La imagen de un gato comiendo carne cruda parece natural: después de todo, se trata de un animal carnívoro y cazador. Sin embargo, que su organismo esté adaptado al consumo de tejidos animales no significa que cualquier trozo de carne cruda procedente de la cocina sea seguro. Veterinarios y organizaciones especializadas advierten que estas dietas pueden exponer al animal y también a las personas del hogar a bacterias, parásitos y desequilibrios nutricionales.
Ser carnívoro no significa ser inmune a las infecciones
Uno de los argumentos más frecuentes a favor de la carne cruda es que los gatos, en estado natural, cazan y comen presas. Pero existe una diferencia importante entre la evolución de un animal y las condiciones sanitarias de la carne comercial que llega a una vivienda. La carne destinada a la alimentación humana suele considerarse apta para ser manipulada y posteriormente cocinada, no necesariamente para consumirse cruda.
Un gato puede ingerir carne contaminada y no mostrar síntomas inmediatos. Aun así, puede convertirse en portador de determinados microorganismos y eliminarlos posteriormente a través de sus heces, aumentando la exposición dentro del hogar.
Salmonella, E. coli y otros riesgos
Las principales preocupaciones se relacionan con bacterias como Salmonella, Campylobacter y determinadas cepas de Escherichia coli, además de otros agentes infecciosos que pueden estar presentes en productos de origen animal. La World Small Animal Veterinary Association (WSAVA) sostiene que las dietas basadas en carne cruda presentan riesgos documentados de contaminación y que no existe evidencia adecuadamente demostrada de beneficios superiores a una alimentación comercial equilibrada o a una dieta casera correctamente formulada y cocida.
Existen incluso informes científicos de casos de salmonelosis en gatos alimentados con dietas de carne cruda. En algunos episodios investigados, la bacteria fue identificada tanto en los animales como en alimentos utilizados en su dieta, lo que refuerza la preocupación sobre la transmisión de patógenos.
El riesgo también puede llegar a la familia
El problema no termina en el plato del gato. Un animal que consume alimentos contaminados puede transportar microorganismos a través de sus patas, su pelaje, sus recipientes y especialmente sus heces.
Esto adquiere mayor importancia en hogares donde viven niños pequeños, adultos mayores, mujeres embarazadas o personas con el sistema inmunitario comprometido. Los especialistas consideran que estos grupos pueden ser más vulnerables a determinadas infecciones transmitidas por alimentos y animales.
Toxoplasmosis: un riesgo que merece atención
La carne cruda también puede contener parásitos, dependiendo de su origen y del tipo de producto. Entre ellos se encuentra Toxoplasma gondii, un microorganismo especialmente relevante desde el punto de vista de la salud pública.
La congelación puede reducir algunos riesgos parasitarios bajo determinadas condiciones, pero no convierte automáticamente una carne en un alimento libre de bacterias. La WSAVA advierte que congelar, deshidratar o liofilizar productos no elimina todos los microorganismos potencialmente peligrosos.
¿Y si solo le doy un pequeño trozo?
Una pequeña cantidad implica una exposición menor que una dieta basada exclusivamente en alimentos crudos, pero el riesgo no desaparece por completo.
Si se desea ofrecer ocasionalmente carne como premio, una alternativa más segura es dar una pequeña porción bien cocida, sin sal, condimentos, ajo ni cebolla. También es importante recordar que los premios no deben reemplazar la alimentación completa y equilibrada que el gato necesita diariamente.
Las dietas BARF continúan generando debate
Las dietas crudas tipo BARF se han popularizado entre algunos propietarios de mascotas, pero los veterinarios advierten sobre dos problemas centrales: la seguridad microbiológica y el equilibrio nutricional.
Un gato necesita nutrientes específicos, entre ellos cantidades adecuadas de proteínas, grasas, vitaminas, minerales y taurina. Una preparación casera improvisada puede generar deficiencias o excesos. El problema puede ser particularmente serio en gatitos en crecimiento y animales con determinadas enfermedades.
Por esta razón, si un propietario decide utilizar una dieta casera especial, la recomendación prudente es hacerlo con la orientación de un veterinario especializado en nutrición animal, capaz de formular el plan de acuerdo con la edad, el peso y el estado del gato.
Señales de alarma después de comer carne cruda
Si un gato ha consumido carne o vísceras crudas y posteriormente presenta alguno de estos síntomas, conviene consultar a un veterinario:
- Vómitos repetidos.
- Diarrea.
- Decaimiento inusual.
- Fiebre.
- Sangre en las heces.
- Falta de apetito.
- Signos de deshidratación.
Estos síntomas pueden tener múltiples causas, pero una exposición reciente a alimentos crudos es un dato importante que debe ser comunicado al profesional.
La conclusión de la evidencia veterinaria actual es clara: que un gato sea un carnívoro no convierte automáticamente a la carne cruda en una opción segura. Una alimentación completa, equilibrada y elaborada bajo adecuados controles sanitarios sigue siendo la alternativa más recomendable para la mayoría de los animales. Antes de cambiar radicalmente la dieta de una mascota, consultar con un veterinario puede evitar riesgos innecesarios.
Foto: Shutterstock
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