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La pregunta planteada por el anรกlisis publicado por The Economist y difundido por Infobae no es, en realidad, si Washington tiene suficiente poder para modificar el rumbo de Venezuela. Eso ya quedรณ demostrado. La verdadera cuestiรณn es mucho mรกs compleja: si ese poder puede transformarse en instituciones democrรกticas que sobrevivan cuando Estados Unidos deje de ejercer presiรณn directa sobre Caracas.
La diferencia es fundamental. Cambiar un gobierno es relativamente rรกpido. Construir una democracia requiere reconstruir tribunales, organismos electorales, partidos polรญticos, Fuerzas Armadas sometidas al poder civil, medios de comunicaciรณn independientes, garantรญas para la oposiciรณn, separaciรณn de poderes y mecanismos de control capaces de impedir que un nuevo grupo concentre nuevamente toda la autoridad.
Y ese es precisamente el problema que enfrenta Venezuela en agosto de 2026.
El punto de partida: Maduro saliรณ, pero el sistema no desapareciรณ
El 3 de enero de 2026, una operaciรณn militar estadounidense terminรณ con la captura de Nicolรกs Maduro y su traslado a Estados Unidos, donde enfrenta acusaciones penales. Dos dรญas despuรฉs, Delcy Rodrรญguez, hasta entonces vicepresidenta de Maduro, asumiรณ como presidenta interina.
Aquello produjo una situaciรณn extraordinaria: el principal dirigente del chavismo habรญa desaparecido del escenario polรญtico venezolano, pero buena parte de la estructura estatal que habรญa sostenido su gobierno continuaba funcionando.
Reuters describiรณ desde enero la permanencia de un nรบcleo de dirigentes polรญticos y militares con capacidad para conservar el control del aparato estatal. La salida de Maduro, por tanto, no significรณ automรกticamente la desapariciรณn del chavismo como estructura de poder.
Esta circunstancia explica una de las mayores contradicciones de la transiciรณn actual. Estados Unidos eliminรณ al principal obstรกculo personal para una transformaciรณn polรญtica, pero dejรณ intacta una parte considerable de la maquinaria institucional que habรญa permitido al chavismo mantenerse durante aรฑos.
Por eso, la pregunta sobre quรฉ hacer despuรฉs de Maduro resultรณ mucho mรกs complicada que la operaciรณn militar que terminรณ con su gobierno.
Washington tiene influencia, pero tambiรฉn un problema de legitimidad
Estados Unidos dispone actualmente de una capacidad de influencia sobre Venezuela que difรญcilmente tendrรญa cualquier otro actor internacional.
Washington posee capacidad para influir sobre el acceso del paรญs a los mercados financieros, la industria petrolera, las sanciones, la inversiรณn extranjera y la relaciรณn con organismos internacionales. Ademรกs, la intervenciรณn militar de enero convirtiรณ a Estados Unidos en un actor directamente involucrado en el futuro polรญtico venezolano.
Pero esa misma influencia contiene una contradicciรณn.
Una democracia venezolana diseรฑada en Washington podrรญa ser considerada una democracia tutelada, especialmente si los venezolanos perciben que las instituciones fueron construidas bajo presiรณn extranjera y que las decisiones fundamentales sobre petrรณleo, seguridad y polรญtica exterior dependen de Estados Unidos.
El problema no es solamente polรญtico. Es histรณrico.
Amรฉrica Latina tiene una memoria profunda de intervenciones estadounidenses en asuntos internos. Desde Centroamรฉrica y el Caribe hasta Sudamรฉrica, la influencia de Washington ha producido tanto procesos de democratizaciรณn como reacciones nacionalistas contra lo que sectores locales consideran injerencia extranjera.
Por eso, si Estados Unidos quiere que una eventual democracia venezolana tenga legitimidad, necesitarรก que los venezolanos sean los protagonistas visibles del proceso, incluso cuando Washington continรบe ejerciendo una enorme influencia detrรกs de escena.
La negociaciรณn que puede cambiar el escenario
La novedad mรกs importante de agosto es que esa discusiรณn dejรณ de ser exclusivamente teรณrica.
El 6 de agosto de 2026 comenzaron en Caracas conversaciones entre representantes del Gobierno interino y un sector de la oposiciรณn, con respaldo estadounidense. Reuters seรฑalรณ que el objetivo inicial es reformar el sistema polรญtico y preparar el camino para futuras elecciones.
La delegaciรณn gubernamental estรก vinculada a Jorge Rodrรญguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy Rodrรญguez, mientras que el sector opositor participante estรก encabezado por Dinorah Figuera, exdiputada que regresรณ a Venezuela despuรฉs de aรฑos en el exilio.
