El rover Curiosity de la NASA encontró una extensa superficie cubierta por miles de pequeñas estructuras poligonales que forman un patrón parecido a un gigantesco panal de abejas en Marte. Las figuras, de apenas entre 4 y 8 centímetros de diámetro, se extienden por el terreno hasta donde alcanza la vista del vehículo y constituyen uno de los registros más llamativos obtenidos por la misión durante su exploración del cráter Gale.
El descubrimiento se produjo mientras Curiosity avanzaba por un valle marciano denominado Valle Grande, en las proximidades de las laderas del monte Sharp, una montaña de aproximadamente 5 kilómetros de altura que el rover lleva explorando desde 2014. Las imágenes fueron obtenidas los días 19 y 20 de junio de 2026, correspondientes a los soles 4.930 y 4.931 de la misión.
Lo que sorprendió a los científicos no fue simplemente encontrar polígonos. Curiosity ya había observado estructuras semejantes en otras zonas del cráter Gale. Lo extraordinario ahora es la extensión del fenómeno: el terreno aparece cubierto por una verdadera “alfombra” de formas geométricas que rodean incluso una pequeña elevación rocosa denominada Miraflores.
La cámara Mastcam del vehículo capturó un panorama de 360 grados compuesto por 340 imágenes individuales, posteriormente ensambladas para mostrar la extensión del terreno. Las figuras tienen aproximadamente entre 5 y 10 centímetros en algunas mediciones del panorama general, mientras que la NASA describe los polígonos observados de cerca como estructuras de entre 4 y 8 centímetros.
La apariencia recuerda a las grietas que aparecen en el barro cuando se seca. Una posibilidad que los científicos están estudiando es que los polígonos sean antiguas fracturas producidas por ciclos de humedad y sequedad, cuando el sedimento marciano estaba expuesto a condiciones mucho más húmedas que las actuales.
La hipótesis resulta especialmente interesante porque Curiosity ya ha encontrado abundantes evidencias de que el cráter Gale tuvo lagos y corrientes de agua hace miles de millones de años. La misión ha reconstruido progresivamente un Marte antiguo muy diferente del planeta frío y árido que conocemos actualmente.
Sin embargo, los científicos todavía no pueden afirmar que el agua haya sido necesariamente responsable de estas nuevas estructuras. La NASA mantiene abiertas varias posibilidades porque los patrones poligonales pueden formarse mediante diferentes procesos geológicos.
Una de las alternativas son los ciclos de temperatura. El calentamiento y enfriamiento repetido de determinados materiales puede producir contracciones y expansiones que terminan fracturando la superficie y generando patrones geométricos.
Otra posibilidad está relacionada con la compactación de sedimentos. Cuando un depósito queda enterrado bajo nuevas capas de material, la presión puede expulsar agua de sus poros y modificar su estructura interna, generando fracturas que posteriormente quedan expuestas cuando la erosión elimina las capas superiores.
También puede producirse una contracción debido a la pérdida de agua o a modificaciones minerales dentro del sedimento. Es decir, una superficie que hoy parece seca y rígida podría conservar la huella de procesos químicos y físicos ocurridos cuando el material tenía una composición y unas condiciones ambientales completamente diferentes.
Por eso, el objetivo de Curiosity no es simplemente fotografiar los polígonos. El rover está estudiando su composición química y sus características físicas para intentar determinar qué proceso los produjo.
Los instrumentos científicos están siendo utilizados tanto sobre las crestas de los polígonos como en el interior de las figuras. El instrumento APXS analiza la composición elemental, mientras que ChemCam utiliza un láser para estudiar las rocas y sedimentos a distancia y su cámara de microimagen permite examinar detalles muy pequeños.
Los científicos también utilizan la cámara MAHLI, instalada en el brazo robótico de Curiosity, para obtener imágenes de muy alta resolución de la superficie. Esto permite comparar la textura de las crestas con el material situado en el centro de cada polígono.
Esa comparación puede ser decisiva. Si las crestas y los centros presentan diferencias químicas claras, podrían revelar qué materiales quedaron concentrados en las fracturas y cómo evolucionaron después de su formación.
