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El Gobierno brasileño no prevé concluir antes de diciembre el proceso para aplicar medidas de reciprocidad comercial contra Estados Unidos, mientras mantiene abierta la posibilidad de alcanzar antes un acuerdo que reduzca las tensiones provocadas por los nuevos aranceles estadounidenses sobre productos brasileños. El ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, Márcio Elias Rosa, afirmó que la prioridad continúa siendo la negociación y que Brasil no pretende precipitar una represalia.
La llamada Ley de Reciprocidad Económica permite al Gobierno brasileño adoptar medidas de respuesta cuando otro país impone barreras comerciales consideradas perjudiciales para los intereses nacionales. Sin embargo, su aplicación requiere un procedimiento técnico y el análisis de los sectores afectados, por lo que no se trata de una medida que pueda ponerse en marcha inmediatamente.
El ministro explicó que actualmente se encuentra en marcha la recopilación de información sobre el impacto de las medidas estadounidenses. Una vez reunidos los datos, el material será analizado por el Comité Ejecutivo de Gestión de la Cámara de Comercio Exterior (Gecex), que deberá evaluar las alternativas antes de una eventual decisión.
La estrategia brasileña busca evitar una escalada comercial. Brasilia considera que todavía existe espacio para negociar con Washington, por lo que una eventual reciprocidad aparece como una herramienta disponible, pero no como la primera opción.
El conflicto comenzó a intensificarse después de que Estados Unidos impusiera nuevas sobretasas a productos brasileños. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva considera que algunas de esas medidas son abusivas y contrarias a las reglas del comercio internacional, y Brasil ya recurrió a la Organización Mundial del Comercio para cuestionar parte de las decisiones estadounidenses.
La situación afecta de manera diferente a los sectores exportadores. No todos los productos brasileños están sujetos al mismo nivel de aranceles, debido a que existen numerosas excepciones y categorías específicas. Por eso, el Gobierno busca identificar con precisión qué empresas y cadenas productivas están sufriendo el mayor impacto antes de determinar una eventual respuesta.
El sector industrial brasileño observa especialmente la evolución de las exportaciones hacia Estados Unidos, uno de los principales mercados para productos manufacturados, alimentos, materias primas y otros bienes brasileños. Una medida de represalia podría proteger determinados sectores nacionales, pero también elevar los costos de productos estadounidenses importados.
Por esa razón, el Gobierno intenta mantener abiertas las conversaciones. Una guerra comercial no aparece como el escenario preferido por Brasil, especialmente porque una escalada podría afectar a empresas de ambos países y generar mayores costos para consumidores y productores.
Márcio Elias Rosa también dejó claro que Brasil no pretende vincular directamente las negociaciones comerciales con el calendario electoral estadounidense. Según el ministro, la discusión será tratada como una cuestión económica y comercial, independientemente de los procesos políticos que se desarrollen en Estados Unidos.
El contexto político, sin embargo, complica la relación bilateral. Las diferencias entre Brasilia y Washington se ampliaron durante los últimos meses por cuestiones que van más allá del comercio, incluyendo las posiciones del Gobierno estadounidense sobre la política interna brasileña y las elecciones.
A pesar de esas tensiones, el Ministerio de Desarrollo sostiene que el canal diplomático continúa siendo la vía preferida. La intención es negociar antes de que Brasil llegue a la etapa final de aplicación de la reciprocidad, siempre que Estados Unidos muestre disposición para revisar las medidas que afectan a las exportaciones brasileñas.
La estrategia también busca ganar tiempo para conocer con mayor precisión el impacto real de los aranceles. Las autoridades necesitan diferenciar entre los sectores que pueden absorber parcialmente el aumento de costos y aquellos que podrían perder competitividad de manera significativa frente a proveedores de otros países.
En ese escenario, la reciprocidad funciona como una herramienta de presión. Brasil puede responder si las negociaciones no producen resultados, pero la existencia de ese mecanismo también puede ser utilizada para intentar obtener mejores condiciones en la mesa de diálogo.
El Gobierno de Lula evita, por ahora, presentar una lista definitiva de productos estadounidenses que podrían ser afectados. Esa definición dependerá del análisis técnico que realice Gecex y de la evolución de las conversaciones con Washington.
Para Brasil, el objetivo principal es evitar que los aranceles estadounidenses provoquen una pérdida permanente de mercados para sus empresas exportadoras. Una negociación que permita ampliar las excepciones o reducir las sobretasas sería, desde esa perspectiva, una solución menos costosa que una escalada de represalias.
La ventana de negociación seguirá abierta durante los próximos meses. Si no se alcanza un entendimiento, el proceso previsto por la Ley de Reciprocidad podría avanzar hacia una eventual respuesta brasileña, pero el propio Gobierno reconoce que ese camino difícilmente estará concluido antes de diciembre.
La situación coloca a Brasil ante un delicado equilibrio: defender a sus exportadores sin transformar el conflicto arancelario en una guerra comercial de mayores dimensiones. Por ahora, Brasilia apuesta por la diplomacia y mantiene la reciprocidad como una alternativa de último recurso.
El mensaje del Gobierno es claro: Brasil se prepara para responder, pero todavía prefiere negociar. La posibilidad de alcanzar un acuerdo con Estados Unidos antes de fin de año será determinante para saber si la Ley de Reciprocidad termina siendo aplicada o permanece como una herramienta de presión dentro de la disputa comercial.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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