
Pergamino se convirtió en uno de los principales polos de innovación agropecuaria de la Argentina, con productores que incorporan drones, inteligencia artificial, sensores, imágenes satelitales y sistemas de automatización para tomar decisiones más precisas y reducir costos. La transformación es especialmente visible en la zona núcleo bonaerense, donde la tecnología dejó de ser una herramienta experimental para convertirse progresivamente en parte de las tareas habituales del campo.
Uno de los desarrollos más llamativos de este proceso es el uso de drones autónomos capaces de trabajar durante las 24 horas. En un establecimiento de unas 400 hectáreas ubicado en Manuel Ocampo, una firma de Pergamino puso en funcionamiento un sistema que durante el día monitorea los cultivos y durante la noche puede realizar tareas de vigilancia mediante sensores. El equipo opera con recarga automática y reduce la necesidad de intervención humana permanente.
La utilización de drones no se limita a observar los lotes desde el aire. Estas aeronaves pueden generar imágenes de alta resolución, identificar sectores con problemas y aportar información que posteriormente es procesada mediante herramientas digitales. El objetivo es detectar una anomalía antes de que sea visible en todo el lote, de manera que el productor pueda intervenir solamente donde sea necesario.
La agricultura de precisión también incorpora sensores capaces de registrar humedad, temperatura, condiciones atmosféricas y características del suelo. Esa información puede combinarse con imágenes satelitales y modelos matemáticos para determinar cuándo sembrar, fertilizar, aplicar productos o modificar determinadas prácticas de manejo.
Pergamino tiene además antecedentes importantes en el desarrollo de estas herramientas. Un sistema de monitoreo meteorológico basado en estaciones conectadas y algoritmos de inteligencia artificial realizó allí una prueba piloto que permitió mejorar los pronósticos y reducir significativamente el margen de error.
La incorporación de inteligencia artificial representa otro salto tecnológico. Los algoritmos pueden procesar grandes cantidades de información que un productor difícilmente podría analizar manualmente y encontrar patrones relacionados con el estado de los cultivos, la evolución del clima, las enfermedades, las malezas o el rendimiento esperado.
En el caso de las aplicaciones para control de malezas, la tecnología puede reconocer mediante imágenes cuáles plantas deben ser tratadas y permitir una aplicación localizada. Eso significa utilizar menos herbicida y evitar cubrir innecesariamente superficies donde no existe el problema.
La lógica detrás de estas tecnologías es sencilla: producir más utilizando de manera más eficiente los recursos disponibles. Semillas, fertilizantes, agua, combustible y productos fitosanitarios representan costos importantes para cualquier productor, por lo que una aplicación más precisa puede tener impacto tanto económico como ambiental.
El cambio también modifica el trabajo dentro del campo. El productor moderno necesita cada vez más conocimientos vinculados con informática, interpretación de datos, maquinaria inteligente y sistemas de geolocalización. El tractor continúa siendo fundamental, pero ahora trabaja acompañado por una cantidad creciente de dispositivos electrónicos.
La maquinaria agrícola de nueva generación puede registrar automáticamente lo que ocurre durante una jornada de trabajo. Las computadoras instaladas en tractores, sembradoras y pulverizadoras permiten controlar variables con una precisión que hace algunas décadas era prácticamente imposible.
La transformación tecnológica no significa simplemente comprar maquinaria más cara. También implica aprender a utilizar los datos que generan esas máquinas. Una explotación puede disponer de sensores, drones y plataformas digitales, pero el verdadero valor aparece cuando esa información se convierte en decisiones agronómicas concretas.
En ese sentido, Pergamino posee una ventaja particular: existe allí un ecosistema formado por productores, contratistas, empresas tecnológicas, instituciones educativas y organismos vinculados con la investigación agropecuaria.
La presencia del INTA y de instituciones relacionadas con la producción agrícola contribuyó durante décadas a convertir a la región en un espacio de experimentación y transferencia tecnológica. La zona también tiene una fuerte tradición en siembra directa, mejoramiento genético, manejo de cultivos y agricultura de precisión.
La innovación, además, comienza a acercarse a las nuevas generaciones. Programas desarrollados en Pergamino buscan mostrar a estudiantes que el agro dejó de ser solamente una actividad asociada al trabajo manual y a la maquinaria tradicional y que actualmente necesita programadores, especialistas en datos, ingenieros, técnicos y profesionales vinculados con la biotecnología.
Durante actividades de innovación realizadas en la ciudad se presentaron drones agrícolas, sistemas de domótica, inteligencia artificial y nuevas herramientas para la producción. La intención es acercar a los jóvenes a un sector que demanda perfiles profesionales cada vez más especializados.
El avance tecnológico también tiene una dimensión empresarial. El crecimiento de las llamadas AgTech —empresas que desarrollan soluciones tecnológicas para el agro— está generando un nuevo mercado alrededor de la actividad agrícola.
En Pergamino ya existen experiencias relacionadas con drones, análisis de imágenes, sensores, inteligencia artificial y plataformas de información. La ciudad se encuentra dentro de una región donde la proximidad entre productores y empresas tecnológicas facilita que las nuevas herramientas puedan probarse directamente en condiciones reales.
La comparación con Iowa resulta interesante porque ambos territorios tienen una fuerte tradición agrícola y funcionan como referencias de productividad. Sin embargo, la Argentina no necesita copiar exactamente el modelo estadounidense para competir tecnológicamente. Tiene sus propias fortalezas, entre ellas una extensa experiencia en siembra directa, manejo de grandes superficies, contratistas especializados y adopción temprana de determinadas tecnologías.
Uno de los grandes desafíos continúa siendo el costo. Las máquinas más sofisticadas, sensores, componentes electrónicos y determinados sistemas de navegación suelen tener precios elevados, mientras que las condiciones financieras del productor argentino pueden dificultar su incorporación.
