
El 22 de agosto de 1972, John Wojtowicz entró a una sucursal del Chase Manhattan Bank en Brooklyn con la intención de robar dinero para pagar la cirugía de afirmación de género de su pareja. El asalto terminó convertido en una toma de rehenes transmitida en vivo por televisión, con una multitud que llegó a simpatizar con el ladrón y un desenlace trágico en el aeropuerto Kennedy. Tres años después, aquella historia inspiró a Sidney Lumet para realizar “Tarde de perros”, la película protagonizada por Al Pacino y John Cazale que fue nominada a seis premios Oscar.
Wojtowicz tenía 27 años y conocía bien el banco que había elegido: había trabajado allí antes de dedicarse a otros empleos. Su vida personal también atravesaba una transformación. Después de casarse con Carmen Bifulco y tener dos hijos, reconoció que se sentía atraído por hombres y comenzó a participar activamente en la comunidad gay de Nueva York, en una época en la que la discriminación hacia las personas homosexuales era todavía profundamente arraigada.
Poco después conoció a Ernie Aron, quien se presentaba como Liz Eden y deseaba someterse a una cirugía de afirmación de género. La pareja llegó a realizar una ceremonia de bendición religiosa, aunque su relación atravesó momentos difíciles. El costo de la operación, unos 2.500 dólares de aquella época, estaba fuera de las posibilidades económicas de ambos.
La situación llegó a un punto crítico cuando Aron intentó suicidarse. Wojtowicz finalmente aceptó que su pareja debía realizarse la intervención y decidió conseguir el dinero de una manera desesperada: asaltar el mismo banco en el que había trabajado.
Para llevar adelante el plan convocó a dos amigos, Salvatore Naturile y Robert Westenberg. Ninguno tenía experiencia como asaltante profesional y, de hecho, habían fracasado en dos intentos anteriores. En el primero, a Wojtowicz se le cayó el arma antes de entrar al banco. En el segundo, abandonaron el plan cuando todavía estaban dentro de otra sucursal.
El tercer intento ocurrió el 22 de agosto de 1972. Los tres llegaron al Chase Manhattan de Brooklyn convencidos de que encontrarían entre 150.000 y 200.000 dólares. Sin embargo, tuvieron una primera sorpresa: un camión blindado había retirado gran parte del efectivo apenas media hora antes y en la bóveda solo había unos 29.000 dólares, además de algunos miles en cheques de viajero.
Westenberg se puso nervioso al ver un patrullero y decidió abandonar el lugar. Dejó incluso su arma y escapó sin llevarse dinero. Wojtowicz y Naturile quedaron entonces dentro del banco con ocho empleados como rehenes.
El robo rápidamente dejó de ser un asalto convencional. La policía rodeó el edificio y las cadenas de televisión comenzaron a transmitir imágenes en directo. En las calles se concentraron cientos de personas, atraídas por una situación que parecía desarrollarse delante de las cámaras como una película.
Wojtowicz, lejos de permanecer oculto, comenzó a salir y hablar con los policías. También conversaba con los periodistas y con los curiosos que se habían reunido frente al banco. La transmisión en vivo convirtió el fallido robo en un espectáculo nacional, mientras el comportamiento del asaltante generaba una reacción inesperada entre parte del público.
En determinado momento pidió comida para los rehenes y utilizó dinero del banco para pagar las pizzas. También llegó a arrojar billetes hacia la multitud que se encontraba en la calle. La escena contribuyó a construir la imagen de un ladrón extravagante que, para algunos de los presentes, parecía más un personaje de película que un delincuente peligroso.
Pero el momento que transformó definitivamente el caso llegó cuando Wojtowicz pidió que llevaran al hospital a su pareja. Frente a las cámaras y a la multitud, reveló públicamente que era gay y explicó que estaba intentando conseguir dinero para financiar la operación que quería realizar Liz Eden.
Durante las negociaciones también dejó claro que ese era el motivo principal del asalto. Para Wojtowicz, el dinero no tenía como objetivo enriquecerse, sino financiar la intervención de su pareja, a quien consideraba una persona atrapada en un cuerpo con el que no se identificaba.
La toma de rehenes duró aproximadamente 14 horas. Wojtowicz consiguió que su madre llegara al lugar y habló con ella desde la calle. También mantuvo conversaciones telefónicas con periodistas y con su pareja.