El equipo también está observando cómo los polígonos se relacionan con las capas geológicas que los rodean. En algunos sectores, las estructuras aparecen más erosionadas, mientras que en otros conservan una forma mucho más definida. Esa diferencia puede ayudar a establecer cuánto tiempo estuvieron expuestas y qué procesos posteriores modificaron su apariencia.
La distribución de estas estructuras también tiene importancia. Los polígonos no aparecen solamente como pequeños grupos aislados: en Valle Grande forman una extensión considerable que se prolonga alrededor de las elevaciones del terreno.
La NASA señaló que Curiosity había observado anteriormente pequeñas áreas con estas texturas, pero nunca había encontrado una concentración de esta magnitud en un solo lugar.
El hallazgo adquiere mayor importancia por el lugar donde ocurrió. El rover está ascendiendo por las laderas del monte Sharp, ubicado en el centro del cráter Gale. Las capas que forman esta montaña constituyen un registro geológico de diferentes etapas de la evolución ambiental de Marte.
Durante años, Curiosity ha ido atravesando esas capas para estudiar cómo cambió el planeta. Cada nivel puede conservar información sobre la composición de los sedimentos, la presencia de agua, las condiciones químicas y los procesos ambientales que dominaron durante diferentes períodos.
El cráter Gale se formó por el impacto de un enorme objeto contra Marte. Posteriormente, el fondo de la cuenca acumuló sedimentos durante largos períodos, creando las capas que actualmente Curiosity está atravesando.
La presencia de minerales y estructuras relacionadas con agua permitió a los científicos reconstruir un escenario en el que lagos y corrientes ocuparon diferentes sectores del cráter durante períodos prolongados.
Esto es fundamental para la búsqueda de condiciones habitables. La NASA no afirma que Curiosity haya encontrado vida marciana, pero sí ha establecido que el Marte antiguo tenía agua, determinados elementos químicos y condiciones ambientales que pudieron haber sido compatibles con la vida microbiana.
El rover incluso ha detectado moléculas orgánicas basadas en carbono, consideradas componentes importantes de la química relacionada con la vida. Pero la presencia de esas moléculas no demuestra que hayan sido producidas por organismos: también pueden originarse mediante procesos geológicos.
Los nuevos polígonos pueden aportar información adicional sobre ese mismo pasado. Si finalmente se confirma que fueron creados por ciclos de humedad y sequedad, constituirían otra evidencia de que el sedimento experimentó repetidamente cambios ambientales relacionados con la presencia y desaparición del agua.
Eso permitiría reconstruir un Marte menos estático de lo que podría parecer. En lugar de un planeta que simplemente pasó de ser húmedo a seco, podría haber atravesado sucesivos períodos de cambios entre condiciones húmedas y áridas.
La escala temporal involucrada resulta difícil de imaginar. Las estructuras observadas actualmente se formaron probablemente hace miles de millones de años, cuando Marte todavía tenía una atmósfera y unas condiciones superficiales muy diferentes.
La superficie marciana conserva muchas de esas señales porque el planeta carece de un sistema de placas tectónicas activo como el de la Tierra. La ausencia de una renovación constante de la corteza permite que algunas estructuras extremadamente antiguas permanezcan visibles durante períodos geológicos enormes.
En la Tierra, una superficie antigua puede ser enterrada, deformada, erosionada o reciclada por la tectónica. Marte no experimenta ese proceso a la misma escala. Por eso, el planeta funciona como una especie de archivo geológico de acontecimientos que ocurrieron hace miles de millones de años.
Los grandes polígonos observados desde órbita ya habían despertado el interés de los científicos. Satélites que estudian Marte habían identificado estructuras similares con tamaños que podían alcanzar desde decenas hasta cientos de metros. Ahora Curiosity permite analizar una versión mucho más pequeña directamente desde la superficie.
La diferencia de escala es importante. Los polígonos identificados por Curiosity miden apenas unos centímetros, mientras que algunos patrones observados desde el espacio alcanzan dimensiones enormes. Eso significa que diferentes mecanismos pueden producir geometrías parecidas en escalas completamente distintas.
En regiones como Hellas Planitia, Noachis Terra y Margaritifer Terra se han observado grandes patrones poligonales asociados a distintos tipos de terrenos. Pero determinar exactamente cómo se formaron requiere estudiar la composición y la estructura de cada caso.
