El bitcoin y el oro protagonizaron una fuerte recuperación en los mercados internacionales y alcanzaron sus niveles más altos desde mayo, impulsados por la debilidad del dólar, los movimientos del Tesoro de Estados Unidos y una renovada demanda de los inversores. El bitcoin llegó a superar los US$79.000, mientras el oro avanzó por encima de los US$4.600 por onza, en una jornada que volvió a colocar a ambos activos entre los principales refugios buscados por los mercados.
El bitcoin acumuló una subida cercana al 23% en apenas una semana, después de varias semanas en las que había permanecido relativamente estable. La criptomoneda pasó desde niveles cercanos a los US$60.000–65.000 hasta superar los US$77.000 y acercarse nuevamente a los US$80.000. En términos nominales, llegó a sumar unos US$15.000 por unidad en apenas tres días.
Uno de los principales factores detrás del movimiento fue la decisión del Tesoro estadounidense de ampliar sus recompras de deuda de largo plazo. El organismo anunció que elevará el volumen de esas operaciones hasta al menos US$4.000 millones por operación, frente a los US$2.000 millones anteriores.
La medida tuvo un impacto inmediato sobre el mercado de bonos. Al aumentar la demanda de títulos del Tesoro, disminuyeron los rendimientos de algunos bonos de largo plazo y se generaron condiciones financieras más favorables para determinados activos de riesgo.
El movimiento también debilitó al dólar. Cuando la moneda estadounidense pierde valor, activos como el oro y el bitcoin pueden ganar atractivo, especialmente entre inversores que buscan preservar el valor de sus carteras frente a la incertidumbre monetaria y fiscal.
El comportamiento del oro responde además a su tradicional condición de activo de refugio. En momentos de incertidumbre sobre las finanzas públicas, los mercados suelen incrementar su exposición al metal precioso, que no depende directamente de la solvencia de un gobierno o de una empresa.
En esta oportunidad, sin embargo, oro y bitcoin avanzaron prácticamente al mismo tiempo, algo que refleja un comportamiento cada vez más observado en los mercados: algunos inversores consideran al bitcoin una alternativa digital frente a activos escasos como el oro.
Otro elemento importante estuvo relacionado con las posiciones especulativas que apostaban a una caída del bitcoin. La aceleración del precio obligó a cerrar numerosas posiciones cortas, generando compras automáticas que terminaron impulsando todavía más la cotización.
Este fenómeno, conocido como short squeeze, puede acelerar considerablemente una subida porque los operadores que habían apostado por una caída deben comprar el activo para cerrar sus posiciones y limitar sus pérdidas.
La demanda institucional también volvió a cobrar fuerza. Los fondos cotizados que siguen el precio del bitcoin registraron fuertes entradas de capital durante la semana. Solo el jueves, los ETF de bitcoin al contado en Estados Unidos recibieron alrededor de US$606 millones, la mayor entrada diaria desde mayo.
La combinación de dinero institucional, cierre de posiciones bajistas y un dólar más débil permitió que la subida se acelerara rápidamente.
A esto se sumó un factor político. Donald Trump volvió a expresar su respaldo a una legislación destinada a establecer reglas más claras para el mercado de criptomonedas, lo que fue interpretado positivamente por los inversores porque podría reducir parte de la incertidumbre regulatoria que afecta al sector.
El denominado CLARITY Act busca establecer un marco regulatorio más definido para los activos digitales en Estados Unidos. Para el mercado, una mayor claridad jurídica podría facilitar la participación de bancos, fondos de inversión y grandes empresas.
La situación fiscal estadounidense también forma parte del escenario. La deuda pública de Estados Unidos superó los US$40 billones, un nivel que aumenta la preocupación de algunos inversores sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas y favorece la búsqueda de activos considerados independientes de las políticas fiscales nacionales.
El oro se beneficia especialmente de esa incertidumbre. Cuando aumentan las dudas sobre el dólar, los bonos o las perspectivas económicas, el metal precioso suele recibir capital procedente de inversores que buscan reducir la exposición a determinados riesgos financieros.
