Colombia: terremoto del 10 de agosto deja 289 muertos, casi 4.000 heridos y 143 desaparecidos
El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó Colombia el lunes 10 de agosto dejó un balance provisional de 289 personas fallecidas, cerca de 4.000 heridas y 143 desaparecidas, de acuerdo con el reporte difundido durante la actualización de la emergencia. El sismo tuvo su epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y provocó daños graves en diferentes zonas del occidente y el centro del país. Pereira, Cali, Manizales, Armenia y Quibdó se encuentran entre las ciudades con mayores afectaciones, mientras los organismos de emergencia mantienen operaciones de búsqueda, rescate y evaluación de estructuras. El número de víctimas continúa sujeto a modificaciones debido a que todavía se realizan labores entre los escombros y se depuran los registros de las diferentes regiones afectadas.
El movimiento telúrico ocurrió durante la mañana del 10 de agosto y fue percibido con intensidad en numerosas ciudades colombianas. La profundidad y la ubicación del epicentro hicieron que las ondas sísmicas fueran sentidas a gran distancia, generando escenas de pánico y provocando daños en viviendas, edificios públicos, hospitales, carreteras y otras infraestructuras.
La emergencia tuvo una distribución territorial amplia. Aunque el epicentro se localizó en Chocó, algunas de las consecuencias más graves se registraron en el Eje Cafetero y el Valle del Cauca. Pereira aparece entre las ciudades con mayores daños, mientras Cali también concentró importantes operaciones de búsqueda y rescate.
En Cali, los equipos de emergencia tuvieron que trabajar en diferentes estructuras que presentaban colapsos o daños severos. Las autoridades municipales establecieron puntos de atención y coordinaron las operaciones desde el Puesto de Mando Unificado, con participación de organismos de socorro, fuerzas de seguridad, personal médico y equipos especializados.
La situación de las viviendas representa uno de los principales problemas posteriores al terremoto. Un reporte preliminar citado en la actualización de la emergencia registró 43.978 viviendas afectadas en Cali, Pereira, Manizales, Quibdó y Armenia. De ese total, 1.770 estaban colapsadas y 42.208 presentaban algún tipo de avería.
Pereira concentraba la mayor cantidad de viviendas afectadas, con decenas de miles de inmuebles que debían ser evaluados antes de permitir nuevamente el ingreso de sus habitantes. La magnitud de los daños obligó a las autoridades a recomendar que las personas no regresaran a viviendas con grietas, desprendimientos u otras señales de deterioro hasta contar con una evaluación técnica.
El problema no se limitó a las viviendas. También se reportaron centenares de estructuras colapsadas y miles con diferentes niveles de afectación. Escuelas, centros de salud, edificios administrativos y establecimientos comerciales quedaron expuestos a daños que pueden prolongar durante semanas o meses la emergencia.
Los hospitales también enfrentaron dificultades. En Cali se reportaron afectaciones en infraestructura sanitaria y una presión extraordinaria sobre los servicios médicos debido a la llegada de personas heridas. La atención de emergencia tuvo que combinarse con la evaluación de edificios potencialmente inseguros.
Uno de los mayores desafíos fue localizar a las personas que permanecían desaparecidas. El reporte citado registraba 143 personas cuyo paradero todavía no había sido establecido. Cada caso requería verificar información con familiares, hospitales, morgues y equipos de rescate para evitar duplicaciones y establecer un registro confiable.
Las operaciones de búsqueda se desarrollaron bajo condiciones especialmente difíciles. La posibilidad de nuevos desprendimientos obligaba a los rescatistas a avanzar con extrema precaución, especialmente en edificios parcialmente colapsados donde retirar un bloque de concreto podía provocar movimientos adicionales de la estructura.
Los equipos utilizaron perros especializados, sensores, herramientas de corte y perforación y maquinaria pesada. Sin embargo, la utilización de maquinaria debía coordinarse cuidadosamente con los grupos que realizaban búsqueda manual, porque todavía existía la posibilidad de encontrar personas con vida dentro de espacios reducidos.
Uno de los episodios que mantuvo la esperanza durante los primeros días fue el rescate de personas y animales que permanecían atrapados. Las autoridades ampliaron las operaciones de búsqueda debido a la posibilidad de encontrar sobrevivientes incluso después de las primeras 72 horas.
La llamada “ventana de supervivencia” no constituye un límite absoluto. Las condiciones dentro de una estructura pueden permitir que una persona sobreviva durante períodos prolongados si existe aire, protección frente al colapso y, en algunos casos, acceso a pequeñas cantidades de agua.
La tragedia también provocó una emergencia humanitaria. Decenas de miles de familias quedaron damnificadas y muchas tuvieron que abandonar temporalmente sus viviendas por los daños estructurales o por el riesgo de nuevos desprendimientos.
Los albergues comenzaron a recibir a personas que no podían regresar a sus hogares. La atención incluyó alimentación, agua, asistencia médica y apoyo psicológico, además de la distribución de elementos básicos para las familias que perdieron sus viviendas.
La dimensión de la emergencia obligó además a movilizar recursos desde otras regiones. Brigadas de rescate y asistencia internacional llegaron a Colombia para colaborar con las operaciones, mientras diferentes organismos nacionales coordinaron la distribución de equipos y ayuda humanitaria.
