La humanidad ya llegó al punto más profundo conocido de los océanos, pero alcanzar el fondo de la Fosa de las Marianas no significó descifrar todos sus misterios. El Abismo Challenger, ubicado en el extremo suroccidental de la fosa, desciende aproximadamente 10.935 metros bajo el nivel medio del mar, una profundidad tan extraordinaria que incluso las mediciones científicas han debido ser revisadas y refinadas con nuevas tecnologías. NOAA considera actualmente los 10.935 metros como la mejor estimación disponible para el punto más profundo, con un margen de incertidumbre de unos seis metros.
La historia de su exploración comenzó hace más de 150 años. En 1875, la expedición del HMS Challenger realizó uno de los primeros sondeos de la zona y registró aproximadamente 8.184 metros. Décadas después llegaron mediciones mucho mayores mediante tecnologías de ecosondeo. En 1960, Jacques Piccard y Don Walsh descendieron en el batiscafo Trieste hasta el fondo del Abismo Challenger, demostrando que el ser humano podía sobrevivir en uno de los ambientes más extremos del planeta.
Pero aquella primera hazaña no significó que el lugar hubiera quedado completamente explorado. La diferencia entre las mediciones históricas demuestra precisamente el problema: cuando se trabaja a más de diez kilómetros bajo la superficie, incluso determinar con exactitud dónde está el punto más profundo requiere instrumentos sofisticados, correcciones relacionadas con la presión, la gravedad, la temperatura, la salinidad y las propiedades de la columna de agua. El estudio revisado por NOAA estableció los 10.935 metros ±6 metros después de analizar inmersiones realizadas en 2020.
James Cameron volvió a llevar la exploración hasta el límite en 2012, cuando descendió en solitario con el Deepsea Challenger. Siete años después, la expedición Five Deeps, encabezada por Victor Vescovo, realizó nuevas inmersiones con el vehículo Limiting Factor. La información recopilada permitió ampliar el conocimiento sobre la geología y la vida existente en las profundidades, pero también confirmó algo que puede resultar sorprendente: el lugar más profundo del planeta no es un espacio completamente muerto.
Allí abajo no existe luz solar y la presión supera las mil veces la presión atmosférica de la superficie. Sin embargo, la vida consigue sobrevivir. NOAA documenta comunidades biológicas asociadas con ambientes extremos en la región de las Marianas, incluidos organismos relacionados con respiraderos hidrotermales. La ciencia todavía intenta determinar cuántas especies existen realmente, cómo se adaptaron a semejantes presiones y qué papel desempeñan dentro de los ecosistemas de las profundidades.
Y aquí comienza una de las grandes preguntas: ¿cuánto desconocemos realmente de la vida que existe en el fondo del océano? La respuesta es considerable. NOAA informó que, hasta junio de 2024, apenas alrededor del 26% del fondo marino mundial había sido cartografiado con alta resolución. Eso significa que conocemos mucho mejor la superficie de Marte y otros cuerpos celestes en determinados aspectos que grandes sectores del fondo de nuestro propio planeta.
La Fosa de las Marianas también plantea preguntas geológicas. No es simplemente un agujero gigantesco en el fondo del océano. Es una zona de subducción donde una placa tectónica se introduce por debajo de otra, generando una estructura geológica dinámica. El área forma parte de uno de los sistemas tectónicos más complejos del Pacífico occidental, acompañado por volcanes submarinos, montes submarinos, respiraderos hidrotermales y otras estructuras que todavía están siendo estudiadas.
Los científicos quieren comprender mejor qué ocurre debajo del fondo de la fosa. Las observaciones directas permiten conocer la superficie del lecho marino, pero no ofrecen por sí solas una imagen completa de las estructuras geológicas que se encuentran debajo. La presión, la actividad tectónica y la circulación de fluidos dentro de la corteza oceánica forman parte de un sistema que continúa siendo investigado.
Otra pregunta tiene que ver con el sonido. Incluso en uno de los lugares más silenciosos y aislados del planeta existe actividad acústica. NOAA instaló en la región sistemas capaces de registrar sonidos y detectó, entre otras señales, actividad sísmica. En 2015 se desplegó un hidrófono cerca del Challenger Deep precisamente para estudiar el ambiente acústico de las profundidades.