Por eso también aparecen soluciones desarrolladas localmente o adaptaciones de equipos existentes. En algunos casos, productores y técnicos combinan maquinaria convencional con sensores, software y dispositivos electrónicos para conseguir resultados similares sin realizar inversiones equivalentes a las de una explotación estadounidense de gran escala.
La innovación argentina muchas veces nace precisamente de esa necesidad de hacer más con menos. Un productor que no puede reemplazar toda su maquinaria puede incorporar una herramienta digital que mejore solamente una parte del proceso y, a partir de los resultados, ampliar progresivamente su nivel de tecnificación.
Los drones constituyen un buen ejemplo. Una aeronave relativamente pequeña puede recorrer un lote, generar información y detectar problemas sin que sea necesario movilizar maquinaria pesada. En determinadas tareas, eso puede representar ahorro de tiempo, combustible y mano de obra.
La automatización también abre una discusión sobre la seguridad rural. El drone autónomo desarrollado en Manuel Ocampo muestra cómo una misma plataforma puede utilizarse para fines productivos durante el día y para vigilancia durante la noche.
El próximo salto puede llegar de la mano de la IA ejecutándose directamente en los equipos, una tecnología conocida como Edge AI. En lugar de enviar todos los datos a un servidor remoto, determinados sistemas pueden analizarlos directamente en el dispositivo, permitiendo respuestas más rápidas.
Ese tipo de tecnología ya aparece en la agenda científica y productiva de Pergamino. El Congreso Nacional de Maíz 2026, que se realizará en la ciudad, incluye una presentación sobre teledetección con drones y procesamiento mediante Edge AI para trabajar sobre los cultivos.
El concepto es especialmente relevante porque el campo necesita tomar decisiones en tiempo real. Si una cámara instalada en una máquina identifica una maleza mientras el equipo avanza, esperar a enviar la información a otro sistema puede resultar innecesario. Una computadora instalada en la propia maquinaria puede analizar la imagen y ordenar una intervención inmediata.
La tecnología también puede ayudar a enfrentar uno de los problemas más difíciles de la agricultura: la variabilidad dentro de un mismo lote. Un campo no es uniforme. Hay sectores con diferentes niveles de humedad, nutrientes, compactación y productividad.
La agricultura tradicional tiende a aplicar determinados insumos de manera relativamente uniforme. La agricultura de precisión intenta, en cambio, tratar cada sector de acuerdo con sus necesidades.
Ese cambio puede generar beneficios económicos, pero también ambientales. Aplicar solamente la cantidad necesaria de fertilizante o fitosanitario reduce el desperdicio y puede disminuir el impacto sobre el suelo y el agua.
La información acumulada durante varias campañas también permite construir un historial de cada lote. Con suficientes datos, el productor puede comparar resultados, identificar tendencias y tomar decisiones basadas no solamente en la experiencia personal sino también en evidencia cuantificable.
El dato se está convirtiendo así en uno de los principales insumos del campo moderno. La tierra, el clima y las semillas continúan siendo fundamentales, pero ahora se agrega una capa digital que permite interpretar permanentemente qué está sucediendo dentro de cada parcela.
El desafío será conseguir que esa transformación llegue a una mayor cantidad de productores. Las grandes empresas agropecuarias pueden distribuir el costo de las nuevas tecnologías sobre miles de hectáreas, mientras que los productores pequeños y medianos necesitan soluciones más accesibles.
La expansión de servicios tercerizados puede ayudar. Un productor no necesariamente necesita comprar un drone, contratar un especialista en datos o adquirir toda la tecnología. Puede pagar por un servicio que realice el monitoreo y entregue la información necesaria para tomar decisiones.
Ese modelo puede acelerar la incorporación tecnológica y reducir las barreras de entrada.
Pergamino tiene condiciones favorables para desarrollar ese ecosistema. La concentración de actividad agrícola, conocimiento técnico y empresas vinculadas al sector crea un entorno donde la tecnología puede pasar rápidamente del laboratorio al lote.
La transformación también puede fortalecer la competitividad de la producción argentina. En un mercado internacional cada vez más exigente, producir con menor utilización de insumos, registrar los procesos y demostrar buenas prácticas puede convertirse en una ventaja comercial.
La trazabilidad será cada vez más importante. Los compradores internacionales quieren conocer cómo fueron producidos los alimentos, qué insumos se utilizaron y cuál fue el impacto ambiental de cada proceso.
Las tecnologías digitales permiten generar buena parte de esa información de manera automática.
El desafío para Argentina consiste ahora en convertir las experiencias individuales en una transformación de escala. Pergamino demuestra que el campo argentino tiene capacidad para incorporar tecnología de primer nivel, pero la verdadera revolución llegará cuando esas herramientas sean accesibles para una cantidad mucho mayor de productores.
La comparación con Iowa, por lo tanto, no debería entenderse solamente como una competencia entre dos regiones agrícolas. También sirve para mostrar que la agricultura moderna se está convirtiendo en una actividad tecnológica global, donde el conocimiento, los datos y la automatización tienen cada vez más peso.
Pergamino está demostrando que el futuro del campo argentino ya no pasa solamente por tener buenas tierras y maquinaria potente. Pasa por saber interpretar datos, automatizar procesos, utilizar inteligencia artificial y tomar decisiones cada vez más precisas. Drones autónomos, sensores, imágenes satelitales, maquinaria inteligente y sistemas de inteligencia artificial están cambiando la forma de producir en la región. El desafío ahora es que esa revolución tecnológica no quede limitada a unos pocos establecimientos, sino que pueda convertirse en una herramienta accesible para una parte cada vez mayor del agro argentino.
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