
Desde hace más de tres años un pozo petrolero abandonado en Lomas de Olmedo (Salta) lanza gases tóxicos, matando todo a su alrededor y, hasta la fecha, no hay un plan de remediación concreto. Aunque la presión social logró que en diciembre de 2025 el Gobierno de Salta publicara un decreto reconociendo la crisis, hoy —seis meses después— el decreto es una promesa vacía sin presupuesto ni acciones reales. Es urgente exigir a las empresas, al Gobierno Nacional y al Gobierno Provincial su cierre y el saneamiento de la zona.
Un bosque totalmente destruido, animales sin vida y sustancias tóxicas que se esparcen, cada vez más lejos. “Sentí impotencia, dolor, tristeza, una mezcla de sensaciones difícil de explicar. Todo eso mientras mis oídos seguían aturdidos por el ruido. Sufría muchísimo calor, pero sin la máscara era imposible respirar por la nube de hidrocarburos. Como biólogo, ver la naturaleza destruida me partió el alma. Plantas y animales muertos, el suelo seco y agrietado, el bosque arrasado”.
Así recuerda la experiencia Matías Arrigazzi, miembro del equipo de Campañas de Greenpeace Argentina, cuando hace unos meses viajó junto a la organización a la zona de Lomas de Olmedo, departamento de Orán, provincia de Salta para documentar y denunciar este crimen ambiental.
El infierno sigue ardiendo. Firmá la petición y exigile a las empresas, al Gobierno Nacional y al Gobierno Provincial el cierre del pozo y la este desastre.

El equipo logró adentrarse en medio de un bosque nativo, a 260 Km de la capital provincial, donde encontraron un infierno: un pozo petrolero abandonado presentaba fugas sin control de gases y líquidos con hidrocarburos, dejando el bosque convertido en un escenario de terror con riesgos severos de explosión y de incendios.

En la zona contaminada Matías y otros miembros del equipo de Greenpeace realizaron una inspección ocular en la que se tomaron muestras de agua con elementos de protección personal adecuados para evitar afectaciones principalmente en ojos y mucosas.


Como resultado constataron la existencia de dos fases, una de ellas aceitosa y compatible con la presencia de hidrocarburos. Además, registraron numerosos animales muertos y comprobaron que las plantas aledañas no podían respirar y ni fotosintetizar por estar cubiertas por una película oleosa.

“Los líquidos y gases se esparcían sobre el suelo y la vegetación mientras el derrame de los gases de la válvula abandonada aumentaba e invadía el aire haciéndolo irrespirable. La contaminación generó una densa nube tóxica que terminó envolviendo al bosque alrededor y envenenando la flora y fauna doméstica y silvestre”, recuerda Matías.

Como consecuencia de este desastre, cerca de 20 hectáreas de bosques nativos hoy se encuentran secos, sin vida, en el perímetro del pozo. Y la afectación a la biodiversidad se extiende a muchas hectáreas más, según variables como la presión atmosférica, la temperatura y los vientos.

Muchos habitantes locales directamente tuvieron que abandonar sus casas. Los pocos que no lo hicieron se juegan la vida y la salud con los riesgos que implica permanecer en un lugar tan contaminado. Greenpeace está en constante conversación con ellos para tener actualizaciones del estado actual del pozo y poder comunicarlo.

Las Lomas de Olmedo se encuentran en la zona de transición entre las ecorregiones del Chaco Seco y el piedemonte de la Selva de Yungas y se consideran un Ecosistema Prioritario para la Conservación, es decir, un área de especial importancia que, por sus características naturales, requieren gestión especial. En la zona hay diversas especies, como el oso hormiguero, el pecarí labiado, el ocelote y la tortuga acuática chaqueña, y decenas de aves como el ñandú, el pato negro y el águila coronada. Además de su gran biodiversidad, se trata de un corredor biológico y un ambiente de transición delicado.
De acuerdo con Matías, lo que debe propiciarse es la recomposición del ambiente, que el bosque vuelva a estar como estaba antes del problema. El proceso de remediación por contaminación de hidrocarburos es sumamente complejo, por eso, iniciarlo en forma urgente es preciso para impedir que se sigan expandiendo los tóxicos.

A medida que el tiempo pasa, la presión sobre el ambiente y la biodiversidad aumenta, la contaminación acumulada es mayor, y el agua contaminada corre y llega a sitios cada vez más lejanos. Esto atenta contra la capacidad natural de resiliencia del ecosistema y acerca la situación al daño irreversible. Además, los pobladores siguen viendo deteriorada su calidad de vida y su fuente de ingreso.

