Las inversiones de empresas brasileñas en Uruguay alcanzaron los US$ 4.400 millones, consolidando a Brasil como uno de los principales países de origen de capital extranjero en el territorio uruguayo y reforzando la relación económica entre los dos países del Mercosur.
El crecimiento se hizo especialmente visible durante los últimos años. Entre 2019 y 2024, el stock de inversiones brasileñas pasó de aproximadamente US$ 2.500 millones a US$ 4.400 millones, lo que representa un incremento cercano a US$ 2.000 millones en un período de cinco años.
El dato fue presentado durante el encuentro Conexión Uruguay-Brasil, organizado por El Observador y Piso 22, donde representantes del sector empresarial y de organismos de promoción de inversiones analizaron el creciente interés de las compañías brasileñas por instalarse, invertir y expandirse desde Uruguay.
La importancia de Brasil para Uruguay no se limita a las inversiones. Brasil es el principal socio comercial de Uruguay dentro de América Latina y uno de los mercados más importantes para las empresas uruguayas. Durante 2025, representó más del 14 % de las exportaciones uruguayas de bienes, con ventas cercanas a los US$ 2.000 millones.
La creciente presencia empresarial brasileña también se refleja en el número de compañías instaladas en Uruguay. Según datos presentados por Uruguay XXI, más de 100 empresas de origen brasileño operan actualmente en el país, en sectores que incluyen agroindustria, servicios financieros, comercio minorista, tecnología y turismo.
El impacto sobre el empleo también es significativo. Según los datos citados durante el encuentro empresarial, las compañías brasileñas instaladas en Uruguay generan alrededor de 16.000 puestos de trabajo.
La expansión del capital brasileño no se concentra en una única actividad. Empresas de ese país participan en la industria frigorífica, agroindustria, servicios financieros, hotelería, logística, tecnología, comercio y otros sectores, mostrando una diversificación cada vez mayor de las inversiones.
Entre los grandes grupos brasileños con presencia en Uruguay aparecen Minerva, Marfrig e Itaú, además de nuevas inversiones y adquisiciones realizadas durante los últimos años.
Uno de los movimientos que más llamó la atención fue la llegada del grupo brasileño JHSF, vinculado a la cadena de hoteles Fasano. La compañía avanzó en la adquisición de Enjoy Punta del Este, operación que se convirtió en uno de los ejemplos más visibles del renovado interés empresarial brasileño por Uruguay.
Otro movimiento relevante fue la adquisición de HSBC Uruguay por parte de BTG Pactual, operación que reforzó la presencia del capital financiero brasileño en el mercado uruguayo y contribuyó a colocar nuevamente a Uruguay en el radar de grandes grupos empresariales de São Paulo.
Para los especialistas que participaron del encuentro, estos grandes negocios funcionan como una especie de efecto imán, porque generan visibilidad y pueden estimular a otras compañías brasileñas a analizar oportunidades en Uruguay.
El fenómeno también está relacionado con una transformación en la manera en que las empresas brasileñas observan su expansión internacional. Representantes empresariales señalaron que existe una mayor disposición a regionalizar e internacionalizar los negocios, especialmente entre compañías que buscan nuevos mercados y condiciones previsibles para sus operaciones.
Uruguay aparece en ese proceso como una plataforma de entrada hacia otros mercados de América Latina. Su pertenencia al Mercosur, su infraestructura portuaria y logística y sus regímenes de zonas francas y puerto libre forman parte de los factores que las empresas consideran al evaluar nuevas inversiones.
La estabilidad institucional y la seguridad jurídica aparecen también entre los principales argumentos utilizados para explicar el atractivo uruguayo. Representantes de empresas brasileñas han destacado durante diferentes encuentros que la previsibilidad y la estabilidad de las reglas son factores importantes para inversiones que requieren planificación de largo plazo.
Este aspecto adquiere especial relevancia para las empresas que buscan utilizar Uruguay no solamente como destino de sus inversiones, sino como base regional para operar en otros mercados.
