
La Ciudad de Buenos Aires apuesta por un modelo de seguridad que combina presencia policial en las calles, videovigilancia, análisis de datos e inteligencia artificial para prevenir delitos y acelerar la respuesta ante emergencias. El ministro de Seguridad porteño, Horacio Alberto Giménez, sostiene que la estrategia permitió reducir los principales indicadores delictivos durante 2025 y que el desafío ahora es ampliar la cobertura tecnológica y mejorar la capacidad de respuesta en los barrios. Giménez ocupa el cargo desde marzo de 2025.
Uno de los principales componentes de la estrategia es la presencia policial. Durante el último período se incorporaron más de 4.000 efectivos con experiencia y alrededor de 1.000 cadetes, además de nuevos patrulleros, camionetas, motocicletas y cuatriciclos. El objetivo es que la tecnología no sustituya a los agentes, sino que permita utilizar los recursos disponibles de manera más precisa y concentrarlos en los lugares y horarios donde se registra mayor cantidad de delitos.
El Gobierno porteño sostiene que esa combinación tuvo impacto sobre los indicadores de seguridad. Según los datos presentados por Giménez, la tasa de homicidios de la Ciudad se ubicó en 2,5 casos cada 100.000 habitantes durante 2025, frente a una tasa nacional de 3,7. También se registraron reducciones en robos y hurtos durante ese período.
La particularidad de Buenos Aires es que sus 3,2 millones de habitantes permanentes conviven diariamente con millones de personas que ingresan desde el conurbano y otras localidades por motivos laborales, educativos, comerciales y turísticos. Para las autoridades porteñas, esa circulación modifica la manera de planificar la seguridad y obliga a considerar no solamente dónde viven las personas, sino también dónde se concentran durante determinadas horas.
La videovigilancia ocupa otro lugar central. La Ciudad cuenta con más de 18.000 cámaras distribuidas en calles, autopistas, subterráneos y corredores de tránsito, mientras que la cobertura territorial ronda actualmente el 82%. El objetivo declarado es alcanzar progresivamente una cobertura total, con especial atención en zonas consideradas vulnerables o de mayor incidencia delictiva.
Pero el sistema no se limita a registrar imágenes. Las cámaras están conectadas con centros de monitoreo desde los cuales los operadores pueden detectar situaciones, seguir movimientos y orientar a los patrulleros. La intención es acortar el tiempo entre la detección de un hecho y la llegada de los agentes, utilizando la información disponible en tiempo real.
La inteligencia artificial comenzó además a incorporarse al sistema para automatizar determinadas alertas. Puede identificar vehículos buscados, personas vinculadas con determinadas situaciones, concentraciones de individuos o movimientos que requieren atención. Sin embargo, Giménez remarcó que la decisión final continúa dependiendo de operadores humanos, ya que la tecnología funciona como una herramienta de apoyo y no como sustituto del criterio policial.
Existe también un componente relacionado con la privacidad. De acuerdo con la explicación del ministro, las cámaras cuentan con mecanismos destinados a evitar que la vigilancia invada el interior de viviendas. Cuando una cámara realiza un acercamiento, determinados sectores pueden quedar automáticamente ocultos, y el acceso excepcional a esas áreas requiere autorización cuando existe una situación de emergencia.
Otro instrumento importante es el Anillo Digital, compuesto por pórticos con lectores de patentes instalados en los principales accesos a la Ciudad. El sistema permite detectar vehículos vinculados con impedimentos de circulación y seguir sus desplazamientos, además de facilitar el intercambio de información con organismos de la provincia de Buenos Aires y fuerzas nacionales.
La estrategia también utiliza mapas de calor construidos a partir de denuncias y llamados al 911. Esa información permite identificar zonas donde determinados delitos se concentran y modificar los recorridos de los patrulleros. El patrullaje deja así de depender exclusivamente de recorridos fijos y comienza a organizarse de acuerdo con los datos sobre dónde y cuándo ocurren los delitos.
Palermo y la avenida Corrientes aparecen entre los sectores mencionados por Giménez como áreas que requieren especial atención debido a su intensa actividad comercial y nocturna. En otros puntos de la Ciudad también fueron reabiertos destacamentos próximos a los límites con la provincia de Buenos Aires, mientras se reforzaron los controles de acceso y la presencia policial.
La expansión de la tecnología, sin embargo, no elimina los desafíos tradicionales de la seguridad urbana. El delito cambia de territorio, modalidad y velocidad, y las autoridades deben adaptar sus herramientas a fenómenos como el robo de celulares, el crimen organizado, las nuevas drogas sintéticas y los delitos que utilizan tecnologías digitales.
En este punto aparece otro desafío señalado por Giménez: la capacitación. La Ciudad firmó un convenio con Naciones Unidas para capacitar a integrantes de la Policía porteña en la lucha contra el narcotráfico, las nuevas drogas sintéticas y los precursores químicos de uso dual. La intención es preparar a la fuerza para modalidades delictivas que requieren conocimientos técnicos cada vez más específicos.
La experiencia porteña también está siendo observada fuera de Argentina. Durante 2026, representantes de distintos países conocieron el funcionamiento del Sistema Integral de Seguridad Pública de Buenos Aires, incluyendo el Centro de Monitoreo Urbano y los mecanismos de coordinación entre Policía, Bomberos, Defensa Civil y agentes de prevención.
El modelo que impulsa Buenos Aires se apoya, en definitiva, sobre tres pilares: más presencia policial, mayor capacidad tecnológica y utilización de datos para decidir dónde concentrar los recursos. La apuesta consiste en que ninguno de esos elementos funcione por separado: las cámaras detectan, la inteligencia artificial ayuda a procesar información, los operadores analizan las situaciones y los agentes intervienen físicamente.
El próximo desafío será demostrar que este sistema puede mantener los resultados a medida que aumente la cobertura y que las nuevas tecnologías se integren sin generar problemas de privacidad o falsas alertas. También será necesario comprobar cómo responde frente a delitos que no necesariamente se concentran en puntos previsibles y que pueden trasladarse rápidamente de un barrio a otro.
Buenos Aires está convirtiendo la seguridad urbana en un sistema cada vez más basado en información. Las cámaras, los lectores de patentes, los mapas del delito y la inteligencia artificial buscan darle a la Policía una capacidad de anticipación que antes dependía mucho más de la presencia física y de la reacción posterior al delito. La verdadera prueba para el modelo será mantener la reducción de los índices delictivos, ampliar la protección territorial y demostrar que la tecnología puede mejorar la seguridad sin reemplazar el factor humano que finalmente toma las decisiones.
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