El director teatral argentino Hugo Kogan vivió una segunda emergencia en medio del devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el lunes 10 de agosto: mientras intentaba evacuar un edificio en Manizales, una estructura se desprendió durante el movimiento y dejó expuestas varias colmenas, provocando el ataque de un enjambre que lo picó en distintas partes del cuerpo. El artista marplatense logró salir del lugar, pero comenzó a presentar síntomas y tuvo que ser trasladado a un centro médico, donde permaneció bajo observación después de sufrir más de 50 picaduras. Su relato combina dos situaciones de extrema tensión ocurridas prácticamente al mismo tiempo: por un lado, un terremoto que provocó destrucción, víctimas y desplazamientos en buena parte del occidente colombiano y, por otro, una emergencia inesperada causada por miles de abejas que quedaron agitadas por el colapso de la estructura que protegía sus colmenas. Kogan contó que durante la evacuación hubo gritos simultáneos por el movimiento de la tierra y por el ataque de los insectos, mientras las personas intentaban alejarse del edificio y encontrar un lugar seguro.
Kogan había llegado a Manizales durante la noche del domingo, pocas horas antes del terremoto. Al día siguiente se encontraba desayunando cuando comenzó a sentir el movimiento del suelo. Un empleado del establecimiento se acercó para advertir a los presentes que debían abandonar el salón y dirigirse hacia un área exterior.
La evacuación se produjo mientras el sismo aumentaba de intensidad. El argentino se dirigió hacia la explanada de la catedral, pero en medio del desplazamiento se produjo el desprendimiento de una estructura que dejó al descubierto varias colmenas. En cuestión de instantes, las abejas comenzaron a salir y a desplazarse hacia las personas que se encontraban en las proximidades.
“Empezaron a haber miles y miles de abejas”, relató Kogan al medio marplatense Extra FM 102.1, describiendo una escena en la que el ruido del terremoto se mezcló con los gritos de quienes intentaban escapar del enjambre. El argentino explicó que inicialmente fueron pocas abejas, pero rápidamente el número aumentó hasta convertirse en un enjambre que comenzó a atacarlo directamente.
El ataque provocó más de 50 picaduras, según los reportes publicados posteriormente. El cuadro no terminó cuando Kogan logró alejarse de las colmenas. Minutos después comenzaron los síntomas, entre ellos vómitos, náuseas, dolor de cabeza, diarrea y sudoración, por lo que tuvo que recibir atención médica. El personal sanitario retiró numerosos aguijones y decidió mantenerlo bajo observación.
El propio Kogan explicó que los médicos consideraron que tuvo un desenlace favorable porque no presentaba una alergia conocida al veneno de las abejas. Una reacción alérgica grave, conocida como anafilaxia, puede aparecer rápidamente después de múltiples picaduras y convertirse en una emergencia potencialmente mortal. La cantidad de picaduras, por lo tanto, hizo necesario evaluar su evolución aunque finalmente pudo superar el episodio.
El caso resulta particularmente llamativo porque el ataque de las abejas no fue un hecho aislado de la emergencia sísmica: se produjo como una consecuencia indirecta del terremoto, cuando el movimiento y el colapso de una estructura alteraron el lugar donde se encontraban las colmenas. La combinación de fenómenos naturales convirtió una evacuación que ya era peligrosa en una situación extraordinariamente difícil de controlar.
El terremoto que cambió la emergencia
El sismo que desencadenó la evacuación ocurrió el 10 de agosto de 2026 y alcanzó una magnitud de 7,4, con epicentro en las proximidades de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. El movimiento fue percibido en amplias zonas de Colombia y provocó daños particularmente importantes en ciudades y municipios del occidente del país.
La profundidad del terremoto y la ubicación del epicentro hicieron que las ondas sísmicas fueran percibidas a cientos de kilómetros. Pereira, Manizales, Cali, Quibdó y otras ciudades registraron fuertes movimientos, evacuaciones y daños en edificaciones.
La magnitud de la tragedia se hizo evidente durante las horas posteriores. Los balances fueron cambiando a medida que los equipos de rescate ingresaban a zonas afectadas y encontraban nuevas víctimas. Una actualización publicada el 11 de agosto señalaba 188 muertos, alrededor de 2.600 heridos y cerca de 200 desaparecidos en el balance oficial citado, mientras otras estimaciones difundidas posteriormente situaban el número de fallecidos por encima de 200.
