
Cuando vivimos una experiencia abrumadora, nuestro organismo moviliza mecanismos de supervivencia: aumenta la activación fisiológica, cambia la respiración, se tensan los músculos y nuestra atención se orienta hacia aquello que representa peligro.
Normalmente, cuando la amenaza desaparece, estos sistemas pueden recuperar gradualmente su equilibrio. Sin embargo, en algunas personas traumatizadas, ciertos estímulos posteriores pueden volver a activar respuestas corporales asociadas con aquella experiencia, incluso cuando el peligro original ya no está presente.
El psiquiatra e investigador Bessel van der Kolk ha dedicado décadas al estudio del trauma psicológico y su relación con el cerebro y el cuerpo,
ha estudiado cómo los recuerdos traumáticos pueden aparecer inicialmente de manera fragmentada: imágenes, sonidos, olores, emociones y sensaciones cinestésicas o corporales, en lugar de presentarse exclusivamente como una historia autobiográfica organizada.
Por eso una persona puede racionalmente saber:
“Estoy a salvo.”
y, sin embargo, experimentar un cuerpo que responde como si todavía tuviera que defenderse.
Puede aparecer tensión muscular, sobresalto, agitación, sensación de peligro, cambios en la respiración o diferentes sensaciones físicas frente a determinados recordatorios. Esto no significa que todo síntoma corporal sea trauma (los síntomas físicos también pueden tener causas médicas que deben valorarse), sino que la experiencia traumática puede involucrar profundamente los sistemas fisiológicos de regulación y respuesta al estrés. De hecho, Van der Kolk y Alexander Mc Farlane enfatizaron en 2026 que la reexperimentación traumática puede implicar una reacción fisiológica y sensorial de todo el organismo frente a estímulos internos o externos.
Sanar también significa enseñarle al cuerpo que el peligro terminó.
Aquí aparece una idea profundamente esperanzadora.
La recuperación no consiste simplemente en decirle a alguien: “Eso ocurrió hace mucho, olvídalo.”
Porque intelectualmente puede saberlo mientras determinadas respuestas automáticas continúan reaccionando frente al presente utilizando aprendizajes construidos durante el pasado.
Parte del proceso terapéutico consiste entonces en recuperar seguridad, regulación y capacidad de permanecer conectado con el presente. El propio Van der Kolk destaca la importancia de recuperar la autorregulación y la sensación de pertenencia y seguridad en el propio cuerpo.
Sanar no necesariamente significa borrar la memoria.
Significa conseguir que el recuerdo deje de sentirse como una amenaza que todavía está ocurriendo.
Hay heridas que aprendieron a hablar sin palabras.
Quizás aparezcan en la tensión de unos hombros que nunca descansan, en una alerta que surge demasiado rápido o en un cuerpo que se prepara para defenderse cuando aparentemente nada está sucediendo.
Por eso debemos mirar al ser humano con compasión antes que con juicio.
A veces aquello que llamamos exageración fue alguna vez supervivencia. Aquello que hoy parece una reacción desproporcionada quizá fue, en otro momento de la historia de esa persona, una respuesta necesaria ante circunstancias que la sobrepasaron.
Pero sobrevivir no tiene que convertirse en nuestra única manera de existir.
El pasado puede explicar algunas de nuestras respuestas sin tener que determinar para siempre nuestro futuro. Poco a poco, aquello que aprendió el miedo también puede encontrarse con nuevas experiencias de seguridad, vínculo, significado y esperanza.
Y desde la espiritualidad cristiana existe una imagen especialmente hermosa: Dios no solamente contempla aquello que mostramos externamente. También conoce las heridas silenciosas, aquellas que quizás nunca conseguimos explicar completamente.
Por eso, cuando las palabras no alcanzan y hasta el cuerpo parece recordar aquello que deseamos dejar atrás, la restauración puede comenzar desde un lugar sencillo:
ser vistos, ser acompañados y descubrir que ya no tenemos que atravesar solos aquello que alguna vez tuvimos que soportar solos.
“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.” Salmos 147:3 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.