El bitcoin presenta una dinámica diferente, porque continúa siendo un activo mucho más volátil. Su capacidad para registrar movimientos de dos dígitos en pocos días significa que la recuperación actual puede ser mucho más rápida, pero también puede revertirse con mayor intensidad.
Por eso, la subida no necesariamente significa que el mercado haya entrado en una nueva etapa de crecimiento permanente. Parte del movimiento puede estar explicado por factores técnicos y operaciones de corto plazo.
Los analistas también observan el comportamiento de los mercados de deuda. Si los rendimientos de los bonos estadounidenses continúan bajando, podría mantenerse parte del impulso sobre los activos considerados de mayor riesgo. Si, en cambio, vuelven a subir con fuerza, el escenario podría cambiar rápidamente.
La evolución del dólar será otro elemento decisivo. Un dólar más débil favorece tanto al oro como al bitcoin, ya que reduce el costo relativo de estos activos para quienes operan desde otras monedas.
El petróleo también introduce una variable de incertidumbre. Las cotizaciones del crudo se mantienen elevadas debido a las tensiones geopolíticas, lo que puede complicar las expectativas de inflación y modificar las perspectivas sobre las futuras decisiones de los bancos centrales.
En ese contexto, los inversores están intentando anticipar qué hará la Reserva Federal con las tasas de interés. Una eventual reducción de las tasas podría aumentar la liquidez disponible y favorecer activos como el bitcoin y el oro, aunque la inflación y el comportamiento del mercado laboral seguirán siendo determinantes.
El movimiento del bitcoin resulta particularmente llamativo porque se produjo después de un período prolongado de lateralización. Durante semanas, la criptomoneda había encontrado dificultades para superar determinadas resistencias y parecía atrapada en un rango relativamente estrecho.
La ruptura de ese rango provocó una aceleración de las compras, que posteriormente fue amplificada por las liquidaciones de posiciones bajistas y la entrada de capital institucional.
El oro, por su parte, mantiene una trayectoria más vinculada con las preocupaciones macroeconómicas y geopolíticas. Su recuperación hacia niveles superiores a US$4.600 por onza confirma la persistencia de una fuerte demanda por activos considerados defensivos.
La coincidencia entre ambos mercados resulta significativa. Durante mucho tiempo, el bitcoin fue presentado principalmente como un activo especulativo y altamente tecnológico. Su comportamiento reciente muestra que una parte de los inversores comienza a incorporarlo también dentro de estrategias vinculadas con la protección frente a determinadas incertidumbres financieras.
Sin embargo, la volatilidad continúa siendo la principal diferencia entre ambos activos. El oro tiene siglos de utilización como reserva de valor, mientras que el bitcoin todavía atraviesa una etapa de consolidación dentro del sistema financiero mundial.
El actual repunte deberá ser observado también por su capacidad para mantenerse. Una subida rápida puede generar nuevas compras si los inversores interpretan que comenzó una tendencia alcista, pero también puede provocar tomas de ganancias cuando quienes compraron en niveles inferiores decidan vender.
Por ahora, el mercado está reaccionando favorablemente a una combinación poco habitual: menores rendimientos de la deuda estadounidense, debilitamiento del dólar, mayor liquidez, fuertes entradas en ETF y expectativas de una regulación más favorable para las criptomonedas.
El resultado fue una recuperación que llevó al bitcoin nuevamente hacia la zona de los US$80.000 y al oro a niveles que no alcanzaba desde mayo.
La evolución de las próximas semanas será clave para determinar si se trata de un repunte técnico o del comienzo de una nueva fase alcista.
El movimiento simultáneo del oro y el bitcoin refleja un mercado que busca alternativas ante la incertidumbre sobre el dólar, la deuda estadounidense y la política monetaria. El bitcoin encontró además combustible en la demanda institucional y en el cierre masivo de posiciones bajistas, mientras que el oro continúa beneficiándose de su condición histórica de refugio. Por ahora, ambos activos volvieron a ocupar un lugar central en las carteras internacionales, aunque el comportamiento futuro dependerá de la evolución de las tasas estadounidenses, el dólar, la inflación y las decisiones de la Reserva Federal.
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