Uruguay se prepara para una campaña de maíz 2026/27 que podría convertirse en la mayor de su historia, con estimaciones que ubican el área de grano seco en torno a las 300.000 hectáreas y que podrían alcanzar las 400.000 hectáreas si se incorpora la superficie destinada a ensilaje. El escenario combina una mayor demanda interna, mejores márgenes para los productores, avances tecnológicos, mayor disponibilidad de agua y una fuerte expansión de la ganadería intensiva, la lechería y otras actividades que utilizan el cereal como alimento.
La campaña comenzará en aproximadamente dos semanas y las señales del mercado ya muestran el fuerte interés de los productores. La importación de semillas de maíz aumentó 84% hasta el 12 de agosto, con 4.016 toneladas ingresadas frente a las 2.180 toneladas registradas durante el mismo período de 2025. El volumen rompe además una estabilidad que se mantenía desde 2023 y anticipa una expansión considerable del área sembrada.
El agua es uno de los principales factores detrás de las expectativas. Las previsiones climáticas apuntan a un período con abundantes precipitaciones, lo que mejora las posibilidades para los cultivos de secano, aunque también introduce un riesgo: si las lluvias son excesivas durante la ventana de siembra, podrían dificultar el ingreso de maquinaria a los campos y retrasar las labores. Los productores deberán encontrar un equilibrio entre aprovechar la disponibilidad de humedad y evitar problemas derivados de un exceso de agua.
Los márgenes económicos también favorecen al maíz. Un cultivo de secano que alcance un rendimiento de aproximadamente 8.000 kilos por hectárea, con un precio cercano a US$200 por tonelada, puede generar unos US$1.600 por hectárea de ingresos brutos. Con costos estimados en torno a US$1.000, el resultado presenta un margen atractivo para los productores. En los sistemas bajo riego, los rendimientos pueden ser considerablemente superiores.
El riego se convirtió en uno de los elementos que explican el avance tecnológico del cultivo. En la última campaña, el 20% del área de maíz de primera estuvo bajo riego y alcanzó un rendimiento promedio de 11.680 kilos por hectárea, mientras que el promedio general de ese segmento fue de 5.745 kilos. La incorporación de agua en momentos críticos permite reducir la variabilidad productiva y mejorar la previsibilidad del resultado.
El crecimiento del maíz también está modificando la estructura agrícola uruguaya. Durante el auge de la soja, la relación de superficie llegó aproximadamente a 10 hectáreas de soja por cada una de maíz, una proporción que generaba cuestionamientos desde el punto de vista de la rotación de cultivos y el uso de los suelos. La expansión del cereal está llevando progresivamente hacia una combinación más equilibrada.
La evolución productiva resulta especialmente significativa. Entre 2019 y 2022 Uruguay produjo alrededor de 800.000 toneladas anuales de maíz, pero después de la fuerte sequía de 2023, cuando la cosecha cayó a apenas 265.000 toneladas, la producción volvió a ubicarse entre 1,5 y 2 millones de toneladas durante las tres últimas zafras. Para la próxima campaña, las proyecciones apuntan incluso a entre 2,5 y 3 millones de toneladas.
La última cosecha, sin embargo, estuvo afectada por condiciones secas. La producción bajó de 1,93 millones a 1,45 millones de toneladas, aunque el descenso fue considerablemente menor que el registrado por la soja. Según los datos citados de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el rendimiento del maíz cayó 23%, frente a una reducción del 45% en la soja.
La mayor resistencia del cultivo y la incorporación de tecnología están cambiando también la percepción del riesgo. La adopción del riego permitió reducir a la mitad en una década la variabilidad de los rendimientos, mientras que la genética y las nuevas técnicas de manejo están elevando progresivamente la productividad. El resultado es un cultivo más previsible y con mayor capacidad para responder a las necesidades de la producción animal.
Pero el principal motor de la expansión está en la demanda. Uruguay produjo cerca de 1,5 millones de toneladas durante la última campaña, una cantidad que ya no alcanza para cubrir el consumo interno creciente. En julio se importaron 55.687 toneladas, el mayor volumen mensual desde 2023, cuando el país atravesaba las consecuencias de una severa sequía.
La transformación de la ganadería explica buena parte de esta presión. Los corrales de engorde se multiplicaron y requieren grandes cantidades de maíz para elaborar las raciones. Al mismo tiempo, el sector lechero incrementó el uso de suplementación y la producción avícola mantiene una demanda sostenida del cereal. La expansión del consumo animal está convirtiendo al maíz en un componente cada vez más estratégico de la producción agropecuaria uruguaya.
En el caso de la ganadería, la relación entre el precio del maíz y el valor de la carne resulta actualmente favorable. Aunque el cereal aumentó de precio, la carne y el ganado subieron aún más, mejorando la ecuación para los corrales y también para sistemas de recría y terminación. Esto genera un incentivo adicional para que los productores ganaderos mantengan o incrementen el consumo del cereal.