Pero existe un problema evidente: las principales figuras de la oposiciรณn no estรกn sentadas en esa mesa.
Marรญa Corina Machado y Edmundo Gonzรกlez Urrutia, dos de los nombres centrales de la oposiciรณn venezolana, permanecen fuera del paรญs y no participan directamente en las conversaciones. Esto significa que cualquier acuerdo deberรก demostrar que tiene una representatividad polรญtica suficiente para ser considerado una verdadera negociaciรณn nacional y no simplemente un pacto entre sectores que aceptaron participar.
El primer acuerdo ya apareciรณ
El proceso produjo un primer resultado significativo.
El 12 de agosto, representantes del Gobierno interino y de la oposiciรณn acordaron avanzar en una reforma del Tribunal Supremo de Justicia mediante un nuevo mecanismo de postulaciones y modificaciones a la legislaciรณn que regula el mรกximo tribunal. Tambiรฉn acordaron solicitar el desbloqueo de reservas de oro venezolanas depositadas en el Banco de Inglaterra para destinarlas a la reconstrucciรณn del paรญs despuรฉs de los terremotos de junio.
Aunque puede parecer un acuerdo tรฉcnico, la reforma judicial tiene una enorme importancia polรญtica.
Durante aรฑos, una de las principales crรญticas al sistema venezolano fue precisamente la falta de independencia de las instituciones encargadas de controlar al poder. Un Tribunal Supremo percibido como subordinado al Ejecutivo dificulta cualquier transiciรณn porque puede bloquear decisiones electorales, judicializar opositores o validar cambios constitucionales favorables al gobierno de turno.
Por eso, la independencia judicial es uno de los primeros campos de batalla de una verdadera transiciรณn democrรกtica.
El Consejo Electoral serรก todavรญa mรกs importante
Despuรฉs de la Justicia viene uno de los asuntos mรกs delicados: el sistema electoral.
Una elecciรณn no se convierte en democrรกtica simplemente porque se abren las urnas. Para que exista competencia real debe haber un registro electoral confiable, partidos autorizados, candidatos sin persecuciรณn, medios capaces de informar libremente, observaciรณn nacional e internacional, acceso equitativo a los centros de votaciรณn y un organismo electoral que pueda actuar independientemente del Ejecutivo.
Ese problema ya estaba identificado en propuestas anteriores de Washington.
El marco de transiciรณn elaborado durante la primera administraciรณn Trump en 2020 planteaba, entre otras medidas, la renovaciรณn del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo mediante mecanismos que obligaran a los principales sectores polรญticos a negociar sus integrantes. El Atlantic Council considera que aquel marco todavรญa puede servir como punto de partida, aunque requiere modificaciones para adaptarlo a la realidad de 2026.
Esto demuestra que la discusiรณn actual no naciรณ despuรฉs de la captura de Maduro. Estados Unidos lleva aรฑos intentando diseรฑar una salida polรญtica para Venezuela, pero los mecanismos de presiรณn anteriores nunca consiguieron producir una transiciรณn.
Ahora la diferencia es que Washington tiene una capacidad de presiรณn mucho mayor.
El gran dilema: elecciones rรกpidas o instituciones primero
Existe una tentaciรณn evidente: organizar elecciones lo antes posible y permitir que los venezolanos decidan quiรฉn debe gobernar.
Pero unas elecciones realizadas sobre instituciones todavรญa controladas por sectores del antiguo rรฉgimen podrรญan reproducir el problema.
El Parlamento Europeo advirtiรณ en mayo que, meses despuรฉs de la caรญda de Maduro, Venezuela seguรญa enfrentando una situaciรณn polรญtica, econรณmica y social crรญtica y que el Gobierno de Delcy Rodrรญguez no habรญa presentado entonces una hoja de ruta clara hacia elecciones libres y justas. El organismo europeo tambiรฉn cuestionรณ la aplicaciรณn de la Ley de Amnistรญa y sostuvo que las sanciones selectivas deberรญan mantenerse hasta que exista una ruta electoral creรญble y se restablezcan plenamente los derechos fundamentales.
Esto conduce a una conclusiรณn incรณmoda: la transiciรณn necesita elecciones, pero las elecciones necesitan instituciones confiables.
Y construir esas instituciones requiere tiempo.
La oposiciรณn tampoco llega unida
Otro obstรกculo es la fragmentaciรณn de la oposiciรณn.
Durante los aรฑos de Maduro, distintos sectores opositores mantuvieron diferencias profundas sobre estrategias, negociaciones, participaciรณn electoral y relaciรณn con Estados Unidos. La ausencia de una estructura opositora รบnica dificulta que Washington identifique a un interlocutor capaz de representar a todos los sectores.
