
La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia abrió un nuevo capítulo para el entorno digital que acompañó el ascenso político de Javier Milei y puso bajo atención una estructura que durante años tuvo un papel importante en la comunicación de la nueva derecha latinoamericana. Cerimedo, uno de los estrategas digitales vinculados a la campaña presidencial de Milei en 2023, fue detenido el 18 de agosto en el aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, cuando intentaba viajar a Buenos Aires, en el marco de una investigación por el ataque a tiros contra la analista política boliviana Nadia Beller.
El episodio tiene una dimensión política que va más allá de la situación judicial de Cerimedo. Durante la campaña de 2023, la comunicación digital fue una de las grandes fortalezas del espacio libertario, con una capacidad particularmente elevada para instalar temas, confrontar con adversarios y convertir las redes sociales en un escenario central de la disputa política. Ese modelo ayudó a que Milei lograra una presencia pública muy superior a la estructura territorial que tenía La Libertad Avanza en aquel momento.
Cerimedo fue una de las figuras que participaron de ese armado. Su nombre quedó asociado a la organización de fiscales durante la campaña presidencial y a una estrategia de comunicación basada en redes, militancia digital y difusión masiva de contenidos. También tuvo posteriormente vínculos con otros dirigentes de la derecha regional, entre ellos Jair Bolsonaro en Brasil, y con el actual gobierno boliviano de Rodrigo Paz.
Pero el escenario digital que acompañó a Milei durante sus primeros años de crecimiento ya no tiene la misma capacidad de impacto que tuvo durante la campaña y el comienzo de su Gobierno. Un informe de la consultora Ad Hoc, citado en el análisis publicado por Clarín, sostiene que el volumen de conversación sobre el Presidente experimentó una caída sostenida respecto de los niveles registrados durante su primer año de gestión, cuando las menciones mensuales llegaron a ubicarse entre seis y doce millones.
La pérdida de intensidad no significa que Milei haya desaparecido de las redes. Por el contrario, el Presidente continúa teniendo una presencia digital muy fuerte y utiliza las plataformas sociales como uno de sus principales canales de comunicación política. La diferencia está en la capacidad de transformar esa presencia en una conversación dominante, algo que durante la etapa de ascenso libertario ocurría con mucha mayor frecuencia.
El fenómeno puede explicarse por varios factores. La novedad política de Milei se fue reduciendo a medida que avanzó su gestión, mientras que la discusión pública comenzó a concentrarse cada vez más en los resultados económicos, los conflictos políticos y las decisiones concretas del Gobierno. La lógica de campaña permanente pierde eficacia cuando el oficialismo debe responder por la gestión cotidiana, porque los mensajes ya no compiten únicamente con los adversarios sino también con las expectativas de quienes votaron al Gobierno.
La situación de Cerimedo agrega una complicación adicional. El consultor se encuentra detenido en Bolivia mientras la Justicia investiga su posible participación en el ataque contra Beller, quien recibió tres disparos durante un ataque cometido por dos hombres que habrían ingresado al lugar vestidos como repartidores. Cerimedo fue arrestado poco después cuando se disponía a abandonar el país. Las autoridades bolivianas investigan distintas hipótesis y su defensa rechaza las acusaciones.
La causa adquirió mayor gravedad después de que una pericia sobre el teléfono de Cerimedo revelara mensajes que, según la investigación judicial, podrían ser relevantes para establecer si tuvo algún grado de participación en el ataque. Esos elementos forman parte de una investigación en curso y no equivalen a una condena, por lo que la responsabilidad penal deberá ser determinada por la Justicia boliviana.
El caso también vuelve a poner bajo la lupa la red regional construida alrededor de determinados consultores políticos digitales. Cerimedo no desarrolló su actividad únicamente en Argentina: participó en campañas y estrategias de comunicación vinculadas con sectores de derecha en distintos países latinoamericanos. Su influencia se extendió desde el armado digital de Milei hacia otros espacios políticos de la región, convirtiéndolo en una figura relevante dentro de un modelo de asesoramiento político que funciona muchas veces por fuera de las estructuras partidarias tradicionales.
Para Milei, el problema político no consiste necesariamente en la caída individual de un antiguo colaborador, sino en lo que representa el cambio de época. El ecosistema digital libertario que ayudó a convertir al Presidente en un fenómeno político ya no funciona con la misma potencia ni con la misma novedad. La militancia virtual continúa existiendo, pero enfrenta un escenario mucho más competitivo y una sociedad que observa al Gobierno desde una perspectiva diferente a la de 2023.
Además, el oficialismo enfrenta ahora un problema que no se resuelve únicamente con publicaciones en redes: la necesidad de sostener resultados concretos de gestión. La economía, el empleo, los ingresos, el crédito, la seguridad y las disputas institucionales tienen una incidencia cada vez mayor sobre la percepción de los ciudadanos. La viralidad puede instalar una discusión, pero difícilmente pueda reemplazar indefinidamente la evaluación cotidiana que hacen los votantes.
La política digital también cambió. Las redes sociales dejaron de ser un territorio prácticamente nuevo para convertirse en un espacio saturado de dirigentes, medios, influencers, militantes y usuarios que producen contenidos políticos permanentemente. Esto hace que la capacidad de generar millones de interacciones ya no dependa solamente de tener una estructura organizada de comunicación, sino también de la credibilidad que conserve el mensaje y del interés real que genere entre los usuarios.
En ese contexto, la caída de Cerimedo adquiere un valor simbólico. El hombre que participó en una de las maquinarias digitales que ayudaron a construir la identidad política de Milei ahora aparece asociado a una investigación penal de enorme gravedad en Bolivia. La distancia entre aquel momento de expansión política y la situación actual muestra hasta qué punto puede cambiar rápidamente el escenario alrededor de quienes operan en las zonas más informales del poder.
Para el Gobierno argentino, además, resulta conveniente marcar distancia institucional respecto de cualquier persona involucrada en investigaciones judiciales. Cerimedo ya no ocupa un cargo formal dentro de la administración de Milei, aunque su pasado como estratega de campaña hace inevitable que su detención vuelva a generar preguntas sobre los vínculos que mantuvo con el espacio libertario. La situación también es observada en Bolivia, donde el Gobierno de Rodrigo Paz negó que Cerimedo tuviera un cargo oficial, aunque reconoció que brindaba asesoramiento externo.
El episodio, por lo tanto, combina dos historias diferentes: la investigación judicial contra Cerimedo y el desgaste de una fórmula de comunicación política que tuvo enorme éxito durante el ascenso de Milei. No corresponde confundir ambas cuestiones ni utilizar una investigación todavía abierta para sacar conclusiones sobre toda la estructura política libertaria.
Sin embargo, sí existe un elemento que las conecta: la transformación del poder digital. El modelo que convirtió a Milei en uno de los fenómenos políticos más importantes de las redes argentinas continúa siendo parte de su identidad, pero ahora debe convivir con el desgaste propio de una gestión de gobierno.
La caída de Cerimedo representa así algo más que el derrumbe de un operador político: es también una señal de que el ecosistema que rodeó el nacimiento del fenómeno libertario atraviesa una etapa diferente. Las redes continúan siendo fundamentales para Milei, pero el desafío ya no consiste solamente en generar conversación y confrontación. El verdadero reto es conseguir que esa enorme capacidad de comunicación vuelva a traducirse en confianza política en una sociedad que, después de varios años de fuerte polarización digital, comienza a evaluar al Gobierno cada vez más por sus resultados concretos.
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