
China consiguió este miércoles un avance importante en su programa espacial al recuperar por primera vez en tierra firme el primer tramo de un cohete orbital mediante un aterrizaje controlado. La misión fue realizada con el Zhuque-3, desarrollado por la empresa privada LandSpace, cuyo propulsor regresó a la superficie después de completar su función durante el lanzamiento. El logro coloca a China en una posición más competitiva dentro de una tecnología que busca reducir de manera significativa el costo de enviar cargas al espacio.
El lanzamiento se produjo durante la mañana del miércoles desde la Zona Piloto de Innovación Espacial Comercial de Dongfeng, en China. Después de separarse del resto del vehículo, el primer tramo del Zhuque-3 inició el descenso y realizó una maniobra propulsada para regresar a tierra, donde consiguió aterrizar utilizando sus propias patas de apoyo.
El resultado tiene una importancia especial porque no se trató simplemente de recuperar una pieza del cohete, sino de controlar su trayectoria durante el descenso y llevarlo nuevamente a una zona de aterrizaje. Esta capacidad es fundamental para desarrollar vehículos que puedan utilizarse varias veces en lugar de desecharse después de cada misión.
El primer tramo de un cohete concentra buena parte de los motores y del combustible utilizados durante el lanzamiento. Una vez que cumple su función y se separa del resto del vehículo, normalmente cae y se pierde. Recuperarlo permite conservar uno de los componentes más costosos del sistema y abre la posibilidad de prepararlo para una nueva misión.
China ya había logrado recuperar un propulsor anteriormente, pero mediante un sistema diferente. El 10 de julio, un primer tramo del Long March-10B fue recuperado en el mar utilizando una plataforma equipada con una red de captura. Aquella misión constituyó el primer éxito chino de recuperación de un cohete de clase orbital.
La diferencia con el Zhuque-3 es fundamental. En la misión de julio, el propulsor debía regresar hacia una plataforma marítima y ser capturado por una red. En el nuevo ensayo, en cambio, el vehículo utilizó patas de aterrizaje retráctiles y descendió directamente sobre tierra firme, una solución más cercana al sistema utilizado por los cohetes reutilizables de SpaceX y Blue Origin.
El aterrizaje vertical requiere un nivel elevado de precisión. Durante el descenso, el cohete debe controlar su orientación, velocidad y posición para llegar a una zona relativamente pequeña. Una desviación importante puede provocar que el vehículo se estrelle antes de alcanzar el punto previsto.
Por eso, la recuperación del Zhuque-3 representa un salto tecnológico respecto de los intentos anteriores que no habían conseguido completar con éxito la fase final del descenso. La capacidad de volver a tierra mediante propulsión controlada es uno de los elementos centrales de los programas modernos de cohetes reutilizables.
El desarrollo chino también muestra que la reutilización dejó de ser una tecnología exclusiva de Estados Unidos. SpaceX logró recuperar por primera vez un Falcon 9 en 2015, y desde entonces convirtió los aterrizajes y posteriores reutilizaciones de sus propulsores en una parte habitual de sus operaciones. Blue Origin también desarrolló sistemas de recuperación vertical para sus vehículos.
La importancia económica de esta tecnología es considerable. Construir un cohete desde cero para cada lanzamiento implica asumir nuevamente el costo de motores, estructuras, sistemas electrónicos y otros componentes. Si el primer tramo puede recuperarse y reutilizarse de manera segura, el costo de cada misión puede disminuir.
Ese ahorro adquiere todavía mayor relevancia a medida que aumenta el número de satélites que necesitan ser enviados al espacio. Las grandes constelaciones de comunicaciones y observación terrestre requieren decenas o incluso cientos de lanzamientos, por lo que reducir el costo de cada misión puede modificar completamente la economía del sector.
El Zhuque-3 fue diseñado precisamente pensando en ese mercado. El vehículo tiene 66,1 metros de altura y utiliza metano y oxígeno líquido como propelentes, una combinación que también está siendo explorada por otros desarrolladores de cohetes reutilizables debido a sus características de combustión y a las posibilidades de reutilización de los motores.