El problema es todavรญa mayor porque algunos opositores pueden considerar inaceptable negociar con antiguos dirigentes chavistas, mientras que otros entienden que ningรบn proceso de transiciรณn serรก posible sin incorporar a sectores del sistema anterior.
La experiencia internacional demuestra que una transiciรณn democrรกtica rara vez consiste en la desapariciรณn absoluta del antiguo rรฉgimen. Normalmente requiere acuerdos con sectores que acepten abandonar el autoritarismo a cambio de garantรญas polรญticas, jurรญdicas y, en determinados casos, personales.
Pero ese mecanismo tiene un lรญmite: si las garantรญas son demasiado amplias, las vรญctimas pueden interpretar la transiciรณn como impunidad.
La justicia serรก el segundo gran campo de batalla
Venezuela deberรก resolver quรฉ hacer con los funcionarios, militares, jueces y dirigentes vinculados con violaciones de derechos humanos y actos de corrupciรณn.
Una transiciรณn que ignore completamente esos delitos puede generar una paz superficial. Pero una persecuciรณn indiscriminada puede provocar que sectores todavรญa poderosos del antiguo aparato de seguridad decidan bloquear el proceso.
La justicia transicional tendrรก que encontrar un equilibrio entre verdad, responsabilidad, reparaciรณn y estabilidad institucional.
Ese es uno de los motivos por los cuales la reforma del Tribunal Supremo acordada esta semana tiene tanta importancia. No se trata รบnicamente de cambiar jueces. Se trata de determinar quiรฉn tendrรก autoridad para interpretar la Constituciรณn, revisar las decisiones del Gobierno y garantizar los derechos de los ciudadanos durante el perรญodo de transiciรณn.
El petrรณleo puede ser la llave y tambiรฉn la trampa
Existe ademรกs una dimensiรณn econรณmica imposible de separar de la polรญtica.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petrรณleo del mundo y la recuperaciรณn de su producciรณn representa una enorme oportunidad econรณmica. Estados Unidos tiene un interรฉs estratรฉgico en que la industria vuelva a producir de manera estable y que el petrรณleo venezolano llegue a los mercados internacionales.
Ese interรฉs puede ayudar a financiar la reconstrucciรณn.
Pero tambiรฉn puede generar una sospecha peligrosa: que la democracia sea utilizada como argumento para reorganizar la industria petrolera en beneficio de intereses estadounidenses.
El debate ya aparece en los anรกlisis internacionales. Le Monde seรฑalรณ recientemente que la administraciรณn Trump ha ejercido una fuerte influencia sobre los ingresos petroleros venezolanos y que la utilizaciรณn de esos recursos se ha convertido en uno de los puntos sensibles de la transiciรณn.
Por eso, la pregunta que enfrentarรก Washington no serรก solamente quiรฉn gobierna Venezuela.
Serรก tambiรฉn quiรฉn controla el petrรณleo, quiรฉn administra sus ingresos y quiรฉn decide cรณmo se utiliza ese dinero para reconstruir el paรญs.
Venezuela necesita algo mรกs que elecciones
La democracia venezolana no podrรก reconstruirse รบnicamente con una elecciรณn presidencial.
Necesitarรก recuperar un sistema judicial independiente, reconstruir universidades y servicios pรบblicos, garantizar libertad de prensa, profesionalizar las Fuerzas Armadas, recuperar la capacidad del Estado para prestar servicios y establecer reglas econรณmicas que permitan atraer inversiรณn sin convertir al paรญs nuevamente en un sistema dominado por grupos privilegiados.
Chatham House ha advertido precisamente que cualquier plan estadounidense para Venezuela necesitarรก un componente mucho mรกs profundo de Estado de derecho, con negociaciรณn, supervisiรณn y participaciรณn de organizaciones internacionales, diplomรกticas, empresariales y de la sociedad civil.
Esto significa que la transiciรณn no puede ser solamente Caracas-Washington.
Tambiรฉn tendrรก que involucrar a Europa, Naciones Unidas, organismos regionales, organizaciones de derechos humanos, empresarios, sindicatos, universidades, iglesias, organizaciones sociales y comunidades venezolanas dentro y fuera del paรญs.
El precedente de otros paรญses
La historia ofrece ejemplos contradictorios.
En algunos procesos de transiciรณn, como los de Chile y Nicaragua, la presiรณn internacional contribuyรณ a crear condiciones para elecciones competitivas y cambios de gobierno. Pero tambiรฉn existen numerosos ejemplos en los que una potencia extranjera consiguiรณ reemplazar un liderazgo sin conseguir construir instituciones democrรกticas estables.
