
Oscar Pistorius había conseguido algo que parecía imposible: competir con atletas sin discapacidad en los Juegos Olímpicos y convertirse en uno de los deportistas más admirados de Sudáfrica. Pero la madrugada del 14 de febrero de 2013, esa imagen se derrumbó cuando disparó cuatro veces contra la puerta del baño de su casa en Pretoria y mató a su novia, Reeva Steenkamp. Pistorius sostuvo que creyó que detrás de la puerta había un intruso. La Justicia sudafricana terminó condenándolo por asesinato y su pena quedó establecida en 13 años y cinco meses de prisión.
Pistorius nació en Johannesburgo en 1986 con una malformación congénita que afectaba sus piernas. Cuando tenía apenas 11 meses, sus piernas fueron amputadas por debajo de las rodillas y aprendió a desplazarse utilizando prótesis. Lo que inicialmente parecía una enorme limitación terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en el centro de una extraordinaria carrera deportiva.
Con prótesis de carbono comenzó a competir en atletismo y rápidamente se convirtió en una figura destacada del deporte paralímpico. Ganó medallas de oro en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004 y Pekín 2008, además de títulos mundiales en distintas pruebas de velocidad.
Pero Pistorius quería ir todavía más lejos. Buscó competir contra atletas sin discapacidad y enfrentó una disputa con las autoridades deportivas sobre si sus prótesis le otorgaban alguna ventaja. Después de una batalla reglamentaria consiguió autorización para participar en competiciones convencionales.
El momento culminante llegó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde Pistorius compitió en los 400 metros y en la posta 4×400. No consiguió una medalla, pero su presencia tenía un significado que trascendía el resultado deportivo: era el primer atleta con amputación bilateral de piernas que competía en unos Juegos Olímpicos utilizando prótesis.
Para Sudáfrica se había convertido en un símbolo de perseverancia. Su apodo, “Blade Runner”, estaba asociado a sus prótesis de carbono y a una carrera deportiva que parecía demostrar que las limitaciones físicas podían ser superadas.
A finales de 2012 conoció a Reeva Steenkamp, una modelo y abogada de 29 años. La pareja comenzó una relación que rápidamente llamó la atención de los medios. Pistorius estaba en la cima de su fama y Steenkamp también tenía una creciente presencia pública.
La relación, sin embargo, no era tan perfecta como parecía desde afuera. Durante la investigación aparecieron mensajes intercambiados entre ambos que mostraban discusiones, celos y momentos de tensión. Steenkamp había expresado en mensajes privados que algunas actitudes de Pistorius la asustaban y que se sentía afectada por la manera en que él le hablaba.
También salieron a la luz durante el proceso judicial episodios anteriores relacionados con el carácter del atleta y con su manejo de armas de fuego. Uno de ellos ocurrió cuando Pistorius disparó desde un automóvil después de un control policial. Otro se produjo en un restaurante, donde un arma que manipulaba se disparó accidentalmente.
Estos antecedentes adquirieron una relevancia especial después del asesinato porque contribuyeron a modificar la imagen pública del deportista. El hombre que había sido presentado durante años como un ejemplo de fortaleza y superación comenzó a ser observado desde una perspectiva completamente diferente.
La madrugada del 14 de febrero de 2013, Pistorius y Steenkamp se encontraban en la vivienda del atleta en Pretoria. Entre las 3:12 y las 3:14 de la madrugada se escucharon cuatro disparos.
Poco después, los vecinos escucharon gritos de auxilio. Cuando llegaron los primeros testigos, encontraron a Pistorius herido y cubierto de sangre, mientras sostenía a Steenkamp, que había recibido varios impactos.
Un médico que acudió a la vivienda comprobó que la joven había muerto. Una de las heridas había alcanzado su cabeza y resultó mortal.
Pistorius explicó inmediatamente que había disparado porque creyó que un ladrón había ingresado a la vivienda. Según su versión, había escuchado un ruido, tomó una pistola que tenía junto a la cama y efectuó cuatro disparos hacia la puerta cerrada del baño.
Su explicación fue que no llevaba colocadas sus prótesis y se sentía vulnerable. Pensó que debía protegerse y proteger a Reeva de un supuesto intruso.
Pero la investigación comenzó a encontrar elementos que no encajaban con esa versión.
Uno de los interrogantes centrales era por qué Pistorius no había despertado a Reeva si creía que ambos estaban amenazados por un intruso. También llamó la atención que la joven se hubiera encerrado en el baño y hubiera llevado consigo su teléfono.
Los investigadores determinaron además que algunos vecinos habían escuchado discusiones o gritos antes de los disparos. Esos testimonios adquirieron importancia para reconstruir lo ocurrido durante los minutos anteriores al asesinato.
