Cuatro ciudadanos brasileños fueron detenidos en Saltos del Guairá, departamento de Canindeyú, cuando presuntamente intentaban retirar unos G. 306 millones que habían sido desviados de las cuentas de una empresa de Capiatá mediante una maniobra de fraude informático. La operación comenzó cuando un desconocido se hizo pasar por uno de los directivos de la firma y consiguió engañar a una empleada para que autorizara transferencias por supuestas compras. El dinero terminó en cuentas vinculadas a operaciones de cambio en la zona fronteriza con Brasil, hasta que una casa de cambios detectó irregularidades y permitió activar la alerta que terminó con la detención de los presuntos receptores.
Los detenidos fueron identificados como Amanda Campos Mesquinta, Yasmin Avalos De Souza, de 18 años, Nilson Francisco De Souza Polis, de 35, y Adilson Romero Da Silva, de 28, todos ciudadanos brasileños domiciliados en Rondonópolis, en el estado de Mato Grosso do Sul. La Policía los encontró dentro de un automóvil Hyundai blanco, con matrícula brasileña QBO 5298, estacionado frente a un shopping ubicado sobre la avenida Paraguay, en Saltos del Guairá. Durante el procedimiento fueron incautados el vehículo y seis teléfonos celulares, elementos que quedaron a disposición de la investigación.
La maniobra había comenzado el lunes, cuando el supuesto delincuente se comunicó telefónicamente con la empresa CAHPSA y se presentó como uno de sus directivos. Mediante el engaño consiguió que una de las cajeras realizara dos transferencias que sumaban G. 122 millones, correspondientes a supuestos pagos por compras: una operación de G. 41 millones y otra de G. 81 millones. El dinero terminó en las cuentas de un cambista de Saltos del Guairá, quien entregó los fondos en reales brasileños a personas que habrían formado parte de la estructura encargada de retirar el dinero.
El éxito inicial de la maniobra llevó al supuesto estafador a intentar un golpe todavía mayor. Durante la tarde realizó nuevamente una llamada y consiguió que se ordenara una transferencia de G. 306 millones, también bajo el argumento de que se trataba del pago de una compra. Esta vez, sin embargo, el dinero fue enviado hacia una casa de cambios de Saltos del Guairá cuyos responsables detectaron elementos sospechosos antes de concretar la entrega. Esa diferencia fue decisiva: mientras la primera operación había conseguido avanzar, la segunda permitió descubrir que detrás de las transferencias aparentemente comerciales existía una maniobra fraudulenta.
Cuando los responsables de CAHPSA recibieron el aviso de la casa de cambios, comprendieron que habían sido víctimas de un engaño y solicitaron inmediatamente el bloqueo de las cuentas. Paralelamente, alertaron a los organismos de seguridad. Los investigadores de Canindeyú comenzaron entonces a vigilar los establecimientos donde los presuntos integrantes de la organización podían presentarse para retirar el dinero. La coordinación permitió identificar un vehículo sospechoso en el estacionamiento de un centro comercial poco antes de las 14:00.
La intervención policial se produjo precisamente cuando los cuatro brasileños se encontraban dentro del automóvil. Los agentes del Departamento de Investigaciones de Canindeyú procedieron a detenerlos y posteriormente se incorporaron funcionarios de Delitos Económicos para profundizar la investigación. Según los primeros datos obtenidos de los teléfonos y otros elementos encontrados en el vehículo, los sospechosos habrían llegado a Paraguay con el objetivo de retirar el dinero que había sido desviado mediante la maniobra informática. La investigación todavía deberá determinar cuál fue exactamente el papel de cada uno y quién se encuentra detrás de la operación.
El caso presenta un componente transfronterizo particularmente importante. El presunto autor intelectual o hacker sería de origen brasileño, según los datos preliminares manejados por los investigadores, mientras que los cuatro detenidos también son brasileños y residen en Mato Grosso do Sul. La utilización de Saltos del Guairá como punto para intentar convertir el dinero transferido en efectivo o reales brasileños demuestra cómo las redes de fraude pueden aprovechar las características de las zonas fronterizas para mover rápidamente recursos entre países.