La situación es algo diferente en la lechería. Los precios de los productos lácteos se ajustaron y existe mayor incertidumbre comercial, por lo que el aumento del maíz presiona los márgenes. Sin embargo, la utilización de suplementación se ha generalizado y contribuye a elevar la productividad de las vacas, por lo que se espera que la demanda del sector permanezca firme.
Otro elemento favorable es la posibilidad de utilizar el maíz cerca del lugar donde se produce. A diferencia de la soja, que en determinadas zonas necesita recorrer largas distancias hasta los puertos de exportación, el maíz puede ser consumido localmente por corrales y establecimientos ganaderos, reduciendo los costos de transporte y mejorando su atractivo económico.
Los precios internacionales también aportan un contexto favorable. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos redujo en agosto casi 8% su estimación de las existencias de maíz para la próxima cosecha, hasta unos 42 millones de toneladas. El mercado reaccionó con una suba de alrededor del 5% el miércoles 13 de agosto, reflejando las expectativas de una mayor firmeza de los precios.
El panorama internacional presenta además problemas de oferta en algunas regiones. Francia podría registrar en 2026 una caída de 35% en su producción de maíz, mientras que la producción conjunta de la Unión Europea y el Reino Unido podría disminuir más de 10%. Ese déficit incrementa la necesidad europea de importar cereal y abre oportunidades para proveedores de otros países.
En ese contexto, Argentina aparece como uno de los posibles proveedores para Europa, mientras Ucrania enfrenta dificultades logísticas relacionadas con la guerra en el mar Negro. Una mayor demanda internacional puede contribuir a sostener los precios regionales y mejorar las perspectivas de los productores uruguayos.
El escenario no está libre de riesgos. Las enfermedades transmitidas por la chicharrita representan una de las principales amenazas sanitarias para el cultivo, especialmente si las condiciones climáticas favorecen su propagación. A eso se suma el riesgo de excesos de humedad durante la implantación y de enfermedades asociadas a ambientes demasiado húmedos.
Por ese motivo, los productores están prestando especial atención a las características de los híbridos que utilizarán. En un año con abundante agua, se priorizan materiales con buena sanidad de raíces y tallos, resistencia al vuelco y tolerancia a enfermedades de la espiga y del follaje.
La disponibilidad de semillas se convirtió en otro indicador de la magnitud de la campaña. Las reservas de semillas de maíz en Uruguay se encuentran en niveles récord, lo que permite anticipar que la superficie finalmente implantada podría acercarse a las estimaciones más optimistas.
También existe una búsqueda por comenzar la siembra lo antes posible. Los productores están midiendo la temperatura de los suelos para determinar el momento adecuado de ingreso a los lotes. La estrategia apunta a aprovechar la humedad disponible, pero también a reducir la exposición a los riesgos climáticos que podrían aparecer posteriormente durante el ciclo.
El crecimiento del maíz tiene además una importancia estratégica para la agricultura uruguaya porque diversifica la producción de verano. Una mayor participación del cereal permite distribuir mejor los riesgos y mejorar las rotaciones, al mismo tiempo que genera materia prima para las cadenas de carne, leche y producción avícola.
Uruguay está pasando de un escenario en el que el maíz ocupaba un lugar secundario frente a la soja a otro en el que el cereal comienza a convertirse en uno de los pilares de la producción agropecuaria. La combinación de genética, riego, mejores prácticas de manejo y una demanda interna creciente está modificando rápidamente la dimensión del cultivo.
El desafío será sostener ese crecimiento sin que los riesgos climáticos y sanitarios reduzcan el potencial de la campaña. Un exceso de lluvias puede complicar la implantación, mientras que las enfermedades pueden afectar la superficie que finalmente llega a cosecha.
También será necesario observar la evolución de los precios. Las estimaciones actuales son favorables, pero el mercado internacional puede cambiar rápidamente según el comportamiento de las cosechas de Estados Unidos, Sudamérica, Europa y Ucrania.
Para los productores uruguayos, sin embargo, la combinación actual resulta especialmente atractiva. Existe demanda, hay posibilidades de buenos rendimientos y el cultivo cuenta con una creciente base tecnológica.
La próxima campaña será, por eso, una prueba importante para determinar hasta dónde puede llegar la expansión del maíz en Uruguay. Si el clima acompaña y los problemas sanitarios permanecen bajo control, la producción podría acercarse a los 3 millones de toneladas, un volumen que cambiaría definitivamente la dimensión de esta cadena agrícola.
La expansión del maíz no representa solamente un récord de superficie sembrada. También refleja un cambio en la estructura del agro uruguayo, impulsado por una ganadería que consume cada vez más cereal, una agricultura que incorpora tecnología y un mercado internacional que ofrece señales favorables. El país se prepara para una campaña histórica, pero el resultado final dependerá de tres factores decisivos: que el clima permita sembrar en tiempo y forma, que las enfermedades no reduzcan los rendimientos y que los precios mantengan una relación atractiva frente a los costos de producción.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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