La agencia Uruguay XXI ha señalado que Brasil lidera desde 2024 el ranking de consultas de inversión recibidas por la institución. Esto indica que el interés brasileño no se limita a las empresas que ya tienen operaciones en Uruguay, sino que existe un flujo creciente de compañías que están evaluando nuevas posibilidades.
Las consultas abarcan sectores muy diversos. Servicios, producción, logística, tecnología y actividades financieras aparecen entre las áreas que despiertan mayor interés entre los empresarios brasileños.
La logística es particularmente relevante. Para algunas compañías brasileñas, determinadas operaciones pueden resultar más eficientes si una parte de sus actividades regionales se desarrolla desde Uruguay, aprovechando sus puertos, zonas francas y conexiones comerciales.
El sistema de zonas francas uruguayas también constituye un atractivo para empresas que buscan prestar servicios o desarrollar operaciones internacionales desde el país.
Para algunos empresarios brasileños, estas herramientas representan una oportunidad para acceder a mercados regionales con una estructura jurídica y logística diferente de la disponible dentro de Brasil.
La integración dentro del Mercosur constituye otro elemento fundamental. Brasil y Uruguay comparten un espacio económico regional, lo que facilita determinadas operaciones comerciales y permite que las empresas puedan considerar ambos países dentro de una estrategia empresarial integrada.
El fenómeno también tiene una dimensión territorial. El capital brasileño no está llegando solamente a Montevideo y al área metropolitana.
En mayo de 2026, por ejemplo, la empresa brasileña BrasPine anunció una inversión de US$ 250 millones en Rivera para instalar su primera planta fuera de Brasil. El proyecto contempla varias etapas industriales y podría superar los 400 puestos de trabajo una vez completado.
El caso de BrasPine muestra cómo las inversiones brasileñas pueden contribuir también a la descentralización económica de Uruguay, llevando nuevas actividades industriales hacia regiones alejadas de Montevideo.
La empresa utilizará madera de pino nacional y producirá bienes de mayor valor agregado destinados tanto al mercado brasileño como a otros destinos internacionales.
Este tipo de proyecto refleja una característica cada vez más importante de la relación bilateral: Brasil no solamente compra productos uruguayos, sino que también participa directamente en la producción dentro de Uruguay.
La inversión brasileña también está adquiriendo una mayor diversidad sectorial. Al tradicional peso de las industrias frigorífica y agroindustrial se suman ahora finanzas, hotelería, tecnología, logística, comercio y servicios.
Los datos de Uruguay XXI muestran que el stock de inversión extranjera directa brasileña representa aproximadamente 10 % del total de la inversión extranjera directa acumulada en Uruguay.
Esto coloca a Brasil entre los principales orígenes de capital extranjero para la economía uruguaya.
La importancia del vínculo también se observa desde la perspectiva del comercio. En 2026, Uruguay XXI continúa identificando a Brasil como su principal socio comercial dentro de la región, con un mercado de aproximadamente 213 millones de habitantes y oportunidades especialmente relevantes para los sectores agroindustrial y manufacturero.
El intercambio comercial bilateral mueve actualmente alrededor de US$ 5.000 millones anuales, según datos presentados por Uruguay XXI durante una actividad realizada en Río de Janeiro en agosto.
La relación, por lo tanto, combina comercio, inversión, empleo, producción y servicios, creando una interdependencia económica cada vez mayor entre los dos países.
El Gobierno uruguayo también está buscando aprovechar este momento para atraer nuevos proyectos. Uruguay XXI desarrolló el denominado Plan Brasil, una estrategia destinada a profundizar los vínculos con empresas brasileñas y transformar el creciente interés empresarial en nuevos proyectos de inversión.
La estrategia incluye acciones de promoción, reuniones con empresarios y actividades en diferentes ciudades brasileñas.
En agosto, por ejemplo, Uruguay presentó en Río de Janeiro sus oportunidades de inversión, comercio y turismo ante más de 150 empresarios, inversores, autoridades y representantes institucionales de ambos países.