Esto abre otra interrogante: ¿qué sonidos naturales todavía no hemos identificado correctamente en las grandes profundidades? El océano profundo no es un espacio completamente silencioso. Movimientos tectónicos, deslizamientos, organismos, actividad volcánica y sonidos provenientes de sectores superiores pueden propagarse a grandes distancias. Comprender ese paisaje acústico puede proporcionar información sobre fenómenos que resultan difíciles de observar directamente.
Existe además una pregunta que resulta especialmente incómoda: ¿hasta qué punto hemos contaminado incluso los lugares más inaccesibles del planeta? Las exploraciones de las mayores profundidades han encontrado residuos humanos, incluidos materiales plásticos, demostrando que la contaminación generada en la superficie puede terminar llegando a zonas que durante mucho tiempo fueron consideradas prácticamente aisladas de la actividad humana. La expedición Five Deeps documentó precisamente residuos sintéticos en las zonas profundas de la Fosa de las Marianas.
Esto cambia nuestra percepción de las profundidades. Durante siglos se pensó que la inmensidad del océano podía funcionar como una barrera natural frente a la presencia humana. La evidencia demuestra lo contrario. Las corrientes, la sedimentación y el movimiento de los materiales pueden transportar contaminantes hacia zonas extremadamente profundas. La pregunta ya no es solamente qué especies viven allí, sino también qué consecuencias tendrá nuestra actividad sobre ecosistemas que conocemos muy poco.
La exploración también dejó otra sorpresa: los límites de la vida son mucho más amplios de lo que la ciencia imaginaba décadas atrás. La existencia de microorganismos y otros organismos capaces de sobrevivir bajo presiones extremas obliga a estudiar mecanismos biológicos que podrían tener aplicaciones futuras en biotecnología, medicina y ciencia de materiales. Los ambientes extremos funcionan como laboratorios naturales donde la evolución ha producido soluciones que todavía no comprendemos completamente.
El fondo de la Fosa de las Marianas tampoco es una superficie perfectamente uniforme. Las mediciones modernas han demostrado que determinar el punto máximo de profundidad exige estudiar diferentes sectores y aplicar modelos de alta precisión. Investigaciones con sonar multihaz y vehículos de profundidad completa han encontrado zonas que pueden presentar diferencias de apenas unos metros, una variación mínima en términos humanos, pero significativa cuando se intenta establecer científicamente cuál es el punto más profundo de la Tierra.
Esa dificultad explica por qué durante décadas aparecieron cifras diferentes. 8.184 metros, 10.863, 11.034, 10.916, 10.898, 10.928 y finalmente aproximadamente 10.935 metros aparecen en diferentes etapas de la historia de la exploración. No necesariamente significa que los científicos se hayan equivocado continuamente: significa que cada generación utilizó instrumentos y métodos de medición diferentes y que posteriormente fue posible corregir las estimaciones.
Pero quizás la pregunta más fascinante sea otra: ¿qué parte de la Fosa de las Marianas todavía no hemos visto? La atención científica se ha concentrado durante mucho tiempo en el Challenger Deep porque es el punto más profundo. Sin embargo, NOAA advierte que buena parte de los hábitats de aguas profundas de la región de las Marianas continúa siendo poco comprendida. Las expediciones científicas han tenido que ampliar su trabajo hacia volcanes submarinos, respiraderos hidrotermales y otros sectores de la región.
Es decir, haber llegado al punto más profundo no significa haber explorado la Fosa de las Marianas. Es una diferencia fundamental. Llegar al fondo de un lugar concreto equivale a visitar una pequeña parte de un territorio gigantesco. La región completa posee estructuras geológicas, comunidades biológicas y procesos químicos que requieren muchas más expediciones para ser comprendidos.
La comparación con el espacio resulta inevitable. Mientras las agencias espaciales desarrollan tecnologías para explorar otros planetas, los océanos profundos continúan presentando enormes dificultades para los científicos. La presión extrema, la oscuridad, las bajas temperaturas, la corrosión, la distancia y las dificultades de comunicación hacen que enviar un vehículo a 11 kilómetros bajo el agua sea una operación técnicamente extraordinaria.
