
Venezuela atraviesa una de las catástrofes naturales más devastadoras de su historia reciente tras el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió su costa norte el miércoles 24 de junio de 2026, en una tragedia cuyo balance de víctimas no deja de aumentar mientras los equipos de rescate trabajan contrarreloj entre los escombros. El número de fallecidos se elevó a 188 y el de heridos a 1.520, mientras que al menos 346 construcciones, entre edificios, hospitales y centros comerciales, resultaron afectadas, según informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en un balance que las autoridades advirtieron que seguirá creciendo. Otras fuentes oficiales elevaron posteriormente la cifra a 235 muertos y más de 4.300 heridos, con miles de personas aún sin localizar. La zona más castigada por la doble sacudida fue el estado de La Guaira, en el norte del país, donde decenas de edificios colapsaron o resultaron gravemente dañados y donde la presidenta interina Delcy Rodríguez declaró el estado de «zona de desastre natural».
La magnitud de la destrucción quedó reflejada en episodios específicos que ilustran la dimensión humana de la tragedia. Las autoridades venezolanas informaron que al menos 12 personas murieron y otras 23 fueron rescatadas tras el colapso del edificio Petunia, en el municipio de Chacao, una de las zonas más prósperas del área metropolitana de Caracas. El Servicio Geológico de los Estados Unidos estimó que ambos movimientos telúricos alcanzaron intensidades de IX en la escala de Mercalli, correspondiente a sacudidas en las cuales pocas estructuras de mampostería permanecen en pie. El ministro de Salud de Venezuela, Carlos Alvarado González, anunció que se activaron todos los centros de salud del país para atender a los heridos, mientras la presidenta interina informaba que hasta primeras horas del jueves se contabilizaban 30 réplicas. La población de La Guaira, sin luz y entre los escombros, pedía ayuda para rescatar a las personas atrapadas, en escenas que conmovieron a toda la región.
La respuesta solidaria internacional alcanzó dimensiones sin precedentes y movilizó a países de todos los continentes y orientaciones políticas. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, conversó por teléfono con la presidenta interina Delcy Rodríguez y anunció el envío de un hospital de campaña, 36 bomberos y varios técnicos en rescate para atender a las víctimas. México envió dos aviones de la Fuerza Aérea con 261 efectivos, entre soldados, médicos, enfermeros y equipos de búsqueda y rescate, transportando 4,4 toneladas de equipo y 2,7 toneladas de suministros médicos, mientras que Estados Unidos asignó 150 millones de dólares para las labores de asistencia humanitaria y desplegó el Comando Sur. A esta movilización se sumaron El Salvador, con 300 rescatistas y 50 toneladas de equipo; República Dominicana, Chile, Ecuador, Colombia, Panamá, España, Francia, Suiza, Países Bajos, Italia y Alemania, además del Papa León XIV, que envió una primera ayuda de 100.000 euros, y la Unión Europea, que activó su sistema satelital Copernicus.
El contexto en que ocurre la tragedia agrava enormemente su impacto y plantea desafíos adicionales para la respuesta humanitaria. La catástrofe golpea a Venezuela en un momento de extrema vulnerabilidad, ya que el país está siendo gobernado por un gobierno interino tras la captura del presidente Nicolás Maduro a comienzos de 2026, y enfrenta una economía paralizada por años de hiperinflación. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una licencia que suspende temporalmente algunas de las sanciones impuestas a Venezuela, hasta el 23 de octubre de 2026, para permitir las transacciones bancarias relacionadas con las labores de socorro tras los terremotos, en un gesto excepcional que facilita la llegada de la ayuda. El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía sufrió daños y fue cerrado temporalmente, lo que complica la logística de la asistencia internacional, mientras la conectividad a internet disminuyó drásticamente en todo el país por los daños en la infraestructura de telecomunicaciones.
Para el Mercosur, la tragedia venezolana plantea una reflexión sobre la solidaridad regional que trasciende las profundas divisiones políticas del bloque. Venezuela se encuentra suspendida del Mercosur desde 2017 por la aplicación del Protocolo de Ushuaia, y su eventual reingreso es uno de los temas más divisivos de la agenda regional; sin embargo, la magnitud de la catástrofe demostró que la solidaridad humanitaria sigue siendo un valor compartido por todos los pueblos de la región. La respuesta de los gobiernos del bloque —desde el Brasil de Lula, que envió un hospital de campaña, hasta la Argentina de Milei, que ofreció asistencia humanitaria pese a sus diferencias con Caracas, y la Bolivia de Paz, que expresó su solidaridad en medio de su propia crisis— ilustra cómo la tragedia logró tender puentes en una región profundamente dividida. La catástrofe ocurre a apenas días de la cumbre del Mercosur del 30 de junio en Luque, donde la solidaridad con Venezuela podría convertirse en un punto de encuentro humanitario. El Diario Prensa Mercosur seguirá documentando esta tragedia que enluta a un pueblo hermano. Este es un tema sensible: las cifras de víctimas continúan actualizándose, y las personas con familiares en la zona pueden contactar a las plataformas de búsqueda y a las Cruces Rojas nacionales habilitadas.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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