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Las relaciones entre Brasil y Argentina estuvieron marcadas durante gran parte de los siglos XIX y XX por disputas geopolíticas, competencia económica y una permanente desconfianza mutua. Sin embargo, a partir de la década de 1980 ambos países iniciaron un profundo proceso de acercamiento político y económico que cambió el rumbo de Sudamérica. Diversos acuerdos bilaterales sentaron las bases para dejar atrás décadas de rivalidad y construir una relación basada en la cooperación, la integración y el desarrollo conjunto, proceso que culminó con la creación del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) en 1991.
El punto de inflexión se produjo el 30 de noviembre de 1985, cuando los entonces presidentes José Sarney, de Brasil, y Raúl Alfonsín, de Argentina, firmaron la histórica Declaración de Foz de Iguazú. Este documento puso fin a décadas de recelos políticos y abrió una nueva etapa de diálogo permanente entre las dos mayores economías sudamericanas. La declaración impulsó mecanismos de cooperación en áreas estratégicas como el comercio, la energía, la ciencia, la tecnología e incluso el uso pacífico de la energía nuclear, demostrando que ambos gobiernos estaban dispuestos a sustituir la lógica de la competencia por una visión compartida del desarrollo regional.
El acercamiento se profundizó en 1986 con la firma del Programa de Integración y Cooperación Económica (PICE), conocido también como la Ata para la Integración Argentino-Brasileña. Este acuerdo estableció un amplio conjunto de protocolos sectoriales destinados a integrar progresivamente las economías de ambos países. Las iniciativas abarcaron sectores como la industria automotriz, la siderurgia, la agricultura, la infraestructura, el transporte y el comercio bilateral. Dos años después, en 1988, ambos gobiernos firmaron el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, mediante el cual asumieron el compromiso de avanzar hacia la constitución de un mercado común en un plazo de diez años. Aquellos instrumentos constituyeron la base jurídica y política de la integración que posteriormente incorporaría a Uruguay y Paraguay.
El proceso alcanzó un momento decisivo el 26 de marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción, mediante el cual Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay crearon oficialmente el MERCOSUR. El nuevo bloque nació con el objetivo de establecer la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, coordinar políticas macroeconómicas y fortalecer la inserción internacional de sus miembros. Desde entonces, Brasil y Argentina se convirtieron en los principales impulsores del proceso de integración regional, desarrollando una de las relaciones comerciales más importantes de América Latina y consolidando cadenas productivas comunes en sectores como la industria automotriz, la energía, la agricultura y la manufactura.
A lo largo de las últimas tres décadas, la cooperación entre ambos países trascendió el ámbito estrictamente comercial. Brasil y Argentina desarrollaron mecanismos conjuntos de confianza en materia nuclear, ampliaron la cooperación científica y tecnológica, coordinaron posiciones en foros multilaterales y promovieron proyectos de infraestructura destinados a fortalecer la integración física de Sudamérica. Aunque las relaciones bilaterales atravesaron períodos de tensión derivados de diferencias políticas o económicas entre distintos gobiernos, los mecanismos institucionales construidos desde los años ochenta permitieron preservar el diálogo y mantener vigente el proyecto de integración regional. Esa continuidad convirtió a la relación bilateral en uno de los pilares fundamentales del MERCOSUR.
En la actualidad, cuando el MERCOSUR impulsa nuevos acuerdos comerciales con socios como Singapur y avanza en la implementación del tratado con la Unión Europea, la experiencia de cooperación entre Brasil y Argentina adquiere una renovada importancia. Los tratados firmados hace cuatro décadas demostraron que la integración regional puede transformar antiguas rivalidades en alianzas estratégicas capaces de generar crecimiento económico, estabilidad política y mayor presencia internacional. Pese a las diferencias coyunturales que ocasionalmente surgen entre ambos gobiernos, la historia demuestra que la cooperación bilateral continúa siendo un elemento indispensable para el fortalecimiento del MERCOSUR y para el desarrollo económico de América del Sur.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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