Por eso, los científicos son cuidadosos al utilizar la expresión “grietas de barro”. La semejanza visual con las grietas terrestres no constituye por sí sola una prueba del mecanismo de formación.
El propio equipo de Curiosity está considerando varias explicaciones antes de llegar a una conclusión.
El descubrimiento también tiene una dimensión tecnológica. Curiosity aterrizó en Marte el 5 de agosto de 2012 y originalmente fue diseñada para una misión mucho más corta. Sin embargo, continúa operativa más de 14 años después, desplazándose por el cráter Gale y enviando información científica a la Tierra.
Su longevidad ha permitido estudiar Marte desde una perspectiva que ningún satélite puede proporcionar. Un orbitador puede observar grandes extensiones del planeta, pero no puede acercarse a una roca, perforarla, analizar químicamente su superficie y fotografiar una fractura de apenas unos centímetros.
Esa combinación de observación orbital y exploración terrestre es precisamente lo que convierte a las misiones marcianas en herramientas complementarias. Los satélites muestran dónde están las grandes estructuras; los rovers permiten descubrir qué son realmente.
En Valle Grande, Curiosity incluso encontró pequeñas rocas oscuras cuyo origen todavía no está completamente resuelto. Los científicos investigan si se trata de fragmentos procedentes de capas superiores, materiales expulsados por impactos ocurridos en otras partes del cráter o incluso meteoritos provenientes del espacio.
Algunas de esas rocas contienen níquel, un elemento relativamente común en meteoritos y menos habitual en determinadas rocas marcianas. Por eso, el equipo está analizando si todas las piedras oscuras tienen el mismo origen o si el terreno reúne materiales de procedencias diferentes.
Esto demuestra que el campo de polígonos no es solamente una curiosidad visual. La zona puede convertirse en un laboratorio natural para estudiar simultáneamente la historia sedimentaria, química y geológica de Marte.
El equipo continuará avanzando por Valle Grande y realizando mediciones sobre los polígonos. Cada análisis puede reducir el número de hipótesis sobre su origen y permitir reconstruir las condiciones ambientales que existían cuando se formaron.
La gran pregunta es qué ocurrió exactamente con el agua marciana. Marte presenta actualmente una superficie extremadamente fría y seca, pero su geología demuestra que en el pasado existieron ríos, lagos y otros ambientes acuáticos.
Los polígonos podrían ser una pequeña pieza adicional de ese enorme rompecabezas. Si la hipótesis de los ciclos húmedos y secos se confirma, los científicos tendrían una evidencia más de que el agua no estuvo presente de forma permanente, sino que pudo aparecer y desaparecer en diferentes períodos.
Esto también ayudaría a entender cómo evolucionó la habitabilidad del planeta. Un ambiente que alterna entre períodos húmedos y secos puede ser muy diferente de uno que permanece permanentemente húmedo, tanto desde el punto de vista químico como biológico.
Los investigadores todavía no saben si los polígonos están directamente relacionados con antiguos lagos, con depósitos de agua subterránea o con procesos posteriores de enterramiento y desecación. Resolver esa cuestión requerirá combinar las imágenes, la química de los sedimentos y la posición de las estructuras dentro de la secuencia geológica.
Por ahora, el descubrimiento no permite afirmar que haya existido vida en ese lugar. Tampoco demuestra por sí mismo que los polígonos hayan sido creados por agua. Lo que sí demuestra es que Marte conserva estructuras que pueden revelar detalles extraordinariamente precisos sobre su pasado.
Y esa es precisamente la importancia científica del hallazgo.
Las pequeñas figuras geométricas de apenas unos centímetros podrían contener información sobre un planeta que hace miles de millones de años tenía agua en su superficie, ambientes potencialmente habitables y una dinámica climática mucho más compleja que la del Marte actual.
Curiosity continuará avanzando por el terreno cubierto de polígonos. Mientras sus instrumentos estudian cada cresta, cada centro y cada fragmento de roca, el paisaje que parece una simple superficie agrietada puede convertirse en una de las mejores ventanas disponibles para reconstruir cómo Marte pasó de ser un mundo potencialmente habitable a convertirse en el planeta frío y árido que observamos hoy.
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