¿Qué reclamamos desde Greenpeace?
A comienzos de 2025 pobladores criollos afectados se contactaron con nosotros para denunciar este desastre ambiental. Por eso, en cuanto fue posible, organizamos un viaje para hacernos presentes y registrar el estado de situación, documentamos el avance de las sustancias tóxicas y estamos reclamando a las autoridades que son quienes deben tomar las medidas necesarias para resolver el problema.
Fue entonces cuando iniciamos una campaña pública por todos los medios posibles para exigir el cierre del pozo. En poco tiempo más de 60mil personas se sumaron a exigir soluciones a los responsables.
Gracias a esa presión, difusión y participación ciudadana a fines del 2025 logramos ser escuchados: la provincia reconoció la gravedad del desastre a través del Decreto N° 826/25 que declaró la caducidad de la concesión de explotación a la empresa President Petroleum SA, recuperando para la provincia la concesión del pozo.
En abril de este año, mediante el Decreto N° 826/25 se facultó al Ministerio de Producción y Desarrollo Sustentable (actualmente reconformado como Ministerio de Producción y Minería) a asegurar la continuidad operativa, ambiental y de seguridad sobre el área hidrocarburífera hasta tanto se defina un nuevo llamado a Licitación Pública de la Concesión de explotación.
Es decir, sólo traspasó las competencias sobre el manejo del pozo a una empresa energética local con participación estatal (REMSa) mientras se abre una nueva licitación. Ninguna de las empresas que explotaron el pozo durante 40 años ni los gobiernos dieron respuestas satisfactorias y al día de hoy no se realizó ninguna acción para contener la fuga.

Historia de un pozo tóxico y ningún responsable.
El pozo petrolero L.O. X-10 , ubicado en el área hidrocarburífera “Puesto Guardián”, en la zona de Lomas de Olmedo en jurisdicción de Pichanal, departamento Orán, al norte de la provincia de Salta, fue perforado en 1983 por la empresa YPF, durante su operación en la cuenca hidrocarburífera norte, en ese entonces Sociedad del Estado, de un área que luego fue concesionada a distintas empresas. La última fue President Petroleum S.A., cuya quiebra fue declarada en 2025.
En 2023 se registraron los primeros problemas en el pozo, con la detección de una fuga de gas y fluidos. Los productores locales sostienen que desde entonces la pérdidas del pozo causaron la mortandad de unas 350 cabezas de ganado, además de diversos animales silvestres como reptiles, aves y mamíferos.
La provincia de Salta tiene conocimiento y en su momento inició una demanda contra la empresa. Sin embargo, ante la falta de respuestas de la empresa y la justicia no ha accionado para proveer soluciones.
La Ley General del Ambiente, en su artículo 31, indica que todos los que han participado o que han tenido responsabilidad en la cadena de producción del daño, tienen responsabilidad tanto de remediación como de reparación.

Más bosques destruidos, más fenómenos climáticos extremos.
A las amenazas ya conocidas que se extienden sobre los bosques -desmontes legales e ilegales, incendios, desertificación, inundaciones- se suman en este caso las consecuencias de la explotación petrolera sin control.
Destruir el monte para extraer petróleo es alimentar directamente el motor de la crisis climática causada por la acción humana, aquel que intensifica fenómenos meteorológicos como el inminente El Niño. En Salta, despojarse de los bosques nativos para abrirle paso a la infraestructura petrolera significa dejarnos sin defensas contra las lluvias torrenciales y las sequías extremas que se avecinan, incrementando el riesgo de incendios.
Un bosque enfermo, desmontado y fragmentado pierde su capacidad natural para absorber lluvias y regular el clima, transformando las tormentas extremas en inundaciones catastróficas y aludes de lodo contaminado.
Las grandes victorias a favor del ambiente nunca dependen de una sola persona, dependen de miles que deciden participar.
Quienes destruyen la naturaleza muchas veces cuentan con la impunidad de hacerlo lejos de la vista pública, en lugares difíciles de acceder.
Desde Greenpeace podemos llegar a donde ocurren los crímenes ambientales, con elementos para tomar muestras, con equipamiento y vestuario adecuados. Con recursos para realizar registros fotográficos y de video.
Denunciar y documentar un caso como este solo es posible gracias a personas que confían en nosotros y realizan un aporte mensual a Greenpeace.
Ellas hacen realidad, a través de sus donaciones, que podamos investigar, trabajar con comunidades y pueblos indígenas, desarrollar reportes y documentos técnicos, hacer incidencia política, movilizar personas y posicionar temas ambientales para proteger el clima, la biodiversidad y las personas. Ayudanos a continuar esta campaña:

Laura Colombo
Fuente de esta noticia: https://www.greenpeace.org/argentina/blog/problemas/bosques/el-infierno-sigue-ardiendo-el-pozo-petrolero-abandonado-de-salta-todavia-tiene-fugas-toxicas-sin-control-ni-soluciones/
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