La situación terminó cuando los asaltantes aceptaron dirigirse al aeropuerto Kennedy junto con los rehenes. Allí, el FBI intervino. Salvatore Naturile murió de un disparo en la cabeza y Wojtowicz fue detenido, mientras Westenberg, que había escapado anteriormente del banco, fue capturado pocas horas después.
En el juicio celebrado en 1973, Westenberg recibió una condena de dos años, mientras que Wojtowicz fue condenado a 20 años de prisión, aunque finalmente cumplió aproximadamente cinco años.
La historia, sin embargo, estaba lejos de terminar. Un artículo publicado en la revista Life despertó el interés del productor Martin Elfand, quien vio allí el material para una película. El proyecto llegó al productor Martin Bregman y al director Sidney Lumet, mientras Frank Pierson comenzó a trabajar en el guion.
Así nació “Tarde de perros”, estrenada en septiembre de 1975. Al Pacino interpretó a Sonny Wortzik, el personaje inspirado en Wojtowicz, mientras John Cazale interpretó a Salvatore Naturile. La película recreó la toma de rehenes, aunque introdujo cambios y elementos propios de la ficción.
Wojtowicz recibió 7.500 dólares por los derechos de su historia y consiguió además un acuerdo relacionado con el éxito comercial de la película. Cuando recibió el primer pago, entregó 2.500 dólares a Liz Eden para que pudiera realizar finalmente la cirugía que había motivado el robo.
La película se convirtió en un enorme éxito. Fue nominada a seis premios Oscar, mientras Frank Pierson ganó el premio al mejor guion original. También obtuvo nominaciones a los Globos de Oro y a los premios BAFTA.
En su primer año, “Tarde de perros” recaudó alrededor de 56 millones de dólares, una cifra extraordinaria comparada con los 29.000 dólares que los ladrones consiguieron encontrar en el banco. La película terminó siendo mucho más rentable que el propio robo y convirtió una tragedia policial de Brooklyn en una historia conocida en todo el mundo.
Sin embargo, la vida posterior de Wojtowicz estuvo lejos del glamour de Hollywood. El dinero que recibió por la película no lo convirtió en una persona rica y, durante los últimos años de su vida, tuvo dificultades económicas. Incluso intentó conseguir trabajo como guardia de seguridad en bancos utilizando una presentación que hacía referencia precisamente a su pasado como protagonista del asalto.
Liz Eden también tuvo un destino difícil. Después de la operación, la relación con Wojtowicz terminó. Eden murió de sida en 1987, mientras Wojtowicz continuó viviendo durante años a la sombra de la película que había convertido su historia en un fenómeno cinematográfico.
Wojtowicz murió de cáncer en 2006. En la habitación donde vivía en la casa de su madre todavía conservaba un afiche de “Tarde de perros”, una película que había convertido su nombre en parte de la cultura popular estadounidense.
La historia tiene además un elemento que permite comprender mejor el contexto de aquellos años. La identidad de género y la homosexualidad eran cuestiones que todavía provocaban una fuerte discriminación social, y la decisión de Wojtowicz de hablar públicamente sobre su relación durante una toma de rehenes transmitida por televisión convirtió un conflicto personal en un episodio inesperadamente visible para millones de personas.
Por eso, el caso terminó trascendiendo el robo. La historia combinó delincuencia, una relación sentimental, identidad sexual y de género, dificultades económicas y una sociedad que comenzaba a experimentar profundas transformaciones culturales.
Cincuenta y cuatro años después del asalto, el nombre de John Wojtowicz continúa ligado principalmente a una película. Sin embargo, la historia real fue mucho más caótica y dolorosa que la versión cinematográfica: tres ladrones sin experiencia, 29.000 dólares encontrados en una bóveda, ocho rehenes, 14 horas de transmisión televisiva y un desenlace en el que uno de los protagonistas murió y otro terminó en prisión.
“Tarde de perros” nació de un delito real, pero la historia detrás de la película fue también el retrato de una época en la que una persona podía arriesgarlo todo por quien amaba y, al mismo tiempo, enfrentarse a una sociedad que todavía no estaba preparada para comprender su relación. John Wojtowicz quiso conseguir 2.500 dólares para que Liz Eden pudiera realizar una operación que consideraba fundamental para su vida. Eligió para hacerlo el peor camino posible y terminó protagonizando uno de los robos bancarios más famosos de Estados Unidos. La película convirtió aquel episodio en cine; la historia real dejó, además del mito, una tragedia que comenzó en un banco de Brooklyn y terminó transformándose en parte de la memoria cultural estadounidense.
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