrica. Por otro lado, lluvias extremas pueden destruir cultivos, carreteras, viviendas e infraestructuras estratégicas.
El Niño ya no debe ser visto únicamente como una noticia meteorológica. Su evolución puede tener consecuencias directas sobre los precios de los alimentos, las exportaciones, la disponibilidad de energía y la seguridad de millones de personas.
El nuevo estudio ofrece, por tanto, un mensaje claro: el fenómeno natural continúa existiendo, pero está ocurriendo en un planeta profundamente transformado por el calentamiento global. Y cuanto mayor sea esa transformación, más difícil será para las sociedades depender únicamente de las experiencias del pasado para prepararse para el futuro.
Los corales de Galápagos han conservado durante mil años la memoria del océano. Su mensaje ahora es una advertencia para el presente: El Niño sigue siendo una fuerza natural, pero el cambio climático está aumentando su potencial de provocar impactos cada vez más severos.
Foto: ABC Color / EFE – Corales de las islas Galápagos
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