La diferencia entre los balances no resulta inusual en las primeras jornadas posteriores a un terremoto de esta magnitud. Las comunicaciones pueden quedar interrumpidas, algunas comunidades pueden permanecer aisladas y las autoridades necesitan verificar individualmente los reportes procedentes de hospitales, municipios y equipos de rescate.
Manizales, una ciudad acostumbrada a vigilar la actividad sísmica
Para entender lo ocurrido con Kogan también es necesario observar la relación de Manizales con los terremotos.
La capital de Caldas se encuentra en una región geológicamente activa y cuenta con mecanismos específicos para responder a movimientos telúricos. En mayo de 2026, por ejemplo, un sismo de magnitud 5,6, con epicentro en el litoral de San Juan y una profundidad de 112 kilómetros, activó inmediatamente los protocolos de la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo de Manizales. Las inspecciones posteriores no encontraron daños en la ciudad.
Meses antes, en febrero, otro movimiento de magnitud 4,7 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, también había sido percibido en Manizales. En aquella oportunidad las autoridades verificaron edificios e infraestructura y concluyeron que no había afectaciones significativas.
El terremoto de agosto fue, sin embargo, de una escala completamente diferente. La magnitud 7,4 liberó una cantidad de energía muy superior a la de aquellos movimientos menores y generó daños a una distancia considerable del epicentro.
Después del gran movimiento llegaron las réplicas
El terremoto principal tampoco significó el final de la actividad sísmica.
Durante las horas posteriores se registraron más de 20 réplicas en la región de San José del Palmar. Algunas fueron pequeñas, pero otras alcanzaron magnitudes capaces de volver a generar preocupación entre la población. Entre ellas se registraron movimientos de hasta 4,8.
Las réplicas son consecuencia del reajuste de las tensiones acumuladas en la corteza terrestre después de un terremoto de gran magnitud. Pueden producirse durante horas, días o incluso períodos mucho más prolongados, aunque normalmente van disminuyendo progresivamente en frecuencia y magnitud.
Para las personas que permanecen en edificios dañados, sin embargo, incluso una réplica moderada puede representar un riesgo importante. Una estructura que sobrevivió al primer terremoto puede haber quedado debilitada y resultar más vulnerable durante los movimientos posteriores.
La otra dimensión de la tragedia: los argentinos en Colombia
El episodio de Kogan ocurrió además mientras otros ciudadanos argentinos permanecían en situaciones de incertidumbre debido al terremoto.
Durante las primeras horas posteriores al sismo se reportó la desaparición de varios argentinos que se encontraban en Colombia. Posteriormente fueron encontrados con vida Carlos Luis Cáceres y Carlos Alberto Ricchetti, según informaciones difundidas por medios argentinos y reportes atribuidos a autoridades y a la Cancillería.
Otro caso que generó preocupación fue el de Gonzalo Galván, un psicólogo argentino cuyo paradero era buscado por sus familiares después del terremoto. La información disponible mostraba que las autoridades y allegados continuaban intentando establecer su situación.
Estos casos muestran que el terremoto no solo provocó una emergencia interna para Colombia. También generó una situación consular que involucró a ciudadanos extranjeros, obligando a embajadas, familiares y autoridades a verificar hospitales, refugios, alojamientos y zonas afectadas.
Una coincidencia que transformó una evacuación en una pesadilla
Lo ocurrido con Kogan tiene una característica excepcional: la amenaza que finalmente lo llevó al hospital no fue directamente el terremoto, sino una consecuencia inesperada del mismo.
Un edificio que debía ser evacuado por el movimiento sísmico se convirtió también en el punto desde el cual se liberaron las colmenas. El argentino pasó en pocos minutos de intentar protegerse de derrumbes y objetos que podían caer a tratar de protegerse de un enjambre.
La situación demuestra cómo, durante un desastre natural, pueden producirse cadenas de acontecimientos difíciles de anticipar. Una estructura dañada puede provocar incendios, fugas de gas, derrames químicos, cortes eléctricos, inundaciones o, como en este caso, alterar el hábitat de animales e insectos y desencadenar un segundo peligro.