Además, cada minuto de exploración tiene un costo elevado. Los vehículos capaces de descender a esas profundidades deben soportar presiones capaces de destruir estructuras convencionales. Los instrumentos tienen que funcionar sin luz solar y transmitir o almacenar enormes cantidades de información. En consecuencia, la exploración de las profundidades avanza mucho más lentamente que la investigación de zonas accesibles del océano.
La Fosa de las Marianas plantea también interrogantes sobre los terremotos y la dinámica del planeta. Las zonas de subducción son fundamentales para comprender cómo se recicla la corteza terrestre y cómo se acumula y libera energía tectónica. El conocimiento obtenido en estas regiones puede contribuir a comprender mejor procesos que afectan a otras zonas sísmicamente activas del planeta.
Pero no todo lo que queda por descubrir tiene que ver con grandes catástrofes. Puede tratarse de organismos microscópicos, nuevas formas de metabolismo, procesos químicos desconocidos o relaciones ecológicas que nunca habían sido observadas. La vida en las profundidades puede estar utilizando fuentes de energía completamente diferentes de aquellas que dominan los ecosistemas de la superficie.
También queda pendiente una cuestión fundamental: ¿cuánto tiempo pueden sobrevivir los ecosistemas profundos frente al cambio climático? Aunque el calentamiento ocurre principalmente en las capas superiores del océano, los cambios en temperatura, química, circulación y disponibilidad de materia orgánica pueden terminar afectando a las comunidades de aguas profundas. Los científicos todavía necesitan comprender mejor esas conexiones.
La Fosa de las Marianas, por lo tanto, no es solamente un récord geográfico. Es un enorme laboratorio natural para estudiar tectónica, biología, química, climatología, oceanografía y evolución. Cada descenso aporta información, pero también revela nuevas preguntas. En ese sentido, la exploración no reduce necesariamente el misterio: en muchos casos, lo amplía.
Y existe una paradoja particularmente poderosa. El lugar más profundo conocido de la Tierra ya fue alcanzado por seres humanos, pero la mayor parte del océano profundo sigue sin ser comprendida con precisión. Podemos afirmar con bastante seguridad cuál es el punto más profundo, pero todavía no podemos describir completamente todas las formas de vida que existen allí, todos los procesos geológicos que ocurren debajo del fondo ni todas las consecuencias que tendrá la contaminación que ya llegó hasta esas profundidades.
Por eso, la historia de la Fosa de las Marianas no debería terminar con la frase “el ser humano llegó al fondo”. El verdadero titular científico podría ser que llegamos al fondo y descubrimos cuánto nos queda todavía por conocer. Cada nueva medición corrige una cifra anterior; cada expedición encuentra organismos o estructuras que necesitan ser estudiados; cada instrumento registra señales que abren nuevas investigaciones.
La pregunta ya no es solamente qué hay en el punto más profundo del planeta. La pregunta es cuánto de ese mundo todavía permanece fuera del alcance de nuestros instrumentos. Y mientras apenas una fracción del fondo oceánico ha sido cartografiada en alta resolución, la respuesta probablemente sea que el mayor misterio de la Tierra todavía está debajo del agua.
Estados Unidos, océano Pacífico, Fosa de las Marianas, Abismo Challenger, oceanografía, exploración submarina, ciencia, geología
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
- ★23 de agosto: el día en que una multitud unió tres países, nació la Web y algunos acontecimientos cambiaron para siempre la historia
- ★Mundo: el conflicto que parece lejano puede llegar al bolsillo de América Latina: Ormuz se convierte en la nueva frontera de la economía mundial
- ★América Latina: cuando el acoso sexual sale del aula y entra al teléfono, una violencia que puede perseguir a los adolescentes hasta su propia casa
- ★Honduras: exreina del Café muere tras un ataque armado frente a su vivienda y su hermano queda gravemente herido
- ★MERCOSUR: el eclipse lunar del 28 de agosto cubrirá el 96% de la Luna y podrá verse desde casi todo el bloque