La diferencia estuvo generalmente en la capacidad de los actores nacionales para apropiarse del proceso.
Ese serรก probablemente el criterio mรกs importante para medir el รฉxito estadounidense en Venezuela.
Si Washington necesita seguir sosteniendo indefinidamente al Gobierno venezolano, la transiciรณn habrรก fracasado.
Si, en cambio, consigue ayudar a crear instituciones que posteriormente puedan funcionar sin tutela estadounidense, entonces la intervenciรณn de 2026 podrรญa terminar produciendo un resultado histรณrico diferente.
Antes, ahora y despuรฉs
Antes de enero de 2026, Venezuela estaba atrapada en un sistema polรญtico caracterizado por la concentraciรณn del poder, una oposiciรณn perseguida y un sistema electoral cuestionado internacionalmente.
Ahora, siete meses despuรฉs de la captura de Maduro, existe un escenario extraordinario: un Gobierno interino surgido del antiguo chavismo negocia con sectores de la oposiciรณn mientras Estados Unidos intenta conducir el paรญs hacia una transiciรณn.
Y el despuรฉs todavรญa estรก abierto.
Puede aparecer una Venezuela con elecciones competitivas, instituciones independientes y una economรญa capaz de recuperar su capacidad productiva.
Pero tambiรฉn puede surgir otra posibilidad: un sistema autoritario remodelado, con nuevos dirigentes, nuevas alianzas econรณmicas y elecciones controladas.
El Atlantic Council considera que una transiciรณn exitosa probablemente tendrรก que ser gradual y negociada, con garantรญas para los distintos sectores polรญticos.
Ese punto es crucial. La democracia no puede imponerse desde afuera como si fuera una estructura que se instala y comienza a funcionar automรกticamente.
La verdadera prueba para Estados Unidos
La administraciรณn de Donald Trump tiene ahora una oportunidad que ningรบn Gobierno estadounidense habรญa tenido en dรฉcadas: posee suficiente influencia para presionar a las autoridades venezolanas, tiene capacidad para facilitar recursos econรณmicos y puede condicionar el acceso a mercados internacionales.
Pero justamente por eso tendrรก que responder a una pregunta histรณrica.
ยฟEstados Unidos quiere una Venezuela democrรกtica o una Venezuela polรญticamente alineada con Washington?
Las dos cosas pueden coincidir durante un tiempo, pero no son necesariamente lo mismo.
Una democracia autรฉntica puede elegir gobiernos favorables a Estados Unidos, pero tambiรฉn puede elegir gobiernos nacionalistas, izquierdistas o crรญticos de Washington. Si Estados Unidos acepta esa posibilidad, estarรก ayudando realmente a construir una democracia.
Si solamente acepta elecciones cuando el resultado coincide con sus intereses, entonces habrรก cambiado el gobernante, pero no habrรก cambiado la lรณgica de fondo.
La negociaciรณn que comenzรณ en Caracas y el acuerdo alcanzado esta semana sobre la reforma judicial representan, por ello, mucho mรกs que una conversaciรณn entre chavismo y oposiciรณn. Son el primer laboratorio real para comprobar si Venezuela puede pasar de un sistema de poder concentrado a instituciones capaces de limitar al prรณximo gobernante, sea quien sea.
El desafรญo final serรก conseguir que la democracia venezolana no dependa de Maduro, Delcy Rodrรญguez, Marรญa Corina Machado, Edmundo Gonzรกlez, Donald Trump ni ningรบn otro individuo.
Si las prรณximas elecciones consiguen elegir libremente a un Gobierno, pero ese Gobierno vuelve a controlar los tribunales, el Parlamento, el organismo electoral, las Fuerzas Armadas y los recursos petroleros sin contrapesos, Venezuela habrรก cambiado de presidente, pero no de sistema.
La verdadera restauraciรณn democrรกtica comenzarรก el dรญa en que ningรบn presidente venezolano vuelva a tener suficiente poder para destruir las instituciones que deben limitarlo. Y esa es una tarea que Estados Unidos puede ayudar a facilitar, pero que รบnicamente los propios venezolanos podrรกn convertir en una democracia duradera.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileรฑo, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integraciรณn regional, geopolรญtica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el รกmbito de la comunicaciรณn internacional.
Posee un Mรกster en Desarrollo y Cooperaciรณn Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, acadรฉmicas y diplomรกticas en Amรฉrica Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrรณfono de Oro de la Asociaciรณn Nacional de Locutores de Mรฉxico (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional Mรฉxico Blanco (2020) y el tรญtulo de Amigo de la Niรฑez y la Adolescencia.
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