La acusación sostuvo que Pistorius había disparado deliberadamente contra una persona que sabía que estaba detrás de la puerta. La defensa insistió en que se había producido un trágico error y que el atleta había actuado convencido de que estaba enfrentando a un delincuente.
El juicio se convirtió rápidamente en uno de los procesos judiciales más observados del mundo. Las imágenes de Pistorius llorando durante las audiencias recorrieron los medios internacionales, mientras el tribunal analizaba cada detalle de aquella madrugada.
En 2014 fue declarado culpable inicialmente de homicidio culposo y recibió una pena de cinco años. Pero la Fiscalía apeló y el caso cambió radicalmente.
En 2015, el Tribunal Supremo de Apelación de Sudáfrica modificó la calificación y lo declaró culpable de asesinato. El expediente volvió a un tribunal para determinar una nueva condena.
En 2016 recibió seis años de prisión, una pena que posteriormente también fue cuestionada por la Fiscalía. En 2017, la sentencia fue elevada a 15 años, aunque finalmente quedó establecida en 13 años y cinco meses al computarse el tiempo que ya había permanecido privado de libertad.
El proceso judicial había destruido definitivamente la carrera deportiva de Pistorius. Sus patrocinadores desaparecieron, su patrimonio se redujo considerablemente y el atleta que alguna vez había sido recibido como un héroe pasó a ser identificado principalmente con el asesinato de Steenkamp.
Reeva Steenkamp quedó convertida en el centro de una tragedia que inicialmente parecía imposible de asociar con la vida pública de Pistorius. Era una joven modelo, abogada y defensora de causas relacionadas con la violencia contra las mujeres. Su muerte transformó para siempre la percepción que el mundo tenía del deportista.
Pistorius permaneció varios años en prisión y finalmente obtuvo libertad condicional el 5 de enero de 2024, después de haber cumplido casi nueve años de encarcelamiento efectivo. La medida no significó el final de su condena: quedó sometido a supervisión y a restricciones que se extienden hasta 2029.
Desde entonces intenta reconstruir su vida en Pretoria. Vive en la residencia de su tío y mantiene una existencia discreta, alejada de la exposición internacional que tuvo durante su carrera deportiva.
Su regreso a la vida pública ha sido especialmente controvertido. Algunas personas consideran que ya cumplió con las exigencias establecidas por la Justicia; otras, especialmente quienes permanecen cerca de la familia de Reeva, consideran que el proceso de rehabilitación todavía genera dudas.
La madre de Steenkamp, June Steenkamp, nunca aceptó completamente la versión del atleta sobre lo ocurrido y ha mantenido una posición crítica respecto de su rehabilitación.
Pistorius tampoco recuperó su antigua posición dentro del deporte. La pista que alguna vez fue el escenario de sus mayores triunfos quedó asociada para siempre con una historia completamente diferente.
El contraste entre las dos etapas de su vida es lo que convirtió su caso en uno de los más impactantes de las últimas décadas. Primero fue el joven que desafió las limitaciones físicas y consiguió competir al máximo nivel internacional. Después pasó a ser el hombre condenado por matar a su propia pareja.
La tragedia de Reeva Steenkamp reveló una dimensión de Pistorius que no había formado parte de la imagen pública construida alrededor del atleta. Los testimonios, los mensajes privados y los episodios relacionados con armas presentados durante el juicio mostraron una personalidad marcada por conflictos, celos y conductas que contrastaban fuertemente con la figura inspiradora que había conocido el mundo deportivo.
Hoy, a los 39 años, Pistorius vive bajo libertad condicional y con una condena que todavía no terminó. Sus días transcurren lejos de los estadios donde alguna vez fue ovacionado y de las grandes competencias internacionales que lo transformaron en una celebridad.
El caso dejó además una discusión mucho más amplia sobre la diferencia entre la imagen pública de una persona y su comportamiento en la intimidad. Durante años, Pistorius fue presentado como un ejemplo de superación, pero esa imagen no permitió conocer los conflictos que posteriormente aparecieron durante la investigación.
La historia de Reeva también expuso los riesgos de las relaciones atravesadas por celos, control y violencia, especialmente cuando existen armas de fuego dentro del entorno doméstico.
Oscar Pistorius pasó de ser uno de los atletas más admirados de Sudáfrica a convertirse en el protagonista de uno de los crímenes más conocidos del país. Su historia deportiva permanece en los registros de los Juegos Paralímpicos y Olímpicos, pero el asesinato de Reeva Steenkamp terminó ocupando un lugar mucho más determinante en su legado.
Más de una década después de aquella madrugada de San Valentín, Pistorius está nuevamente fuera de prisión, pero su libertad no significa que la historia haya quedado atrás. Hasta 2029 continuará bajo las condiciones de su libertad condicional, mientras el nombre de Reeva Steenkamp permanece inseparable de la caída del hombre que alguna vez fue presentado al mundo como un símbolo de superación.
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