LandSpace tiene además planes ambiciosos para el propulsor recuperado. La empresa apunta a que el vehículo pueda realizar múltiples vuelos y proyecta reutilizar sus propulsores hasta 20 veces, aunque alcanzar esa cifra requerirá demostrar que los componentes pueden soportar repetidos lanzamientos, vuelos atmosféricos y aterrizajes sin perder confiabilidad.
El éxito también tiene una dimensión comercial. LandSpace busca posicionarse como uno de los principales proveedores privados de servicios de lanzamiento de China y compite en un mercado internacional en el que el precio por kilogramo enviado a órbita se ha convertido en un factor decisivo.
La empresa se encuentra además en un proceso para captar recursos mediante una eventual oferta pública de acciones en Shanghái. El avance tecnológico puede fortalecer su posición ante los inversores, especialmente si demuestra que el sistema reutilizable puede pasar de una prueba experimental a operaciones frecuentes.
La carrera no se limita a China y Estados Unidos. Japón también realizó recientemente una prueba con un cohete reutilizable experimental que consiguió despegar y aterrizar de manera segura. La tendencia muestra que diferentes países buscan desarrollar sistemas que permitan reducir los costos y aumentar la frecuencia de los lanzamientos.
Para China, el avance tiene además un significado estratégico. El país está ampliando rápidamente sus capacidades espaciales, desde satélites de comunicaciones y observación hasta misiones lunares y programas de exploración. Contar con cohetes reutilizables permitiría aumentar la cantidad de misiones sin que el costo de fabricación de cada vehículo crezca en la misma proporción.
El objetivo final no es simplemente conseguir que un cohete aterrice, sino convertir ese aterrizaje en una operación rutinaria. La verdadera prueba llegará cuando LandSpace consiga inspeccionar, reacondicionar y volver a lanzar el mismo propulsor en condiciones operativas.
Ese proceso será determinante para saber cuánto puede reducir realmente el costo de los lanzamientos. Un vehículo reutilizable que necesita grandes reparaciones después de cada vuelo podría ofrecer un ahorro mucho menor que uno capaz de regresar, ser revisado rápidamente y volver al espacio en poco tiempo.
La misión también permitió a China avanzar en una tecnología que requiere combinar motores, navegación, sensores y sistemas de control extremadamente precisos. El cohete debe modificar su trayectoria durante el descenso y utilizar sus motores para reducir la velocidad hasta alcanzar una velocidad compatible con el aterrizaje.
En términos simples, el mismo sistema que permite al cohete escapar de la gravedad durante el lanzamiento debe utilizarse parcialmente para frenar su caída durante el regreso. Esa maniobra explica por qué el aterrizaje parece visualmente contrario a la lógica tradicional de los lanzamientos espaciales.
Durante décadas, los cohetes fueron concebidos principalmente como vehículos descartables. Una vez que completaban su misión, sus diferentes etapas terminaban cayendo al océano o desintegrándose en la atmósfera. La reutilización modifica completamente ese concepto.
El nuevo modelo se parece más a una operación de transporte: el vehículo despega, entrega su carga, regresa y puede volver a utilizarse. Esa transformación es uno de los cambios tecnológicos más importantes que atraviesa actualmente la industria espacial.
China todavía tiene camino por recorrer para alcanzar el nivel de frecuencia y experiencia acumulado por SpaceX. Pero el éxito del Zhuque-3 demuestra que la tecnología de aterrizaje vertical y recuperación en tierra ya dejó de ser únicamente un objetivo experimental para la industria espacial china.
El próximo desafío será comprobar la reutilización efectiva del propulsor recuperado. Si LandSpace consigue volver a ponerlo en vuelo después de un proceso de inspección y mantenimiento, el logro tendrá una dimensión mucho mayor que la del aterrizaje de este miércoles.
China acaba de superar una de las barreras más importantes para entrar de lleno en la era de los cohetes reutilizables. El aterrizaje del Zhuque-3 en tierra firme no significa que haya alcanzado todavía a los líderes del sector, pero sí confirma que el país puede desarrollar y operar sistemas capaces de recuperar un propulsor orbital mediante un descenso controlado. El siguiente paso será convertir esa demostración tecnológica en una herramienta comercial capaz de lanzar satélites con mayor frecuencia y a menor costo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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