La cotización del dólar volvió a retroceder este martes en Paraguay y alcanzó los G. 5.980 en el mercado de cambios efectivo, profundizando una tendencia de apreciación del guaraní que ya se extiende durante meses. La divisa estadounidense perdió otros G. 20 respecto del lunes, cuando había cerrado en torno a G. 6.000, mientras que en el mercado interbancario se ubicó en G. 5.986. El movimiento confirma la presión descendente sobre el dólar: hace apenas dos semanas la moneda había tocado un piso de G. 5.950 y, en comparación con agosto de 2025, acumula una caída aproximada del 19%, cuando cotizaba alrededor de G. 7.400. En términos simples, hoy se necesitan G. 1.420 menos para comprar un dólar que hace un año.
La evolución adquiere mayor importancia porque el mercado ya comienza a modificar sus expectativas para los próximos meses. La Encuesta de Variables Económicas del Banco Central del Paraguay muestra que los agentes económicos esperan que el dólar se mantenga alrededor de G. 6.000 durante agosto y proyectan una cotización cercana a G. 6.150 para el cierre de 2026. Esa previsión es inferior a los G. 6.300 que los agentes habían estimado apenas un mes antes, señal de que la fortaleza del guaraní está siendo incorporada cada vez más en las expectativas del sector privado.
El fenómeno genera ganadores y perdedores dentro de la propia economía paraguaya. Para los importadores y consumidores que adquieren productos provenientes del exterior, un dólar más barato puede significar menores costos, especialmente porque los productos importados tienen un peso importante dentro de la canasta utilizada para medir la inflación. Si una empresa puede comprar mercadería, maquinaria o insumos externos utilizando menos guaraníes, existe la posibilidad de que esa reducción termine trasladándose parcialmente a los precios finales, aunque el impacto dependerá de cada cadena comercial.
Pero para los exportadores la situación es completamente diferente. Una empresa paraguaya que vende su producción en dólares recibe menos guaraníes cuando convierte esos ingresos a la moneda local. Si sus salarios, servicios, energía, transporte y buena parte de sus costos están denominados en guaraníes, una apreciación muy pronunciada de la moneda puede reducir sus márgenes de rentabilidad. Por esa razón, los exportadores están reclamando al Banco Central del Paraguay una intervención que permita, según plantean, equilibrar el mercado cambiario y evitar que la fortaleza del guaraní termine erosionando la competitividad de las empresas que venden al exterior.
El reclamo coloca nuevamente al Banco Central del Paraguay en el centro del debate económico. La discusión no consiste simplemente en determinar si un dólar bajo es bueno o malo. El verdadero desafío para la autoridad monetaria es administrar una situación en la que un guaraní fuerte puede contribuir a contener determinados precios y abaratar importaciones, pero simultáneamente puede afectar los ingresos de productores y exportadores. Una intervención cambiaria también tiene costos y efectos secundarios, por lo que cualquier decisión debe considerar la inflación, las reservas internacionales, la liquidez del mercado y la competitividad externa.
La caída de la moneda estadounidense también debe analizarse dentro de un proceso de apreciación mucho más amplio del guaraní. El hecho de que el dólar haya pasado de aproximadamente G. 7.400 a G. 5.980 en un año representa una variación cercana al 19%, una magnitud suficientemente importante como para alterar las decisiones de empresas y consumidores. Para una compañía que negocia contratos internacionales, planifica inversiones o fija precios de exportación, una diferencia de esa dimensión puede modificar significativamente las proyecciones financieras.
Para el sector exportador, el problema puede ser todavía más complejo porque los mercados internacionales no necesariamente permiten aumentar los precios para compensar la pérdida cambiaria. Un productor paraguayo que vende carne, alimentos procesados, productos industriales o manufacturas compite con empresas de otros países que también buscan conservar sus mercados. Si el exportador paraguayo intenta trasladar completamente la pérdida derivada del tipo de cambio al comprador extranjero, puede terminar enfrentando una reducción de demanda o perdiendo competitividad frente a proveedores de otros mercados.
La situación explica por qué el debate sobre el dólar trasciende las casas de cambio. El tipo de cambio termina influyendo sobre producción, empleo, inversiones, comercio exterior y consumo interno. Una moneda nacional demasiado débil puede encarecer importaciones y presionar la inflación; una moneda excesivamente fuerte puede dificultar la actividad exportadora y reducir la rentabilidad de quienes generan divisas. La política económica debe buscar un equilibrio que permita preservar la estabilidad sin deteriorar la capacidad productiva del país.
En este escenario, el reclamo de los exportadores adquiere especial relevancia porque Paraguay necesita mantener una economía capaz de generar divisas y ampliar sus mercados internacionales. El país ha buscado durante los últimos años aumentar la industrialización, fortalecer la maquila, diversificar sus exportaciones y atraer inversiones. Si el tipo de cambio se convierte en un obstáculo demasiado fuerte para las empresas que producen localmente, existe el riesgo de que algunas inversiones previstas pierdan atractivo o de que determinados sectores reduzcan su capacidad de expansión.
Sin embargo, también sería incorrecto interpretar automáticamente la caída del dólar como una señal negativa para Paraguay. Para las familias que compran productos importados, para las empresas que necesitan maquinaria extranjera y para quienes tienen compromisos financieros en dólares, un guaraní fuerte puede representar un alivio importante. Además, si la reducción del costo de determinados productos importados llega efectivamente al consumidor, puede contribuir a contener la inflación. El propio análisis difundido por ABC señala que alrededor del 30% del Índice de Precios al Consumidor corresponde a rubros importados o vinculados a compras externas.
La cuestión central, entonces, es si la apreciación del guaraní responde a fundamentos económicos sostenibles o si se está produciendo un movimiento excesivo que puede terminar afectando al aparato productivo. En el primer caso, una moneda fuerte puede reflejar una economía con mayor confianza, entrada de divisas, crecimiento de exportaciones y estabilidad macroeconómica. En el segundo, puede convertirse en un problema de competitividad si las empresas locales comienzan a perder mercados porque sus costos expresados en dólares resultan demasiado elevados.
El Banco Central deberá, por ello, observar cuidadosamente la evolución de los próximos meses. Los G. 5.980 alcanzados este martes no son solamente una cifra de mercado: son una señal que afecta de manera diferente a cada sector de la economía paraguaya. Mientras los consumidores pueden beneficiarse de importaciones más baratas, los exportadores miran con preocupación sus márgenes. Mientras algunos empresarios pueden encontrar mejores condiciones para adquirir tecnología extranjera, otros pueden enfrentar dificultades para competir internacionalmente.
Paraguay se encuentra así ante una paradoja económica: el fortalecimiento del guaraní puede ser una señal de estabilidad y, al mismo tiempo, convertirse en un desafío para quienes necesitan vender al mundo. La caída del dólar hasta G. 5.980 y el retroceso de aproximadamente 19% en un año muestran que ya no se trata de una fluctuación menor. El Gobierno y el Banco Central tendrán que encontrar un equilibrio que permita que los beneficios de una moneda fuerte lleguen al consumidor sin destruir la rentabilidad de los sectores productivos y exportadores. La discusión no debería reducirse a defender un dólar alto o un dólar bajo: el verdadero objetivo debe ser conseguir un tipo de cambio compatible con una economía paraguaya competitiva, productiva, estable y capaz de generar empleo y divisas.
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