Los protocolos de emergencia suelen concentrarse en las amenazas principales —en este caso, el terremoto y los posibles derrumbes—, pero las consecuencias secundarias pueden adquirir rápidamente características propias.
Un episodio que también recuerda los riesgos de las picaduras masivas
Las picaduras múltiples constituyen una emergencia diferente de una picadura aislada. El organismo puede recibir una cantidad considerable de veneno y presentar síntomas incluso cuando la persona no tiene antecedentes de alergia.
En los ataques de enjambres, además, existe una dificultad adicional: las víctimas pueden recibir decenas de picaduras en pocos minutos, mientras intentan escapar. El número de picaduras y la localización de las mismas influyen en la gravedad del cuadro.
La reacción más peligrosa es la anafilaxia, que puede causar dificultad respiratoria, descenso de la presión arterial, inflamación de las vías respiratorias y pérdida del conocimiento. Por eso, una persona que recibe múltiples picaduras debe ser evaluada rápidamente, incluso si inicialmente parece encontrarse bien.
Kogan tuvo que permanecer bajo observación precisamente porque los síntomas aparecieron después de que terminó el ataque. Su experiencia muestra que sobrevivir al momento inicial no significa que la emergencia médica haya terminado.
Antes, ahora y después del terremoto
Antes del terremoto, Manizales desarrollaba su actividad cotidiana, con residentes, visitantes y trabajadores ocupando normalmente sus calles y establecimientos. Kogan se encontraba allí como visitante y comenzaba su jornada cuando el movimiento sísmico interrumpió de manera abrupta la normalidad.
Ahora, la ciudad y otras zonas del occidente colombiano enfrentan una etapa mucho más compleja: rescatar personas, atender heridos, revisar estructuras, restablecer servicios, localizar desaparecidos y evaluar los daños económicos. Las réplicas mantienen además la incertidumbre para quienes permanecen cerca de edificios afectados.
Después llegará la etapa menos visible de la tragedia: la reconstrucción. Habrá que determinar qué edificios pueden repararse, cuáles deberán ser demolidos, cómo se recuperarán las viviendas y negocios destruidos y qué medidas deberán adoptarse para reducir la vulnerabilidad frente a futuros terremotos.
La experiencia de este sismo también obligará a revisar los sistemas de emergencia. No solamente por la resistencia estructural de las construcciones, sino por la necesidad de contemplar amenazas secundarias que pueden aparecer durante una evacuación.
La historia de Kogan queda como una de las escenas más insólitas de la catástrofe
El caso del argentino tiene una dimensión humana que trasciende la anécdota. Mientras miles de colombianos intentaban comprender qué había ocurrido después de un terremoto que dejó una enorme cantidad de víctimas, un visitante extranjero enfrentaba simultáneamente dos peligros completamente diferentes.
Primero tuvo que escapar del movimiento de la tierra. Después, de un enjambre de abejas. Finalmente terminó en un hospital con más de 50 picaduras, mientras los equipos de emergencia continuaban enfrentando las consecuencias de uno de los mayores terremotos registrados recientemente en Colombia.
Su relato permite observar desde otra perspectiva lo que significa vivir un gran desastre natural: el peligro no siempre llega de una única dirección. El terremoto puede ser el comienzo de una cadena de emergencias que incluye derrumbes, incendios, cortes de servicios, accidentes y otros acontecimientos secundarios.
Para Kogan, la historia terminó con vida y recuperación médica. Para Colombia, en cambio, el terremoto todavía está lejos de haber terminado: las réplicas continúan, los equipos siguen evaluando daños y comienza una enorme tarea de reconstrucción.
La imagen de un argentino huyendo de un edificio mientras un enjambre de abejas lo perseguía en medio de un terremoto quedará como una de las historias más insólitas surgidas de esta catástrofe. Pero detrás de lo extraordinario del episodio existe una enseñanza más seria: en una emergencia de gran escala, la preparación debe contemplar no solo el fenómeno que inicia el desastre, sino también todas las amenazas que pueden desencadenarse después.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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