En paralelo, los ingenieros y arquitectos comenzaron una evaluación masiva de las estructuras. El objetivo no era únicamente determinar qué edificios habían colapsado, sino establecer cuáles podían ser habitados nuevamente y cuáles necesitaban reparaciones profundas o demolición.
Ese proceso puede prolongarse considerablemente. Después de un terremoto, una construcción que permanece en pie no necesariamente es segura. Las columnas, vigas, muros y conexiones internas pueden haber sufrido daños que no siempre son visibles desde el exterior.
Las autoridades recomendaron por ello evitar el ingreso a edificaciones afectadas hasta recibir autorización técnica. Una de las mayores preocupaciones después de un terremoto son precisamente las réplicas, que pueden provocar el colapso de estructuras previamente debilitadas.
El impacto económico también será considerable. La reconstrucción de viviendas, hospitales, escuelas, carreteras y redes de servicios públicos exigirá recursos públicos y privados durante un período prolongado.
Para muchas familias, además, la pérdida no se limita a la vivienda. Comercios, herramientas de trabajo, vehículos y bienes personales pueden haber quedado destruidos o inutilizados, afectando directamente los ingresos de quienes ya enfrentan la emergencia.
En las zonas rurales, el terremoto también generó problemas de conectividad. Carreteras y vías secundarias resultaron afectadas por movimientos de tierra y desprendimientos, dificultando el traslado de ayuda y la comunicación entre comunidades.
La ubicación del epicentro en Chocó también puso de manifiesto las dificultades logísticas de atender una emergencia en territorios con infraestructura limitada y zonas de difícil acceso. El traslado de maquinaria pesada y equipos especializados requiere más tiempo cuando las carreteras están dañadas o las comunidades se encuentran alejadas de los principales centros urbanos.
Mientras tanto, los organismos científicos mantienen el seguimiento de la actividad sísmica. Después de un terremoto de gran magnitud pueden producirse réplicas durante días, semanas o incluso períodos más prolongados. La mayoría son menores, pero algunas pueden sentirse con fuerza y generar nuevos daños en estructuras debilitadas.
El terremoto también reabrió el debate sobre la preparación de las ciudades colombianas frente a eventos sísmicos. Colombia se encuentra en una región de actividad tectónica importante y diferentes zonas del país están expuestas a terremotos de magnitudes considerables.
La calidad de las construcciones constituye uno de los factores determinantes para reducir el número de víctimas. Dos ciudades sometidas a un movimiento sísmico de características similares pueden registrar consecuencias muy diferentes dependiendo de la resistencia de sus edificaciones, la calidad del suelo y la preparación de sus sistemas de emergencia.
El balance de 289 fallecidos representa, por ahora, una de las mayores tragedias naturales recientes de Colombia. Pero el número podría cambiar mientras continúan las labores de identificación y búsqueda. Las autoridades han insistido en que los datos deben considerarse provisionales hasta que concluya la consolidación de los reportes regionales.
La situación de las personas desaparecidas mantiene abierta una de las partes más sensibles de la emergencia. Para las familias, cada operación de rescate representa la posibilidad de obtener información sobre sus seres queridos, mientras los equipos trabajan bajo presión para aprovechar cualquier indicio.
La aparición de videos de rescates en redes sociales también ha generado confusión. Algunas imágenes auténticas fueron difundidas nuevamente como si correspondieran a acontecimientos ocurridos varios días después del terremoto. Las autoridades han tenido que verificar las fechas para separar los rescates reales de las publicaciones que reutilizan material antiguo.
Ese problema demuestra la importancia de la información verificada durante una catástrofe. Una imagen verdadera puede ser acompañada por datos falsos sobre la fecha, el lugar o las circunstancias del rescate, generando expectativas equivocadas entre familiares y ciudadanos.
A medida que la etapa de búsqueda y rescate avance hacia la evaluación de daños y la reconstrucción, el desafío cambiará. La prioridad dejará de ser únicamente encontrar sobrevivientes y pasará a ser garantizar vivienda, servicios básicos, atención médica, educación y recuperación económica para las comunidades afectadas.
La reconstrucción será particularmente compleja en las ciudades que concentran la mayor cantidad de daños. Pereira, Cali, Manizales, Armenia y Quibdó deberán evaluar miles de edificaciones y determinar cuáles pueden ser recuperadas y cuáles deberán ser reconstruidas.
La emergencia también plantea una prueba para la capacidad de coordinación entre el Gobierno nacional, las administraciones departamentales y las alcaldías. La distribución de recursos y la definición de prioridades serán determinantes para evitar que la atención se concentre únicamente en las primeras semanas y pierda fuerza cuando desaparezca la atención mediática.
El terremoto del 10 de agosto dejó a Colombia frente a una emergencia que va mucho más allá del número inicial de víctimas. Los 289 fallecidos, casi 4.000 heridos y 143 desaparecidos registrados en el balance difundido muestran la dimensión humana de la tragedia, mientras las decenas de miles de viviendas afectadas anticipan un largo proceso de recuperación. Pereira, Cali, Manizales, Armenia y Quibdó concentran buena parte de los daños, pero las consecuencias alcanzan a numerosas comunidades del occidente y centro del país. Las operaciones de búsqueda todavía pueden modificar el balance definitivo, especialmente mientras existan personas desaparecidas. Después del rescate, llegará una segunda etapa igualmente difícil: reconstruir viviendas e infraestructura, recuperar empleos y servicios y garantizar que las edificaciones dañadas no vuelvan a poner en riesgo a la población ante futuras réplicas o terremotos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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