La investigación también vuelve a poner en evidencia la importancia de la cooperación policial entre Paraguay y Brasil en la lucha contra los delitos transfronterizos. La región de Saltos del Guairá y Guaíra mantiene un intenso movimiento comercial y de personas, pero esa misma dinámica puede ser aprovechada por organizaciones criminales para intentar ocultar el origen o destino de recursos obtenidos ilegalmente. La Policía Federal brasileña y las fuerzas paraguayas ya cuentan con mecanismos de intercambio de información y coordinación en la frontera, una cooperación que resulta cada vez más necesaria frente a delitos que pueden comenzar con una llamada telefónica en un país y terminar con el retiro del dinero en otro.
El mecanismo utilizado también merece atención porque no requirió necesariamente penetrar técnicamente en los sistemas informáticos de la empresa. La información disponible describe una modalidad conocida como fraude por suplantación de identidad o ingeniería social: el delincuente se hizo pasar por una persona con autoridad dentro de la compañía y consiguió que una trabajadora realizara transferencias creyendo que cumplía una orden legítima. Es una modalidad particularmente peligrosa porque aprovecha no solamente vulnerabilidades tecnológicas, sino también la confianza y los procedimientos internos de las empresas.
La diferencia entre las dos operaciones terminó siendo fundamental. En la primera, los delincuentes consiguieron que G. 122 millones llegaran a una cuenta vinculada a un cambista y lograron retirar los fondos en reales. En la segunda, el monto era mucho mayor, G. 306 millones, pero la casa de cambios detectó anomalías antes de entregar el dinero. La alerta permitió bloquear los fondos y organizar el operativo policial. En otras palabras, la propia estructura utilizada para mover el dinero terminó generando una señal de alerta que frustró el segundo intento.
Los cuatro detenidos fueron puestos a disposición del Ministerio Público, mientras los investigadores analizan los teléfonos celulares y demás evidencias incautadas para intentar reconstruir las comunicaciones y determinar quién ordenó las transferencias. También será necesario establecer si los detenidos actuaban individualmente o como parte de una organización mayor, quién habría realizado las llamadas a la empresa y qué otras personas participaron en la recepción y circulación del dinero. Por el momento, corresponde hablar de presuntos involucrados y no de responsables condenados, ya que la investigación judicial recién comienza.
El episodio deja además una advertencia para las empresas paraguayas. Las transferencias financieras ordenadas exclusivamente mediante llamadas telefónicas o mensajes, incluso cuando aparentemente provienen de un superior, deben estar sometidas a mecanismos adicionales de verificación. Una segunda autorización, una confirmación mediante un canal independiente o protocolos específicos para operaciones de alto valor pueden impedir que un delincuente que suplanta la identidad de un directivo consiga movilizar millones de guaraníes en cuestión de minutos.
El caso de Saltos del Guairá demuestra cómo una estafa informática puede transformarse rápidamente en una operación criminal internacional. Una llamada aparentemente rutinaria permitió intentar mover cientos de millones de guaraníes; una casa de cambios detectó la irregularidad, la empresa consiguió bloquear los fondos y la Policía logró detener a cuatro personas antes de que pudieran completar el retiro. Ahora la investigación deberá llegar hasta quien organizó la maniobra, determinar cómo fueron obtenidos los datos de la empresa, establecer el recorrido de los G. 306 millones y esclarecer si existen otros integrantes de la estructura. En una frontera donde el dinero puede pasar de una moneda a otra en cuestión de minutos, la cooperación entre Paraguay y Brasil y la capacidad de detectar operaciones sospechosas se convierten en herramientas esenciales para impedir que el delito financiero termine beneficiándose de la propia dinámica comercial de la región.
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