
Celulares, tablets y consolas pueden convertirse en regalos muy esperados por niños y adolescentes, pero entregar un dispositivo conectado a internet también implica asumir responsabilidades de seguridad y acompañamiento. Antes de ponerlo en manos de un menor, especialistas recomiendan configurar las herramientas de privacidad, establecer controles parentales y acordar reglas claras sobre su utilización. El objetivo es que la protección digital comience desde el primer día y no después de que aparezcan los primeros problemas.
La primera medida consiste en configurar el dispositivo antes de entregarlo. La recomendación incluye activar las opciones de privacidad y seguridad disponibles y adaptar la configuración a la edad y al nivel de autonomía del niño o adolescente. De esta manera, el equipo llega preparado para el uso que tendrá y no queda inicialmente expuesto con la configuración predeterminada.
El segundo paso es activar los controles parentales. Estas herramientas permiten limitar el tiempo de pantalla, restringir contenidos, controlar la instalación de aplicaciones y administrar determinadas compras dentro de juegos y plataformas. Los límites no deberían ser idénticos para todos los menores: deben revisarse a medida que crecen y adquieren mayor autonomía digital.
La tercera medida es habilitar la verificación en dos pasos en las cuentas y aplicaciones que permitan utilizarla. Este sistema agrega una segunda barrera además de la contraseña y dificulta que otra persona pueda acceder a una cuenta incluso si consigue conocer o robar las credenciales.
Pero la seguridad no depende únicamente de las configuraciones técnicas. La cuarta recomendación consiste en hablar con los chicos y establecer reglas de uso de manera conjunta. Hernán Navarro, fundador de Grooming Argentina, señaló que la autonomía digital debe construirse progresivamente y con participación de los adultos. El acompañamiento resulta especialmente importante cuando el dispositivo permite acceder a redes sociales, videojuegos, chats y otros espacios donde pueden producirse situaciones de riesgo.
La quinta medida es establecer horarios de utilización y espacios de la casa libres de pantallas. Definir desde el comienzo cuándo puede utilizarse el dispositivo permite evitar que la tecnología termine ocupando toda la rutina cotidiana. También facilita que el menor entienda que recibir un celular, una tablet o una consola implica determinadas responsabilidades.
El especialista remarcó además que proteger una contraseña no es suficiente para proteger la identidad digital de un menor. La prevención del grooming y de otras formas de violencia digital requiere presencia adulta, diálogo y confianza, especialmente durante las primeras etapas de utilización de un dispositivo conectado.
La recomendación adquiere mayor importancia porque un teléfono o una consola moderna ya no funcionan únicamente como dispositivos de entretenimiento. Pueden permitir acceso a cámaras, micrófonos, ubicación, redes sociales, sistemas de mensajería, plataformas de compras y comunidades de videojuegos. Cada una de esas funciones introduce diferentes riesgos que deben ser evaluados según la edad del usuario.
Por eso, el mejor momento para establecer la seguridad es antes de entregar el regalo. Configurar el equipo, activar las protecciones disponibles y conversar sobre las reglas permite que el menor comience a utilizarlo dentro de un entorno más controlado.
Regalar tecnología a un niño o adolescente no termina cuando se abre la caja. El dispositivo debe estar acompañado por educación digital y supervisión responsable. Las cinco medidas —configuración previa, controles parentales, verificación en dos pasos, reglas acordadas y horarios de uso— permiten reducir riesgos sin convertir la tecnología en una experiencia exclusivamente restrictiva. El objetivo es que los menores puedan aprovechar sus beneficios mientras desarrollan progresivamente las herramientas necesarias para desenvolverse con seguridad en el mundo digital.