La actividad mostró que la relación económica entre Brasil y Uruguay está siendo impulsada no solamente por los gobiernos, sino también por empresas, cámaras empresariales, instituciones financieras y organismos de promoción de inversiones.
Para las empresas brasileñas, Uruguay puede ofrecer una combinación de estabilidad, seguridad jurídica, infraestructura y acceso regional.
Para Uruguay, la llegada de capital brasileño significa nuevas inversiones, generación de empleo, incorporación de tecnología y ampliación de cadenas productivas.
El desafío será conseguir que ese capital continúe llegando a sectores capaces de generar mayor valor agregado y empleos calificados, evitando que la relación se concentre únicamente en adquisiciones de activos existentes.
Los proyectos industriales y tecnológicos pueden tener un impacto especialmente importante porque generan nuevas capacidades productivas y pueden incorporar proveedores locales.
En ese sentido, la inversión de BrasPine en Rivera constituye un ejemplo de cómo el capital brasileño puede integrarse a una cadena productiva uruguaya y orientarse simultáneamente hacia el mercado regional y las exportaciones.
El fenómeno también demuestra que la relación Brasil-Uruguay está entrando en una etapa diferente.
Durante décadas, el vínculo estuvo marcado principalmente por el comercio fronterizo y el intercambio de bienes. Ahora, la presencia de grandes empresas brasileñas muestra una integración económica más profunda, en la que el capital, los servicios y las cadenas productivas atraviesan las fronteras.
Para el Mercosur, esta evolución tiene especial importancia.
Una mayor inversión brasileña en Uruguay significa también una mayor integración económica dentro del bloque, porque las empresas pueden producir en un país, utilizar servicios de otro y acceder a mercados regionales desde diferentes puntos del territorio.
La tendencia también puede abrir oportunidades para otros países del Mercosur.
Empresas brasileñas que utilizan Uruguay como plataforma regional pueden, potencialmente, ampliar posteriormente sus operaciones hacia Argentina, Paraguay y otros mercados sudamericanos.
De esta manera, Uruguay puede funcionar como un punto de conexión entre el gran mercado brasileño y otros espacios económicos de la región.
El crecimiento de las inversiones también genera una competencia positiva entre los países sudamericanos por atraer capital.
Para Uruguay, mantener su atractivo dependerá de conservar seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica, infraestructura eficiente y reglas claras para los inversores.
Para Brasil, la expansión de sus empresas hacia países vecinos representa una oportunidad para internacionalizar compañías y diversificar sus fuentes de ingresos.
La presencia de empresas brasileñas en Uruguay también fortalece los vínculos empresariales entre ambos países y crea nuevas redes de cooperación.
En los próximos años, sectores como tecnología, servicios financieros, logística, energía, agroindustria y producción industrial podrían ampliar todavía más esa relación.
El escenario actual muestra que el capital brasileño ya tiene un peso considerable en la economía uruguaya, pero el flujo de nuevas consultas y proyectos indica que todavía existe espacio para un crecimiento mayor.
El dato de los US$ 4.400 millones de inversión brasileña acumulada no representa solamente una cifra financiera. Detrás de ella existen empresas, trabajadores, plantas industriales, hoteles, bancos, centros tecnológicos, cadenas logísticas y proyectos que conectan directamente las economías de ambos países.
Brasil se consolida así no solamente como uno de los principales socios comerciales de Uruguay, sino también como uno de sus grandes socios de inversión.
El desafío para Montevideo será transformar el creciente interés brasileño en más producción, más empleo, más innovación y mayor integración regional, mientras las empresas brasileñas encuentran en Uruguay una plataforma cada vez más atractiva para expandirse hacia América Latina.
La tendencia confirma que, dentro del Mercosur, las fronteras económicas son cada vez más permeables y las empresas están construyendo estrategias regionales que integran diferentes países del bloque.
Y en ese proceso, Uruguay se está convirtiendo en uno de los destinos más importantes para el capital empresarial brasileño.
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