
Ecuador profundizó su cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos mediante una reunión de alto nivel destinada a fortalecer las acciones contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional. El ministro de Defensa ecuatoriano, Gian Carlo Loffredo, recibió en Quito al comandante del Comando Sur de Estados Unidos, general Francis L. Donovan, en un encuentro que también contó con la participación del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, general Henry Delgado Salvador. El objetivo central fue ampliar el intercambio de capacidades, inteligencia y coordinación operativa frente a las organizaciones criminales que actúan dentro y fuera de las fronteras.
El Ministerio de Defensa ecuatoriano destacó que la alianza permitirá sumar capacidades e inteligencia para aumentar la presión sobre las mafias y reforzar la protección de la población. La reunión se produjo apenas dos semanas después de que el Comando Sur anunciara la creación del Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental, una nueva estructura destinada a coordinar acciones entre Estados Unidos y los países que integran la Coalición Contra los Cárteles de las Américas.
Ecuador forma parte de esa coalición, también conocida como Escudo de las Américas, desde marzo. La plataforma impulsada por Washington busca ampliar la cooperación entre los países del continente para enfrentar redes dedicadas al narcotráfico, tráfico de armas, lavado de dinero y otras actividades vinculadas con el crimen organizado transnacional.
Para el Gobierno de Daniel Noboa, la cooperación internacional adquirió una importancia creciente desde enero de 2024, cuando el presidente declaró un “conflicto armado interno” contra organizaciones criminales a las que su administración considera terroristas. Desde entonces, las Fuerzas Armadas asumieron un papel cada vez más importante en las operaciones de seguridad interna.
La nueva coordinación con Washington apunta especialmente al intercambio de información y a la planificación de operaciones. La inteligencia se convirtió en uno de los principales componentes de la estrategia, debido a que las organizaciones criminales mantienen estructuras que atraviesan fronteras y utilizan rutas internacionales para transportar drogas, armas y dinero.
El nuevo Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental fue presentado por el Comando Sur como una estructura destinada a incrementar la efectividad operacional frente a las amenazas regionales. Según su comandante, reunirá capacidades militares, inteligencia, vigilancia, reconocimiento y planificación para ejercer una presión sostenida sobre las organizaciones criminales.
La iniciativa representa además una evolución de la estrategia estadounidense en América Latina. El nuevo mecanismo reemplaza a la denominada Operación Lanza del Sur, puesta en marcha en 2025 durante la administración de Donald Trump y vinculada con operaciones contra embarcaciones sospechadas de participar en el narcotráfico en el Caribe y el Pacífico.
El cambio supone una mayor apuesta por la coordinación permanente entre los países aliados. Ecuador aparece entre los socios considerados estratégicos por Washington debido a su ubicación geográfica y a su condición de territorio utilizado por redes internacionales para el movimiento de cocaína hacia otros mercados.
La cooperación entre Quito y Washington, de todos modos, no comenzó con la actual coalición. Ambos países mantienen desde hace años acuerdos de asistencia en seguridad y lucha contra el tráfico de drogas, incluyendo mecanismos de cooperación para fortalecer las capacidades ecuatorianas de control e interdicción.
La diferencia actual está en la intensidad y el alcance de la coordinación. El Gobierno de Noboa busca obtener mayores capacidades para enfrentar a organizaciones que han demostrado una creciente capacidad de fuego, logística y penetración territorial, mientras Estados Unidos procura ampliar la cooperación regional contra redes que considera una amenaza para su propia seguridad.
El escenario también tiene una dimensión internacional. Las organizaciones criminales que operan en Ecuador no se limitan al mercado interno. Las rutas de la cocaína conectan a Ecuador con Colombia, Perú, Centroamérica, México, Estados Unidos y Europa, lo que hace que las operaciones contra estas estructuras requieran coordinación entre diferentes países.
La posición geográfica ecuatoriana resulta especialmente relevante. Sus puertos y conexiones marítimas con el Pacífico han sido utilizados por organizaciones criminales para enviar grandes cargamentos de droga hacia mercados internacionales. Por ese motivo, el control marítimo y la vigilancia de las rutas de salida forman parte de las prioridades de seguridad.
La cooperación militar también puede contribuir al intercambio de información sobre movimientos marítimos y aéreos sospechosos. Sin embargo, la eficacia de la estrategia dependerá no solamente de la capacidad militar, sino también de la investigación financiera, el control de los puertos y la persecución judicial de las estructuras criminales.
El fortalecimiento de la inteligencia es particularmente importante porque las organizaciones delictivas suelen dividir sus operaciones. Una estructura puede encargarse de obtener la droga, otra de transportarla y otra de introducirla en el mercado internacional. Seguir solamente a los integrantes armados puede permitir que quienes financian o coordinan las operaciones permanezcan fuera del alcance de las autoridades.
Por eso, la cooperación internacional apunta también a identificar redes completas y no solamente a detener individuos.
La expansión de esta alianza se produce mientras Estados Unidos aumenta su presencia en iniciativas regionales de seguridad. La Coalición Contra los Cárteles de las Américas ya reúne a numerosos países latinoamericanos y caribeños, entre ellos Argentina, Bolivia, Ecuador, Panamá, Paraguay, Chile, Perú y Colombia.
Para Ecuador, formar parte de esa estructura supone acceso a mayores canales de cooperación, pero también implica asumir compromisos dentro de una estrategia regional encabezada por Washington.
El Gobierno de Noboa ha buscado durante los últimos años estrechar sus vínculos con Estados Unidos en seguridad, defensa, migración y comercio. Documentos oficiales ecuatorianos registran además acuerdos destinados a fortalecer la cooperación contra el tráfico ilícito de drogas y mecanismos de asistencia al sector de seguridad.
La reunión entre Loffredo y Donovan refuerza esa tendencia. Quito está apostando a que la cooperación internacional permita compensar las limitaciones propias de sus fuerzas de seguridad frente a organizaciones criminales que disponen de recursos económicos, armamento y conexiones internacionales.
El desafío será convertir esa cooperación en resultados concretos sobre el terreno. La reducción de los homicidios, el debilitamiento de las organizaciones criminales, el control de las rutas de narcotráfico y la recuperación de territorios dominados por grupos armados serán algunos de los indicadores que permitirán evaluar el resultado de la estrategia.
También habrá que observar el impacto sobre las comunidades más afectadas por la violencia. La lucha contra el narcotráfico no se limita a decomisar droga: implica recuperar espacios públicos, proteger a las familias, reducir la extorsión y evitar que las organizaciones criminales recluten jóvenes.
La alianza entre Ecuador y Estados Unidos entra así en una nueva etapa, marcada por una mayor coordinación militar y de inteligencia.
El encuentro en Quito confirma que Ecuador considera la cooperación internacional una pieza central de su estrategia contra el crimen organizado. Washington, por su parte, busca consolidar una red regional capaz de compartir inteligencia y coordinar operaciones frente a organizaciones que operan más allá de las fronteras nacionales. El resultado dependerá de la capacidad de ambos gobiernos para transformar los acuerdos y el intercambio de información en operaciones eficaces, pero también en instituciones capaces de sostener la lucha contra el narcotráfico a largo plazo.
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